La asombrosa vía exprés de Israel hacia la vacunación

Netanyahu pacta ceder datos sanitarios a Pfizer, además de presuntos sobreprecios, para poder inmunizar a más de la mitad de la población antes de las elecciones de marzo

Un hombre recibe la vacuna de Pfizer el 11 de enero en Jerusalén.
Un hombre recibe la vacuna de Pfizer el 11 de enero en Jerusalén.DPA vía Europa Press (Europa Press)

Israel partía con ventaja. Es el Ohio perfecto para las farmacéuticas, el barómetro sanitario ideal para estudiar la vacunación contra la covid-19. Con poco más de nueve millones de habitantes en un angosto territorio bien comunicado, cuenta con un sólido sistema público de salud interconectado por una base de datos de tecnología punta. ¿Y por qué no Bélgica o Austria, con población y circunstancias semejantes? El Estado judío, en el que solo han muerto 4.260 personas a causa del coronavirus, tiene otras circunstancias en su favor. Es un país aislado, con estricto control de fronteras selladas, y su diversa ciudadanía forja además un crisol de etnias.

Sus méritos son notables, pero ¿cómo ha logrado Israel cerrar acuerdos exprés para recibir diez millones de dosis de la vacuna de Pfizer-BioNTech y otros seis millones de la Moderna, además de una cantidad aún no precisada de la AstraZeneca? Frente a quienes acusan al Gobierno de utilizar a sus ciudadanos como conejillos de indias en un ensayo clínico a gran escala y de haber aceptado el pago de primas sobre el precio habitual, en una puja por obtener los viales en primer lugar, el Ministerio de Sanidad replica que solo se cede a los fabricantes de los medicamentos datos generales de los pacientes, sin identificarlos en ningún caso.

En un mes de campaña de vacunaciones —que estrenó el 19 de diciembre el primer ministro, Benjamín Netanyahu, con afán de ejemplaridad y nada oculto protagonismo—, más de una cuarta parte de los israelíes han recibido al menos la primera dosis de la inyección de Pfizer-BioNTech. Y pronto uno de cada de diez, los de mayor edad y los incluidos en grupos de riesgo, la segunda y definitiva. En porcentaje de población vacunada, Israel encabeza la lista mundial elaborada por Our World in Data, seguido por Emiratos Árabes, Reino Unido y Estados Unidos. España ocupa la undécima posición, con el 2,36% de inoculados, según la información disponible el viernes.

La capacidad tecnológica y logística del Estado hebreo —que almacena en condiciones de refrigeración óptimas hasta cinco millones de dosis en instalaciones de la farmacéutica Teva próximas al aeropuerto de Tel Aviv— le han permitido afrontar una operación relámpago a gran escala. En plena tercera de ola de la pandemia, el acelerado programa de vacunaciones supera ya las 200.000 inoculaciones diarias. En Israel no se desaprovecha ni una dosis. Grupos de jóvenes coordinados a través de WhatsApp hacen cola al anochecer ante los centros de inmunización para ofrecerse como candidatos a recibir las inyecciones de la vacuna de Pfizer sobrantes y que están a punto de perder su efectividad tras superar el límite de permanencia fuera de la estricta cadena de frío.

Confinados los israelíes desde el 26 de diciembre y hasta el próximo día 31, el Ejecutivo ha ordenado cerrar el aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv a partir del martes para contener la entrada en el país de las nuevas cepas y variantes del coronavirus. Después de que se haya logrado comenzar a aplanar la semana pasada el pico de más de 10.000 contagios diarios (una tasa de positividad superior al 10%), los ciudadanos siguen acudiendo en masa a centros como el instalado en el polideportivo Arena de Jerusalén, que ha ampliado su capacidad de acogida con decenas de puestos con enfermeros para todos los mayores de 35 años. Tras haber vacunado al 80% de los ciudadanos de más de 60, el programa se ha extendido desde el fin de semana a los estudiantes de entre 16 y 18 años, con el fin de que puedan presentarse a los exámenes de fin de secundaria.

Fue precisamente Netanyahu —que debe someterse el 23 de marzo a las cuartas elecciones legislativas en menos de dos años—, quien desveló a comienzos de mes que el contrato con Pfizer incluía la cesión de datos sanitarios de los vacunados a cambio de dar preferencia a Israel en el suministro. “Israel va a convertirse en un modelo para el mundo, una experiencia piloto, y va a ser el primer país en emerger del coronavirus”, se ufanó el primer ministro, que ha concentrado casi toda su actividad pública en el programa de vacunaciones. El confinamiento ha dejado en suspenso, mientras tanto, el juicio por corrupción en su contra que debía de haberse iniciado en enero en un tribunal de Jerusalén.

Zona de espera para la vacunación contra la covid-19, el 20 de enero en un polideportivo de Jerusalén.
Zona de espera para la vacunación contra la covid-19, el 20 de enero en un polideportivo de Jerusalén.Quique Kierszenbaum

Desconfiados por naturaleza tras siglos de discriminación y pogromos contra los judíos, muchos israelíes empezaron a temer por la seguridad de sus datos médicos confidenciales en manos de una multinacional farmacéutica. El Gobierno no ha tenido más remedio que hacer públicas las 20 páginas del contrato suscrito con Pfizer, en las que se habla de un “acuerdo de colaboración para determinar con qué porcentaje de vacunación se alcanza la inmunidad de rebaño”. La compañía alemana BioNTech ha puntualizado que el objeto del contrato es “monitorizar la evolución de la pandemia a lo largo del tiempo en función de diferentes índices de vacunación” mediante la cesión de datos epidemiológicos, como el número de casos confirmados, de pacientes hospitalizados o sometidos a ventilación asistida, de fallecidos por la covid-19 y variables de edad, género o demográficas.

Los párrafos que hacen referencia a aspectos comerciales fueron tachados antes de que el documento se distribuyera a la prensa. El precio pagado se mantiene en secreto, aunque Pfizer se ha referido a una “tarifa escalonada en función del volumen de compra y la rapidez en la entrega”. Un alto cargo israelí reveló a Reuters que su Gobierno estaba pagando “en torno a los 30 dólares (24 euros) por dosis”. Es el doble de lo ofrecido por la Unión Europea, según lo desvelado en diciembre por una responsable de la Administración belga.

El dilema sobre el expeditivo envío de vacunas a países ricos y con un sistema de salud desarrollado frente a la ausencia de suministros a Estados empobrecidos y sin medios sanitarios se plasma de lleno en Tierra Santa, donde cerca de cinco millones de palestinos aún no han podido ser vacunados. La Autoridad Palestina, que ha suscrito acuerdos con AstraZeneca, espera empezar a inocular a sus ciudadanos en los próximos días tras recibir los primeros viales de la vacuna rusa Sputnik V. La Organización Mundial de la Salud (OMS) pretende proteger antes de que acabe 2021 a un 20% de la población de los países con menor nivel de desarrollo a través del fondo COVAX para el acceso global a las vacunas.

“Les dijimos a Pfizer y al resto de los fabricantes que si éramos uno de los primeros en emprender la vacunación ellos tendrán resultados (en forma de datos) muy pronto”, declaró a la prensa hebrea el ministro de Sanidad israelí, Yuli Edelstein. Las preocupaciones éticas sobre la privacidad de los historiales médicos han intentado ser disipadas con garantías de que la información personal solo se facilitará de forma desagregada y sin identificar, a efectos estadísticos. El contrato precisa que “en caso de que los datos suministrados revelen accidentalmente la identidad de un paciente, Pfizer debe tratarla de forma confidencial y devolverla al sistema de salud”. También obliga a la farmacéutica a “abstenerse de obtener información sobre los pacientes entre los datos que recibe”.

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Juan Carlos Sanz

Es el corresponsal para Oriente Próximo en Jerusalén desde 2015. Antes fue jefe de Internacional. En 20 años como enviado de EL PAÍS ha cubierto conflictos en los Balcanes, el Magreb, Irak y Turquía, entre otros destinos. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza y máster en Periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid.

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