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Ferran Torras, el decorador que captura el alma de las ‘startups’

Grandes de Silicon Valley apuestan por la técnica y creatividad de Wall&Wall para la imagen corporativa de sus espacios de trabajo

Ferran Torras (izquierda) en su estudio junto a Christian Poch, su responsable de márketing.
Ferran Torras (izquierda) en su estudio junto a Christian Poch, su responsable de márketing.

Toda su inversión inicial fueron 500 dólares al mes en Adwords, la puja por palabras para aparecer destacado en los resultados de Google. Así fue como Ferran Torras (Caldes de Malavella, 1981), fundador de Wall&Wall consiguió los primeros contratos. Después subió un vídeo promocional a YouTube. De esto hace apenas tres años y desde entonces no ha parado de decorar las oficinas de última generación en Silicon Valley. Entendió que tenía que hacer el mismo tipo de márketing que las empresas de aquí para adentrarse en el sistema. El último empujón llegó de manera inesperada, pero también muy propia de la zona: “Comenzamos a tener muy buenas críticas en Yelp”.

Mientras que su competencia suelen ser artistas ya reconocidos que además hacer murales, él ha hecho el camino inverso. Ahora es reconocido y le llaman para otro tipo de trabajo. Su clave para destacar ha sido presentarse como alguien creativo y con una capacidad de producción diferente.

Torras en Chartboost.
Torras en Chartboost.

Su técnica comienza a ser habitual: Diseña en ordenador, lleva consigo un proyector al cliente y le muestra cómo quedaría el diseño. Una vez aceptado el presupuesto, sigue trabajando con el proyector. Esa es su plantilla, su guía, para darle un acabado perfecto.

Su primer contacto con Silicon Valley fue en 2006, en una visita de apenas dos semanas que le hizo sentir lo especial de esta zona. En 2012 volvió con intención de aprender idiomas y mejorar su técnica. Pasó por el City College y tuvo su primer empleo diseñando iconos para apps. De ahí pasó a Atlassian, una de las emergentes del software en esta zona.

Pasa su día a día en una nave en Mission, el barrio latino, ahora copado por los techies. Inicialmente fue albergue de artistas por sus precios moderados. Ahora ya no, pero sigue manteniendo un toque bohemio y un microclima más atractivo que el resto de la ciudad.

Torres se sigue considerando ilustrador, estuvo en prácticas y terminó por montar su empresa. “Empezaron a llegar encargos y…”, confiesa. Venía para cinco meses y lleva cinco años decorando los parques temáticos de esta nueva economía. “Como todo el mundo quiere oficinas especiales, que deslumbren, se preocupan mucho por la decoración. La gente pinta mucho en las calles”, relata.

En San Francisco, donde el pintor mexicano Diego Rivera dejó parte de su legado en forma de murales en los años 30 del siglo pasado, se sigue buscando la diferenciación estética en las calles, los bares y las oficinas. Esa es la necesidad que Torras trata de satisfacer. “Casi todo lo que hago es comercial, para venderlo”, reconoce.

En Facebook los primeros decoradores cobraron en acciones, la red social comenzaba y no tenía dinero en efectivo para los pintores. Hoy son ricos. No es el caso de Torras, pero tampoco se queja. Su personal estilo está en Google, Capital One, con los que hizo una pintura interactiva durante el festival SXSW en Austin, o el especial espacio de Chartboost, uno de los centros de trabajo más creativos de San Francisco. Este español ha dejado su sello tanto en una pizzería, como en King.com, los creadores de Candy Crush.