La crisis del coronavirus

La presión para un cierre más estricto crece sobre Macron en una Francia con los contagios desbocados

Directores médicos de hospitales públicos de París advierten de que tendrán que hacer una “selección de pacientes” si no mejoran los datos. El presidente francés se pronuncia esta noche sobre nuevas medidas

Protesta de estudiantes del instituto de Drancy más afectado por coronavirus ante el hospital Avicena de Seine-Saint-Denis, en Francia.
Protesta de estudiantes del instituto de Drancy más afectado por coronavirus ante el hospital Avicena de Seine-Saint-Denis, en Francia.CHRISTOPHE ARCHAMBAULT / AFP

“¿A qué espera?” El titular de la portada del diario Libération del martes, que mostraba al presidente francés, Emmanuel Macron, sentado de brazos cruzados, resume la frustración que epidemiólogos y responsables sanitarios manifiestan desde hace días por la situación, a punto de desbordarse, dicen, de la pandemia en Francia. La pregunta apremiante se producía cuando Francia acababa de superar el lunes el pico de la segunda ola en materia de ocupación de camas en cuidados intensivos, con 4.974 el lunes y más de 5.000 el martes, frente a 4.903 en el peor momento del otoño pasado. Llega también en vísperas de un nuevo consejo de ministros este miércoles donde se deben analizar posibles nuevas medidas para intentar frenar la tercera ola de la pandemia. Hasta ahora, Macron ha resistido todas las presiones externas e internas para ordenar otro confinamiento estricto, apostando por la aceleración de la vacunación. Las cosas ya no están tan claras y el Elíseo ha anunciado que el mandatario se dirigirá a los franceses a las 20.00 para hablar de la situación y, previsiblemente, anunciar nuevas medidas.

Hay más cifras inquietantes. En zonas como la región de París —una de las más afectadas y, oficialmente confinadas de nuevo, aunque con unas medidas muy laxas— la capacidad de las UCI está ya al 129,4%. La tasa de incidencia en esta zona llega a los 641 casos por 100.000 habitantes (medición semanal) frente a la media nacional de 371. Y en algunos de sus departamentos, como el de Seine-Saint-Denis, uno de los más afectados del país, se dispara hasta los 761 casos por 100.000 habitantes, acompañado de una tasa de hospitalización del 160% y de una de las proporciones de vacunación más bajas de Francia, 7,96%.

A los pies de la basílica de Saint Denis, la imponente necrópolis de los reyes franceses situada en el departamento más pobre de la Francia continental, Jallal se apuraba la tarde del martes a recoger su puesto ambulante en este día de mercado sin saber si volverá a reabrir próximamente. “No me importa que nos confinen de nuevo si sirve para salvar vidas, pero el problema es que no sabemos nada, el Gobierno nos mantiene en suspense, juega con nosotros”, lamentaba este comerciante que dice que no le queda “más remedio” que seguir vendiendo mientras pueda pese a que, reconoce, tiene “miedo” de una epidemia que no remite.

Ese temor lo comparten muchos expertos. El domingo, 41 directores médicos de crisis de la AP-HP, el sistema de hospitales públicos de París, advirtieron en una tribuna en el Journal du Dimanche de la “situación de catástrofe” que viven y que, si no cambian las cosas, habrá que prepararse para hacer una “selección de pacientes”. El mismo día, en Le Monde, otros nueve médicos de la sanidad pública acusaron al Gobierno de “eludir su responsabilidad de forma hipócrita” al “imponer al personal sanitario la decisión de qué paciente debe vivir”. El jefe del servicio de reanimación del hospital Bichat de París, Jean-François Timsit, cree incluso que las cosas pueden empeorar más y pronto: “Matemáticamente, las cifras solo pueden progresar (…) en dos semanas, habrá 600 muertos diarios”, alerta.

“No permitiremos que se saturen los hospitales y que se tenga que seleccionar a los enfermos”, replicó el martes ante la Asamblea Nacional el ministro de Sanidad, Olivier Véran.

El Gobierno ha insistido en que había que esperar a ver si las “medidas reforzadas” —evita hablar de reconfinamiento— tomadas en los 19 departamentos más afectados, incluido París, con el cierre de comercios no indispensables y limitación de movimientos a 10 kilómetros del domicilio, empiezan a surtir efecto, algo que solo se pudo empezar a medir esta semana. En las últimas horas, las reuniones al más alto nivel no han cesado y culminarán con la alocución de Macron este miércoles en horario de máxima audiencia. Será la primera vez que el presidente pronuncia un discurso formal ante los franceses desde comienzos de año.

Con todo, la presión no cesa para que se adopten nuevas medidas, como mínimo un posible cierre total de escuelas —aprovechando que en breve comenzarán las vacaciones de Semana Santa— para intentar bajar la incidencia. El Ejecutivo siempre ha insistido en que esto sería un “último recurso” en vista de su impacto tanto en los estudiantes como en los padres y madres que trabajan.

La clave para salir de la pandemia, coinciden críticos y defensores de los métodos del Gobierno, está en impulsar la vacunación de la población. Pero aunque el proceso se ha acelerado —ya se han administrado algo más de 11 millones de vacunas, lo que significa que el 11,64% de los franceses han recibido al menos una dosis (solo el 3,96% tienen ya las dos necesarias)— sigue siendo insuficiente. El Gobierno abrirá en los próximos días 35 “vacunódromos” en todo el país para agilizar el proceso. En total, el Ejecutivo quiere haber vacunado, hasta mediados de mayo, al menos a 20 millones de personas y, hasta mediados de junio, 30 millones, es decir, dos tercios de la población mayor de 18 años.

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