La crisis del coronavirus

Israel implanta el pase digital de acceso a gimnasios y espectáculos exclusivo para los vacunados

La nueva fase de reapertura de la economía se pone en marcha con cerca de la mitad de la población inoculada con al menos una dosis

Un hombre muestra el código que le acredita como vacunado para entrar en un gimnasio.
Un hombre muestra el código que le acredita como vacunado para entrar en un gimnasio.GIL COHEN-MAGEN / AFP

El centro de Jerusalén sonaba ayer a bullicio festivo, a pesar de que el domingo es precisamente el comienzo de la semana laborable en Oriente Próximo. Parecía volver al ajetreo cotidiano de un año atrás en la misma fecha, cuando Israel registró el primer caso confirmado de covid-19. Con otros 750.000 contagios desde entonces y más de 5.500 muertes (en un país con 9,2 millones de habitantes), la nueva normalidad se aproxima ahora a la vieja cotidianidad tras la reapertura de todos los comercios y la reanudación de clases en gran parte del sistema educativo. Pero el arranque de la penúltima etapa de la desescalada del tercer confinamiento general viene marcado en el Estado judío por nuevos privilegios, antaño corrientes, que solo podrán disfrutar quienes se hayan vacunado por partida doble.

“Sin el código QR no se puede entrar”, avisaba con seriedad el director del gimnasio Lazuz (moverse, en hebreo) a los antiguos clientes que retornaban a la sala de entrenamientos después de siete meses de clausura. “Si me pilla el Ministerio de Sanidad me cae una multa de 1.000 shequels [unos 250 euros] por cabeza”. Ohad Yehuda, de 32 años, lleva desde entonces viviendo de la prestación por desempleo, al igual que los 18 empleados del centro. Gimnasios y piscinas han reabierto sus puertas, pero solo para quienes dispongan del llamado “pase verde”, un flamante certificado digital que se puede descargar en el móvil una semana después de haber recibido la segunda dosis de la vacuna de Pzifer y BioNTech, la única inoculada hasta el momento en Israel.

Más de un tercio de los 9,2 millones de israelíes ha recibido ya ambas inyecciones, y cerca de la mitad ha sido inoculada con la primera. El código también se aplica a quienes, según su historial médico oficial, hayan superado la infección por coronavirus. El certificado digital de vacunación servirá además para acceder a partir de ahora a los hoteles, de momento solo para pernoctaciones, sin servicio de bar o restaurante.

“Esperamos en las próximas horas al primer cliente desde abril del año pasado, cuando tuvimos que cerrar”, celebra el jefe de recepción del hotel Jeru Caps, Mahmud al Jurt, de 22 años, con la satisfacción de haber recuperado su puesto de trabajo. “Confiamos en alcanzar la plena ocupación a finales de marzo, coincidiendo con la Pascua judía [temporada alta en la Ciudad Santa]. Los datos de la aplicación quedan registrados en nuestro ordenador para que puedan ser consultados por las autoridades; no queremos exponernos a una sanción”, confiesa el joven palestino de Jerusalén.

Con el “pase verde” se podrá asistir también a acontecimientos deportivos, como partidos de fútbol y baloncesto, o espectáculos culturales, como obras de teatro y conciertos musicales. El uso de mascarillas y el mantenimiento de la distancia de seguridad, no obstante, siguen vigentes de forma indefinida. Tras la previsible reapertura del aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv dentro de dos semanas —cuando está previsto que comience la tercera y última fase de la desescalada— el certificado de vacunación puede ser además uno de los requisitos para embarcar en un vuelo al exterior desde la terminal —la principal puerta de entrada al país— clausurada desde el 25 de enero. Lo defiende el médico especialista en salud pública Ronni Gamzu, anterior coordinador del programa nacional para la pandemia. “El pasaporte verde servirá para allanar el camino a la recuperación del turismo”, aseguró el jueves en una teleconferencia con la prensa extranjera en Israel.

Incentivo

De lo que no cabe duda, es de que el certificado digital actuará como incentivo para que se vacunen los israelíes jóvenes, que se han mostrado más reacios a inmunizarse que los de mayor edad. “Nuestra previsión de negocio es de un 30% de los ingresos medios anteriores a la pandemia, a pesar de que los gastos de personal y funcionamiento son prácticamente los mismos”, reconoce Yehuda en el gimnasio que gestiona en Jerusalén. “Si los jóvenes, que son nuestros principales clientes, no se vacunan para obtener el código QR tendremos que cerrar”.

La vuelta a la normalidad, a la rutina perdida hace un año, se vive en Israel como una experiencia piloto para otros países. La agilidad y seguridad de la aplicación vacunal, teóricamente garantizada por el Ministerio de Sanidad, choca con las dudas que plantea sobre la protección efectiva de los datos sanitarios privados, al tiempo que abre un debate sobre la presunta discriminación de los no vacunados en sistemas sanitarios donde la inmunización no es obligatoria. Está por aclarar si para poder acceder a bares y restaurantes a partir del 7 de marzo, el final de la desescalada en Israel, habrá que acudir también con el código de vacunación en la boca. O con mayor precisión, en el móvil.

“¿Te has vacunado ya? Consigue el pase verde y vuelve a vivir”, tuiteó el primer ministro, Benjamín Netanyahu, que fía al éxito de la campaña de inoculación masiva su reelección en las legislativas del 23 de marzo.

El anterior responsable para la pandemia Gamzu, quien es además director de hospital Ichilov de Tel Aviv, considera que Israel puede “asumir el riesgo de reabrir la economía a la vista del elevado índice de vacunación”, y añade: “Con la tasa de infecciones en descenso, podemos manejar la situación”. Su sucesor en el cargo de coordinador nacional, el también médico Nachman Ash, alerta sin embargo del peligro que se cierne sobre la salud de los israelíes: “Me preocupa que se desate un sentimiento de euforia en los próximos días, con los centros comerciales abarrotados. No hay que olvidar que solo hemos vacunado por completo a una tercera parte de la población”, declaró a la radio estatal.

“Llevo más de seis meses sin entrenar en serio”, admite sonriente la profesora Hanna (prefiere no facilitar su apellido), de 26 años, antes de presentar el código QR de vacunación en el céntrico gimnasio Lazuz de Jerusalén. “En casa hago lo que puedo para estar en forma, pero en soledad no es lo mismo”, explica mientras se dirige a reabrir después de largos meses su taquilla personal. “Y, sobre todo, echaba de menos las sesiones de yoga en grupo, como antes de todo esto”.

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