El Gobierno argentino reacciona ante la fiebre de Pokémon Go

Pide a los numerosos jugadores que tomen precauciones para evitar accidentes

Adolescentes juegan al Pokémon Go en Buenos Aires.
Adolescentes juegan al Pokémon Go en Buenos Aires.Ricardo Ceppi

Salir a la calle para capturar pokémons con el celular. La consigna, fácil y adictiva, ha sido seguida por cientos de personas en las últimas horas en las principales ciudades argentinas. Desde que Pokémon Go se habilitó en Latinoamérica, este miércoles, Buenos Aires se ha llenado de jugadores -en su mayoría hombres entre 15 y 30 años- a la caza de las criaturas de este videojuego de realidad aumentada. Sin casi despegar los ojos de la pantalla, rastrean pokémons por calles, parques y subterráneos gracias a su sistema de geolocalización, sumándose a la fiebre desatada previamente en Europa y Norteamérica. Ante la pokemanía, el Gobierno de Mauricio Macri ha pedido a los cazadores tomar precauciones para evitar accidentes con un meme que se viralizó en las redes sociales con la etiqueta #PokemonGoArg. "Vamo a prestar atención", puede leerse en el mensaje difundido por la Casa Rosada desde su cuenta de Twitter, en el que uno de los monstruos de bolsillo del videojuego porta una señal de "pare" en medio de un paso de peatones.

El Ministerio de Justicia se ha sumado también a las recomendaciones a través de un comunicado. "La Dirección Nacional de Protección de Datos Personales (DNPDP) recomienda a la comunidad usuaria de aplicaciones para teléfonos móviles realizar un uso responsable de este tipo de juegos y tomar todos los recaudos correspondientes para el cuidado de la privacidad, especialmente en el caso de los niños, niñas y adolescentes", señala el documento. La cartera de Justicia pide a los padres que "acompañen a los menores de edad en el uso de los equipos" y advierte a los jugadores que estén atentos para detectar posibles solicitudes de permisos "para acceder a información de identificación personal como datos de geolocalización, de navegación, de direcciones IP y de correos electrónicos, entre otros".

Por ahora, la mayoría de jugadores argentinos usa Pokémon Go como una distracción camino al trabajo o la escuela y en los ratos libres. Es el caso de Nahuel, Lucas, Esteban y Julián, cuatro alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires, quienes se muestran unos a otros los pokémon conseguidos antes de entrar en la escuela. Se descargaron la aplicación anoche y por ahora han jugado en el camino habitual entre sus casas y el colegio, aunque no descartan variar ligeramente la ruta a la hora de regresar. En las cercanías de la institución educativa pueden conseguirse los pokémon Eevee, Weedle y Pidgey, entre otros. "Parece adictivo, pero no para tomar un avión e irse a otra ciudad a conseguir un pokémon", dice Nahuel. Cerca de ellos, Santiago reparte naipes para jugar al truco con sus amigos, sentados en corro en el suelo. "No me lo descargué para no tentarme", asegura, mientras a su lado otra compañera señala que prefiere "los juegos antiguos".

Las redes sociales han explotado con comentarios sobre el juego de realidad aumentada, entre ellos trucos para capturar a Pikachu, la imagen más reconocible de Pokémon Go, nada más descargar la aplicación. "Lo vi tarde (el truco), pero ya lo voy a encontrar", dice convencido Carlos Gómez, un vendedor de 24 años. También se comparten comentarios sobre las pokeparadas -en las que los jugadores se abastecen de pokebolas con las que capturar criaturas, pociones y kits para revivirlos en los combates, entre otros- y los gimnasios donde se entrenan las criaturas capturadas. La Casa Rosada, el Centro Cultural Kirchner y el Obelisco son algunos de los lugares emblemáticos que aparecen en el mapa de la aplicación.

La empresa desarrolladora del juego, Niantic, publicó en su sitio oficial un formulario que permite añadir pokeparadas y gimnasios y también eliminarlos. En Japón, por ejemplo, las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki solicitaron la retirada de los Parques de la Paz del mapa, mientras que en Alemania quedaron excluidos algunos antiguos campos de concentración. En Argentina, hasta el momento, ningún lugar ha sido vetado.

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