La bajada de contagios de coronavirus se traduce ya en una caída en los ingresos hospitalarios

El pico de ingresados es la mitad que en la segunda ola y un tercio que en la tercera. Sin embargo, la ocupación de las UCI sigue creciendo y alcanza los 2.031 enfermos

El personal sanitario atiende a un paciente con covid-19 en la UCI del Hospital del Mar de Barcelona, este miércoles.
El personal sanitario atiende a un paciente con covid-19 en la UCI del Hospital del Mar de Barcelona, este miércoles.JOSEP LAGO (AFP)

El descenso de contagios de la quinta ola del coronavirus, que dobló la curva de la incidencia acumulada el 28 de julio, se ha trasladado ya a los hospitales españoles. Por primera vez desde junio el número de enfermos baja de una semana para otra: este lunes había 10.411 ingresados, 167 menos que hace siete días. Son más pacientes que el viernes pasado (10.015), pero los lunes la cifra, correspondiente al fin de semana, siempre crece porque los sábados y domingos se dan menos altas.

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La tendencia es incipiente, pero cumple con la cadencia que se ha observado durante toda la pandemia: primero bajan los casos, luego las hospitalizaciones y a esta siguen los ingresos en unidades de cuidados intensivos y los fallecimientos. Estas dos últimas estadísticas, sin embargo, están todavía en ascenso. Este lunes hay en las UCI 2.031 enfermos, 175 más que la semana previa. Suponen un 20,8% de toda la capacidad de estas unidades, incluyendo recursos de urgencia, un porcentaje considerado de “alto riesgo” en el semáforo del Ministerio de Sanidad. Mientras, la incidencia acumulada sigue cayendo: el lunes registró 549 casos por 100.000 habitantes en 14 días, 42 menos que siete días antes, lo que hace prever que el resto de las estadísticas tiendan a la baja en los próximos días.

Aunque todavía no hay datos consolidados de esta ola, los que se avistan cuando España está todavía inmersa en ella dejan claro el papel de la vacunación para alterar la virulencia del patógeno. El porcentaje de letalidad es inferior que en otras, así como el número de personas que requieren hospitalización o cuidados intensivos. Esta quinta ola ha crecido a una velocidad nunca antes vista y ha llegado a una incidencia acumulada (701 casos por 100.000 habitantes en 14 días) solo superada por la tercera (899) desde que hay mediciones (en la primera no se hacían suficientes pruebas). Sin embargo, el número de hospitalizados nunca se ha acercado a los niveles que se registraron antes de la vacunación: los 10.578 que se alcanzaron como pico el 2 de agosto son casi la mitad que los del 9 de noviembre de 2020, cumbre de la segunda ola (21.051) y algo menos de un tercio que los del 1 de febrero (32.023), cota máxima de la tercera.

Las vacunas han variado también el perfil de los pacientes. Los menores de 60 años son mayoría (60%) en esta ola, al contrario de lo que sucedía en las anteriores, según los datos provisionales del Instituto de Salud Carlos III (que necesitan entre dos o tres semanas para asentarse). Estas cifras apuntan a que la franja de edad con más ingresos es la de los treintañeros, en lugar de los mayores de 80, como sucedía en las anteriores olas. En las personas de entre 30 y 39 años el virus ha circulado muy profusamente, han llegado al inicio del verano mayoritariamente sin vacunar. En relación con el resto de los ingresados, la siguiente franja más numerosa en los hospitales es la de los sexagenarios, con muchos menos contagios, pero más vulnerable y que al inicio de la oleada tenía a más de la mitad de sus miembros a la espera de la segunda dosis de AstraZeneca.

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Los ingresos hospitalarios por decenios, vistos en un gráfico de barras, eran una escalera perfecta en las anteriores olas: a medida que se aumentaba de década, el porcentaje de enfermos crecía. Eran muy escasos los adolescentes; algo más numerosos los jóvenes y así iba subiendo a medida que ascendía la edad. En estas franjas (de 10 a 30 años) han crecido los ingresos, pero al ser una población menos vulnerable, solo suponen un 16% del total de los hospitalizados. Ya no hay una escalera ascendente perfecta en las hospitalizaciones, sino un sube y baja que fluctúa en función de los contagios en cada grupo, su vulnerabilidad y las vacunas.

En el Hospital Gregorio Marañón, de Madrid, están notando ya el descenso de esta quinta ola. Sonia García San José, subgerente del centro, explica que la caída, sin embargo, todavía no ha llegado a las UCI. “Aunque no hemos necesitado renunciar por completo a la actividad quirúrgica no urgente, como ha sucedido en otras olas, sí hemos tenido que ir adaptándonos para usar camas [no estructurales]. Estamos atendiendo citas programadas, fundamentalmente de pacientes oncológicos y preferentes”, señala.

El perfil de los pacientes de su hospital en esta ola, según relata García San José, es el de una población generalmente más joven que en anteriores ondas. En el Marañón tienen especial preocupación por las mujeres embarazadas o que han dado a luz recientemente y no estaban inmunizadas, que constituyen ahora una de las poblaciones vulnerables que están requiriendo hospitalización o, incluso, cuidados intensivos. “Hacemos un llamamiento a que se vacunen en cuanto puedan”, señala.

Sobre la firma

Empezó a escribir sobre el coronavirus prácticamente cuando se descubrió y desde entonces se ha dedicado a cubrir la pandemia. Comenzó a publicar en EL PAÍS en 2007, centrado en asuntos relacionados con la sanidad y la salud, lo que le ha valido ganar varios premios nacionales, como el Prismas de divulgación científica o el Boehringer de medicina.

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