Vecinos jóvenes en lugar de policías para resolver problemas de convivencia en zonas conflictivas

El Ayuntamiento de Sant Boi de Llobregat, en Barcelona, contrata a un equipo de integradores sociales menores de 32 años para que generen vínculos con los chavales que pasan más tiempo en la calle y han quedado al margen de la vida comunitaria

El grupo de integradores sociales del ayuntamiento que hacen "rutas de callle" en Sant Boi de Llobregat para integrar a jóvenes que se han quedado fuera del sistema: Izan Pozo, (izquierda), Lara Izquierdo, Helena Sancha, y Eric Casasayas.
El grupo de integradores sociales del ayuntamiento que hacen "rutas de callle" en Sant Boi de Llobregat para integrar a jóvenes que se han quedado fuera del sistema: Izan Pozo, (izquierda), Lara Izquierdo, Helena Sancha, y Eric Casasayas.Kike Rincon (Kike Rincon)

“Nosotros no tenemos la mirada punitiva de los agentes, no estamos ahí para imponerles nada”. La que habla es Fátima Cevallos, de 31 años y coordinadora del grupo de integradores sociales jóvenes —todos son menores de 30— que el Ayuntamiento de Sant Boi de Llobregat (Barcelona) ha sacado a las calles para terminar con conflictos vecinales entre generaciones en puntos calientes de la ciudad. Ellos, un grupo de cinco, explican que en las “rutas de calle” que realizan de jueves a sábado, de cinco a nueve de la noche, por las principales plazas del municipio tratan de acercarse a los jóvenes que han quedado al margen del sistema para intentar que recuperen el interés por los estudios y para diseñar con ellos los programas de juventud de la ciudad. “Muchas veces esos puntos de encuentro en el espacio público son fruto de la frustración y eso acaba confrontando con el bienestar de los vecinos”, señala la alcaldesa, Lluisa Moret, psicóloga clínica de formación, que reconoce que la intervención de la policía municipal no resolvía el problema, al tratarse de actuaciones puntuales que no abordan las causas del choque.

El Consistorio puso en marcha la idea en 2019 gracias al Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder), con el que costeó la contratación de una educadora social y cuatro integradores con el objetivo de darle una vuelta a la manera de afrontar los problemas de convivencia y a los procesos de participación ciudadana tradicionales, claramente “insuficientes”, según Moret, del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC). “Los jóvenes no van a venir a tu despacho, hay que ir donde están ellos”, dice. La Casino, como se llama popularmente a la Plaza Asamblea de Cataluña, era uno de los puntos más conflictivos, con unas 60 llamadas de quejas de los vecinos por ruido a la semana. “Es una plaza ya de por sí estigmatizada, hace más de 20 años se consumía y se pasaba droga, es complicado acabar con esa imagen”, comenta Lara Izquierdo, una de las integradoras, de 25 años.

En el centro de la plaza hay una cancha rodeada por gradas y a continuación se ven las ventanas y balcones de los vecinos de la zona. De una farola cuelga un cartel: “De 20.00 a 8.00 horas, respetad el descanso de los vecinos”. La ordenanza municipal reguladora del sonido en los espacios públicos contempla que no se utilicen “aparatos de impacto acústico” ni se realicen “actividades” desde las 23.00 hasta las siete de la mañana. Una interpretación diferente de qué se considera ruido era siempre el foco de la discusión.

Plaza de la Asamblea de Cataluña, conocida popularmente como La Casino, en el barrio de Marinao de Sant Boi de Llobregat (Barcelona).
Plaza de la Asamblea de Cataluña, conocida popularmente como La Casino, en el barrio de Marinao de Sant Boi de Llobregat (Barcelona).Kike Rincon (Kike Rincon)

Los primeros encuentros entre los integradores sociales y los jóvenes de la plaza, la mayoría de ellos entre 16 y 24 años y de origen marroquí, ya resultaron fructíferos. “El hecho de no llevar uniforme y de tener una edad similar a la suya nos abre la puerta a que se comuniquen con nosotros”, explica la coordinadora del proyecto, llamado Fem Carrer (hacemos calle), Fátima Cevallos. Hasta ese momento, la única noción que los chavales tenían del Ayuntamiento eran los agentes. “No funcionaba porque la policía siempre llegaba cuando ya se había producido el mal rollo... nosotros nos interesamos por su forma de vida, por lo que les lleva a estar en esa plaza, por escuchar su discurso... y todos tenían la sensación de rechazo por parte de los vecinos de la zona, sentían que no encajaban”. Sentirse escuchados conlleva que la negociación con ellos sobre cuándo y cómo hacer ruido sea posible.

Asun Llena, profesora de educación social de la Universidad de Barcelona (UB) y miembro del grupo de investigación GPS, de pedagogía social, incide en que la figura del integrador social de calle no es nueva. En España se popularizó en la década de los setenta y se empleó, sobre todo, para tratar de paliar la crisis de la heroína. Aunque reconoce que todavía no hay estudios concluyentes de los efectos a largo plazo de este tipo de intervenciones “en medio abierto”, señala algunas de las ventajas. “A los que no tienen dinero para comprar una PlayStation y tienen que hacer más uso del espacio público se les criminaliza. Esos chavales muchas veces no tienen una figura de un adulto de referencia y la aparición del integrador social es clave. Les da ideas, les hace de puente con la administración y, a diferencia del trabajo en la sede física de una institución, donde siempre hay unas normas rígidas, las intervenciones de calle permiten crear acuerdos de cómo va a ser esa relación... si no cumplen saben que no se les puede expulsar de la calle, y eso hace que todo fluya”.

La UB, junto a cinco ayuntamientos del área metropolitana de Barcelona, arranca este mes un estudio en el que van a analizar qué impacto tuvieron y tienen a día de hoy las actuaciones de educadores de calle hace 10 años en chavales que ahora son adultos.

Cartel que pide respeto para el descanso de los vecinos entre las ocho de la noche y las ocho de mañana, instalado en la plaza de la Asamblea de Cataluña en Sant Boi de Llobregat.
Cartel que pide respeto para el descanso de los vecinos entre las ocho de la noche y las ocho de mañana, instalado en la plaza de la Asamblea de Cataluña en Sant Boi de Llobregat.Kike Rincon (Kike Rincon)

“Es un trabajo complicado, a esa edad atraviesan un momento convulso y para generar un vínculo con ellos te tienen que permitir entrar en su vida. Trabajamos conjuntamente con la orientadora del servicio de Juventud del Ayuntamiento, con los psicólogos... están muy desmotivados a raíz de la pandemia”, indica Lara Izquierdo, que señala que un pensamiento recurrente es “¿para qué me voy a esforzar?”. El denominador común es que no ven futuro. Lo que más les preocupa a los integradores es el aislamiento y la soledad de los jóvenes. “Les ayudamos con su angustia o ansiedad. Pueden tener 7.000 likes en sus redes sociales, pero se quejan de que luego es complicado encontrar con quién hablar cuando no se encuentran bien”, añade. “Los que diariamente están en las plazas y en los parques han dejado los estudios, los agentes educativos no han sido capaces de llegar a ellos”, cuenta Fátima.

Con los chavales de La Casino, plaza que lleva meses sin recibir quejas de los vecinos, han organizado varias pachangas de fútbol. A la primera acudieron 50 chavales y a la segunda, ya en un campo de fútbol municipal, más de 200. “En uno de los torneos, uno de los chicos empezó a liarse un porro. Le recordamos nuestro acuerdo previo, una actividad de cuatro horas sin consumo. Nosotros no vamos a juzgar si el consumo es bueno o malo, eso es lo que siempre reciben, estamos para construir proyectos y acordar reglas”, explica Lara. “Queremos que se sientan parte de la ciudad, y para eso tienen que formar parte del diseño de propuestas, tenemos que responder a sus intereses”, dice Fátima. Además, han participado en rutas históricas por el municipio y en salidas a la montaña.

Mohamed, de 21 años, es uno de los jóvenes que acude a diario a la plaza. Lo hace desde los 14 años. Hace un año consiguió sacarse el grado superior de FP en informática y desde entonces solo ha conseguido trabajar en una lavandería. Ahora ha dejado el empleo para cuidar de su madre. “Está enferma y la familia es lo más importante”, dice. En el grupo de Whatsapp de La Casino son unos 20 chavales, de ellos cinco son chicas. “Nosotros no hacemos nada malo, vamos a jugar al fútbol y a comer pipas... siempre somos los mismos, nos divertimos, es mi grupo de colegas”. Mohamed cree que “los viejos” se quejaban porque no entienden su ocio y que ahora les miran con otros ojos. “La Policía pasa con el coche y ya no se para, ven que estamos con personal del Ayuntamiento y ya no nos ven como un problema”.

“Nuestro objetivo es acercarles todos los servicios del Ayuntamiento, desde la orientación académica a la laboral, resolver cualquier duda, que tengan siempre a quien acudir”, explica Yolanda Molina, jefa de la Unidad de juventud del Consistorio. Una de las líneas estratégicas es contratar como integradores a jóvenes del municipio que hayan estudiado esa formación —un grado superior de FP—, en alguno de los centros educativos locales.

Uno de los proyectos más recientes es un nuevo espacio de parkour (práctica que utiliza distintos tipos de arquitectura urbana para superar obstáculos) dotado con 100.000 euros que un grupo de jóvenes han diseñado siguiendo sus criterios junto a arquitectos municipales. “Solían juntarse en un parque y los vecinos protestaban porque saltaban sobre los bancos... Los reunimos y seleccionamos a ocho de ellos, todos con un perfil socioeconómico vulnerable, se apuntaron a un curso de encofrador de 100 horas —con un título expedido por la Concejalía de Ocupación— y ahora están participando también en la construcción”, apunta Yolanda. Los chavales reciben 500 euros durante tres meses en concepto de prácticas.

Javiera Pacheco, de 23 años, es en sí misma otro de los ejemplos. Llegó con nueve años a Sant Boi desde Chile. Hace unos meses conoció al grupo de integradores sociales a través de una vecina de su barrio y ha conseguido montar su propio evento de música. “Estudié un grado de FP de estética, pero no era mi pasión. Mi familia me necesitaba y empecé a trabajar en el bar que tenemos... ahora este proyecto musical es mi ilusión, quiero dedicarme a esto y me han cedido un espacio para que cualquier joven artista se acerque a mostrar lo que sabe hacer. Son unas horas, pero para mí es un mundo”.

Sobre la firma

Ana Torres Menárguez

Redactora de Educación. Anteriormente, pasó por la sección de Tecnología y fue la responsable del espacio web Formación, sobre el ámbito universitario. Es ganadora del Premio de Periodismo Digital del Injuve (dependiente del Ministerio de Derechos Sociales), entre otros galardones. Fue redactora de la Agencia EFE y del periódico regional La Verdad.

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS