Europa se blinda ante la nueva sacudida del coronavirus

La UE suspende los vuelos con siete países del sur de África por la nueva variante y endurece sus restricciones para evitar contagios

Médicos transportando a enfermos de coronavirus graves en un avión medicalizado.
Médicos transportando a enfermos de coronavirus graves en un avión medicalizado.INA FASSBENDER (AFP)

La pesadilla del coronavirus está muy lejos de acabar e, incluso, amenaza con aumentar y alargarse más de lo que parecía que iba a durar hace solo un mes. Europa vive un nuevo latigazo del virus: Alemania o República Checa informan día tras día de un nuevo récord en las cifras de contagios; Holanda ha tenido que reforzar la sanidad; la desconfianza en la vacunación de búlgaros o rumanos alarma al resto de socios. Y remacha la situación la nueva variante del virus, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calificado como “preocupante” por contagiarse con más rapidez y reducir la eficacia de los tratamientos. Así que la UE y los Estados miembros dan a diario una nueva vuelta de tuerca a las medidas para intentar frenar la covid-19 y blindarse para evitar una nueva Navidad dramática.

El giro de este viernes ha sido que Los 27 han decidido suspender los vuelos con los países del sur de África (Sudáfrica, Leshoto, Botsuana, Zimbabue, Mozambique, Namibia y Suazilandia), donde se ha informado de la nueva variante, la B.1.1.529 bautizada por la OMS como ómicron. También exigirán cuarentenas y test para los viajeros que excepcionalmente puedan llegar de estos países, apuntan fuentes diplomáticas. Seguían así la senda indicada por la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, en una comparecencia sin preguntas, y con gesto muy grave, que remachaba un tuit matutino suyo en el que ya anticipaba la decisión adoptada finalmente: “Sabemos que las mutaciones podrían llevar a una expansión del virus […]. Es importante que toda Europa actúe con rapidez, decisión y unidad”.

También Estados Unidos ha tomado medidas similares. La Casa Blanca informó este viernes que ordena la restricción de entrada al país a viajeros de Sudáfrica y de otros siete Estados de la región. “Mi asesor médico en jefe y los miembros de nuestro equipo de respuesta a la covid me informaron sobre la variante ómicron”, explica el presidente Joe Biden a través de un comunicado. Estas nuevas restricciones entrarán en vigor el 29 de noviembre. “Siempre seguiremos guiándonos por lo que la ciencia y mi equipo médico aconsejen”, puntualiza el mandatario. El Reino Unido o Israel han tomado el mismo camino.

Antes de que hablara Von der Leyen, Bélgica daba a conocer que la nueva variante ha llegado a Europa al detectar el caso de una joven que había viajado a Egipto a través de Turquía. Hasta ahora, la variante se había localizado en Sudáfrica, Botsuana, Israel o Hong Kong.

Hasta este viernes, Europa era el continente más abierto del mundo, según un informe de este mismo día de la Organización Mundial del Turismo (OMT), al tener solo el 7% de las fronteras completamente cerradas, lejos del 65% de Asia y el Pacífico, y algo menos que África, el 9%.

La gravedad de la cara de Von der Leyen se convertía en miedo en los mercados de capitales, con caídas en la Bolsa (el índice selectivo español Ibex 35 ha caído casi un 5%, retrocesos similares a los de París, Fráncfort o Milán) o en la cotización de las materias primas. Los inversores temen que este nuevo latigazo de la pandemia lastre una recuperación económica que ya se ha mostrado titubeante en más de una ocasión.

La reacción europea esta vez difiere bastante de lo sucedido cuando se detectó la variante delta, cuando varios países frenaron la desescalada pero las respuestas fueron menos contundentes. Y lo viene siendo toda la semana, porque justo este jueves, Bruselas había propuesto que el pasaporte covid-19 caduque a los nueve meses y que pasado este plazo se dé un nuevo pinchazo para renovarlo. La misma preocupación ha cundido en Bélgica, que tiene una tasa de incidencia que está en torno a 1.500 casos por cada 100.000 habitantes, y ha tomado medidas reduciendo el horario de la hostelería. Lo mismo ha hecho Holanda, decretando el cierre de estos locales entre las cinco de la tarde y las cinco de la mañana.

En Alemania, con un nuevo récord de contagios diario (76.414), el mensaje de gravedad corrió a cargo del jefe del Instituto Robert Koch, Lothar Wieler: “¿Cuántas personas más tienen que morir? ¿Qué número de muertes nos convencería de que la covid-19 no es una enfermedad menor?”. Preguntas dramáticas para convencer a los millones de alemanes que siguen sin vacunarse de que lo hagan, su tasa de vacunación es del 68%. Días antes había sido la todavía canciller, Angela Merkel, quien advirtió que “las medidas en marcha no serán suficientes”.

El gran objetivo de Bruselas y de los Estados miembros es impulsar la vacunación donde no despega o está lejos de llegar a niveles altos. La vacuna ha demostrado su eficacia contra el virus, como probaba un gráfico divulgado por la propia Comisión Europea esta semana con ese fin que se ha hecho viral en las redes sociales. Y pese a esto todavía hay países con porcentajes de vacunación bajísimos, como los de Bulgaria o Rumania, o en los que no se alcanza un nivel necesario para obstaculizar el avance del virus: Grecia o Austria, donde apenas supera el 60%.

Esto ha sido lo que llevó al Gobierno austriaco a tomar las medidas más duras que se han adoptado hasta ahora en esta nueva sacudida pandémica: Viena decretó un confinamiento duro por 20 días que comenzó el lunes y la vacunación obligatoria desde febrero. También Eslovaquia se ha sumado al confinamiento estricto desde este jueves. E, incluso, Portugal ha anunciado una medida parecida, aunque lo hará después de la Navidad. Con esto Lisboa demuestra que la vacuna ayuda mucho, pero no es una solución definitiva, pues es uno de los países del mundo con una mayor tasa de pinchazos (90%).

Para aumentar su eficacia, Europa ha incitado a los fabricantes de vacunas a mejorar sus fórmulas. “Los contratos de la Unión Europea con las farmacéuticas dicen que la vacuna debe adaptarse inmediatamente a las nuevas variantes que aparezcan. Europa ha tomado precauciones”, ha esgrimido Von der Leyen. El complemento a estas palabras lo ponían Pfizer y BioNTech, los fabricantes de la fórmula más usada en Europa, que han reaccionado comprometiéndose a tener una respuesta en 100 días si se demuestra que el remedio no es eficaz contra esta variante.

Esta última es una posibilidad que contempla la OMS, al menos parcialmente, a tenor del comunicado emitido tras la reunión mantenida para calificar esta nueva variante como “preocupante”, es decir, la más peligrosa de las dos que utiliza para definir las mutaciones del coronavirus. Explica este organismo que esta vez ha tenido una reacción muy rápida, que ahora la covid-19 ha ganado en velocidad de contagio, virulencia y ha convertido los tratamientos, incluidas las vacunas, en menos efectivos.

No obstante, la procedencia de esta mutación de África da argumentos a quienes piden que se priorice la generalización de pinchazos en todo el mundo antes de empezar a hablar de inyectar más dosis en los países desarrollados. De hecho, los países afectados por la prohibición de los vuelos tienen tasas de vacunación bajísimas, van del 11% de Mozambique al 38% de Botsuana. En esta línea, también la Comisión Europea ha anunciado este viernes que desde el 1 de enero no será necesaria la autorización para exportar vacunas y que la sustituirá por una herramienta de control. Hasta ahora el continente africano ha recibido un impacto menor que otras zonas del mundo por el coronavirus, teniendo en cuenta que los datos oficiales pueden tener una fiabilidad menor que en otros lugares por la debilidad de sus Estados: la OMS cifra en 152.000 las muertes que ha provocado, muchas menos que los 2,3 millones de América o los 1,5 millones de Europa.

Sobre la firma

Manuel V. Gómez

Es corresponsal en Bruselas. Ha desarrollado casi toda su carrera en la sección de Economía de EL PAÍS, donde se ha encargado entre 2008 y 2021 de seguir el mercado laboral español, el sistema de pensiones y el diálogo social. Licenciado en Historia por la Universitat de València, en 2006 cursó el master de periodismo UAM/EL PAÍS.

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