La incidencia de covid en España se coloca en niveles de “riesgo alto” tras una semana de crecimiento explosivo

La tasa de infección entre los jóvenes eleva las cifras generales a 152 casos por 100.000 habitantes, pero las UCI mantienen su ocupación a la baja, cerca del 6%

Varios grupos de jóvenes esperan en el exterior de un establecimiento durante la primera noche de la reapertura del ocio nocturno con restricciones en Vigo, el 1 de julio.
Varios grupos de jóvenes esperan en el exterior de un establecimiento durante la primera noche de la reapertura del ocio nocturno con restricciones en Vigo, el 1 de julio.Marta Vázquez Rodríguez (Europa Press)

El virus está circulando de forma explosiva entre la población no vacunada. Sin contar la primera ola, de la que no se disponen de datos fiables, el porcentaje de incremento de la incidencia acumulada solo fue mayor que ahora en las peores semanas de enero pasado, tras las Navidades, y alguna de julio de 2020, cuando unos pocos casos multiplicaban la tasa de contagios, que estaba por entonces en cotas mínimas. Este viernes ha llegado a los 152 casos por 100.000 habitantes en 14 días (cifra que se multiplica por tres entre los veinteañeros), un 60% más que hace una semana y en niveles de “riesgo alto”, según el semáforo de Sanidad, aunque para alcanzar este nivel de alerta se miden otras variables, como la ocupación hospitalaria, que se mantienen a la baja: la ocupación de las UCI está en el 6,3%, la mejor cifra desde que se publica esta estadística.

Las cifras de diagnósticos diarios desagregados por edad solo están disponibles desde esta semana. Pero antes de la vacunación los contagios entre grupos eran más homogéneos. Aunque la transmisión sube en todas las franjas, la gran mayoría del peso del crecimiento lo soportan ahora los menores de 30 años, de lo que se deduce que nunca antes había circulado tan rápido entre la población susceptible (no protegida), con excepción quizás de la primavera de 2020, cuando era imposible conocer la incidencia debido al escaso número de pruebas que se realizaban.

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Estos datos, sin embargo, no se pueden leer de la misma forma que hace unos meses. El hecho de que precisamente sean los más vulnerables los que están protegidos con vacunas provoca que la traducción a hospitalizaciones, ingresos en UCI o fallecimientos sea muy distinta a lo que se veía hace menos de medio año. La situación es nueva y resulta complicado predecir exactamente lo que pasará, pero los expertos consultados confían en que la asistencia hospitalaria no se sature como en otras olas. Y, aunque las probabilidades de enfermar gravemente en un joven son escasas, “si se juega mucho a la lotería puede acabar tocando”, en palabras de Ignacio Rosell, especialista en medicina preventiva y salud pública y uno de los expertos que asesoran al Gobierno de Castilla y León en la pandemia.

“Lo que está pasando ahora tiene que ver con fin de curso. Muchos estudiantes han estado, entre comillas, confinados estudiando. Ahora se cumple justo el periodo de incubación del virus tras el fin de curso, la EVAU y San Juan”, subraya Rosell. La incidencia hospitalaria sigue bajando e, incluso si este crecimiento de los contagios se diera entre mayores no vacunados, los ingresos tardarían unos días en dejarse notar. “Alguno de estos jóvenes, puntualmente puede que tenga mala tolerancia al virus y acabe grave o muy grave, pero el riesgo es claramente inferior a otros grupos de edad”, añade el experto.

Aunque a mucho menor ritmo, la incidencia en edades superiores también sube. Sobre todo, entre no inmunizados (la mitad de los sexagenarios solo ha recibido una inyección), pero también hay infecciones entre quienes lo están. Las vacunas no son infalibles. Y algunos de los que tengan la pauta completa pueden contagiarse, enfermar gravemente e, incluso, morir, aunque la amenaza del coronavirus para los vulnerables no tiene nada que ver con lo que suponía hace unos meses.

Todas estas diferencias que suponen las vacunas en la gravedad de la transmisión no se reflejan en el semáforo europeo de riesgo, que mide puramente la incidencia, que en España es la tercera mayor de la Unión Europea, solo por detrás de Portugal y Chipre. El mapa de la Península se tiñe de rojo en plena temporada turística.

Baleares, que hace tan solo una semana recibía con entusiasmo la noticia de que el Gobierno de Boris Johnson la colocaba en la lista verde de destinos a los que los británicos pueden ir sin guardar cuarentena a la vuelta, protagoniza ahora los telediarios por el megabrote de estudiantes que se originó allí y ha causado más de 2.000 casos repartidos por toda España. Sus empresarios, que el viernes pasado celebraban con entusiasmo una fiesta piloto que pretendía ser la primera de muchas este verano, miran ahora con temor que el aumento de contagios revierta esta situación.

Francina Armengol, presidenta balear, ha descartado este viernes endurecer las restricciones, cuando justo en las últimas semanas estaban abriendo la mano después de medidas muy restrictivas durante la primavera. “La afectación en las personas jóvenes hace que suba la incidencia acumulada. ¿Esto está provocando que los hospitales se saturen? Radicalmente, no”, ha señalado este viernes en rueda de prensa. Lo que sí ha descartado es seguir avanzando en una desescalada en la que ya veían incluso un horizonte de pronta reapertura del ocio nocturno.

En otras comunidades se está echando el freno ante el aumento de casos. Algunas de las grandes discotecas de Cataluña han anunciado que no abrirán ante el aumento de la incidencia entre jóvenes. Castilla y León ha parado la desescalada y la mayoría de las autonomías están estudiando cómo frenar los contagios entre los menores de 30 años.

En Cataluña la subida de la incidencia está siendo especialmente rápida: ya alcanza los 296 casos por 100.000 habitantes, seguida de Cantabria (242). Solo cinco comunidades permanecen por debajo de los 100: Castilla-La Mancha, Galicia, Madrid y Murcia.

Sobre la firma

Pablo Linde

Empezó a escribir sobre el coronavirus prácticamente cuando se descubrió y desde entonces se ha dedicado a cubrir la pandemia. Comenzó a publicar en EL PAÍS en 2007, centrado en asuntos relacionados con la sanidad y la salud, lo que le ha valido ganar varios premios nacionales, como el Prismas de divulgación científica o el Boehringer de medicina.

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