La crisis del coronavirus

Israel regresa a la normalidad tras un año de pandemia mientras en Palestina se reimpone el confinamiento

La reapertura con condiciones de la hostelería y los centros educativos completa la desescalada en el país hebreo. En Ramala, sede de la Autoridad Palestina, cierran todos los locales menos farmacias y panaderías

Un ultraortodoxo se vacuna contra la covid, el domingo en una sinagoga de Bnei Brak (Israel).
Un ultraortodoxo se vacuna contra la covid, el domingo en una sinagoga de Bnei Brak (Israel).Oded Balilty / AP

Israel ha regresado este domingo a una normalidad casi plena al completar la desescalada después de más de dos meses de confinamiento. Solo la visión uniforme de paseantes con mascarilla recordaba en las calles de Jerusalén que ya ha transcurrido un año desde que se declaró la pandemia. Apenas 20 kilómetros al norte, la vecina Ramala retornaba también al pasado de un año atrás, con toda su provincia perimetrada y bajo toque de queda. Mientras en la Ciudad Santa reabrían cafés y restaurantes tras seis meses de clausura, en la sede administrativa de la Autoridad Palestina permanecían cerrados todos los locales menos farmacias y panaderías. Más de la mitad de los 9,3 millones de habitantes de Israel han sido ya inmunizados contra la covid-19 con al menos una dosis de la vacuna de Pfizer y BioNTech. Los 5,2 millones de palestinos de Cisjordania y la franja de Gaza solo han recibido hasta ahora 2.000 dosis de Moderna y 20.000 de Sputnik V.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, compartió café y pastas con el alcalde de Jerusalén, Moshe Lion, en una terraza de la ciudad para celebrar el fin del confinamiento. “La hostelería ha vuelto a la vida, pero tenemos que seguir llevando mascarillas y mantener la distancia de seguridad”, declaró a Reuters el jefe del Gobierno, quien afronta la recta final de la campaña de unas elecciones legislativas convocadas dentro de dos semanas. Las multas por incumplir las órdenes sanitarias se elevan a 5.000 shequels (unos 1.250 euros). En declaraciones a la radio, el coordinador nacional para la pandemia, el médico especialista en salud pública Nachman Ash, expresó su preocupación por el reciente repunte de casos por la desescalada, y advirtió de que no dudará en dar marcha atrás y reimponer restricciones “incluso antes de la jornada de votaciones”.

La reapertura de bares y restaurantes, que echaron el cierre en septiembre excepto para servir pedidos a domicilio o comida para llevar, estará supeditada a limitaciones de aforo y separación entre clientes. Israel estrena además un modelo de acceso diferenciado. Los titulares del “pase verde”, certificado vacunal con las dos dosis de Pfizer, dispondrán de vía libre hacia el interior de los locales mientras que los no inmunizados solo tendrán la opción de sentarse en terrazas al aire libre.

Tras aplicarse en gimnasios, hoteles y centros deportivos o culturales, la directiva para favorecer y fomentar la vacunación se extiende también a los campus universitarios para completar la reapertura de todo el sistema educativo. Los estudiantes con “pase verde” podrán asistir a clases presenciales en las facultades; los demás deberán seguir el curso académico en remoto.

La segregación sanitaria ha abierto un debate sobre la protección de los derechos de los ciudadanos en un modelo de vacunación no obligatoria. “Quien no se quiera vacunar se quedará atrás”, advirtió recientemente el ministro de Sanidad, Yuli Edelstein. Compañías tecnológicas punteras como Mobileye, que desarrolla sistemas de conducción para vehículos autónomos, han anunciado que vetarán el paso a sus instalaciones a los empleados no vacunados, que podrán teletrabajar si el perfil de sus puestos lo permite.

En Cisjordania, bajo ocupación israelí desde 1967, la Autoridad Palestina decretó el jueves el estado de emergencia en todo el territorio tras registrarse una tasa sin precedentes de 2.000 contagios diarios y desbordarse las hospitalizaciones por casos graves. El sábado se impuso el aislamiento perimetral y toque de queda en las provincias de Ramala (centro) y Nablus (norte) durante al menos una semana, según informa Efe. Los ciudadanos solo podrán desplazarse a pie dentro de sus distritos o pueblos de residencia, sin utilizar vehículos. Los comercios de alimentación cerrarán también sus puertas, salvo dos días a la semana. Los responsables palestinos confían en el programa de asistencia Covax de la Organización Mundial de la Salud para recibir en los tres próximos meses más de 37.000 dosis de Pfizer y 168.000 de AstraZeneca. A este último laboratorio, la Autoridad Palestina le ha solicitado desde hace dos meses dos millones de dosis, cuyo envío se ha retrasado por aparentes problemas logísticos.

Un paciente de covid-19, el martes en el servicio de urgencias de un hospital de Ramala.
Un paciente de covid-19, el martes en el servicio de urgencias de un hospital de Ramala.Nasser Nasser / AP

Vacunación de trabajadores palestinos

Israel ha dejado en suspenso hasta este lunes la vacunación de los trabajadores palestinos en empresas israelíes y en los asentamientos de colonos en Cisjordania. El Gobierno ha alegado “dificultades presupuestarias” para inmunizar a los 120.000 empleados palestinos, según informó el diario Haaretz. El programa se había iniciado con carácter experimental el jueves, con la vacunación de 700 trabajadores en un puesto de control cerca de Tulkarem, en la divisoria de muros y vallas en torno a la Línea Verde de separación territorial.

La tasa de contagios sigue siendo relativamente alta en Israel, con un 4% de casos positivos en las pruebas de detección de coronavirus, pero la mayor parte de los nuevos infectados son jóvenes ―el 47%, menores de 19 años―, que suelen afrontar la enfermedad con un pronóstico leve. Con nueve de cada 10 mayores de 50 años ya vacunados, el Ministerio de Sanidad constata que solo un 11% de los contagiados supera ahora esa edad.

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Los vigilantes que toman la temperatura a quienes pretenden entrar en un edificio oficial o un centro comercial ya han dejado de actuar en el Estado judío. “La realidad de Israel ha cambiado y el levantamiento de las restricciones no conlleva ahora el mismo peligro que en primavera u otoño”, destaca el analista Sever Plocker en el diario Yedioth Ahronoth.

El israelí medio podría vivir ya en una teórica inmunidad de rebaño, si se descartaran las comunidades más reacias a vacunarse y los sectores excluidos de protección frente a la covid-19. El mantra entonado por Netanyahu, que suele jactarse ante los dignatarios extranjeros que le visitan de haber inmunizado a un 90% de la población, se difumina como un espejismo si se excluye a los árabes (20% del censo), judíos ultraortodoxos (12%), residentes en el exterior (10%) y, sobre todo, a los menores de 16 años (30%), para quienes aún no hay antídoto disponible frente al veneno del coronavirus.

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