La crisis del coronavirus

Los alumnos de Argentina vuelven a las aulas tras un año de educación virtual por la pandemia

Cuatro provincias han arrancado este lunes las clases presenciales y en las próximas semanas se sumará el resto del país

Una profesora junto a sus alumnos de cinco años en el primer día del curso escolar 2021, en Buenos Aires.
Una profesora junto a sus alumnos de cinco años en el primer día del curso escolar 2021, en Buenos Aires.Natacha Pisarenko / AP

Este lunes, las escuelas de la ciudad de Buenos Aires reabrieron sus puertas a los alumnos después de permanecer casi un año cerradas por la pandemia de la covid-19. Algunos estudiantes estaban emocionados por reencontrarse con sus compañeros y otros nerviosos por volver a las aulas después de un 2020 en el que tuvieron que lidiar con plataformas virtuales desde casa.

A primera hora, madres y padres ayudaban a sus hijos con las mochilas y les recordaban que debían permanecer con el tapaboca puesto en todo momento. A muchos les costaba esperar su turno para entrar, pero otros no querían soltar la mano de quien les ha acompañado hasta la puerta. Los edificios escolares son los mismos, pero todo lo demás ha cambiado: en la entrada se les toma la temperatura y se les coloca alcohol en gel. No pueden abrazarse ni agarrarse al jugar. Están divididos por burbujas. Los horarios se han acortado.

“Es la primera vez que mi hijo tiene ganas de ir a la escuela. Está feliz. El año pasado fue re difícil para todos. Él no se quería conectar a los zooms y me enloquecía todo el día mientras yo intentaba teletrabajar”, cuenta Graciela, madre de un niño de ocho años que este año empieza tercer grado en un colegio público del barrio porteño de Villa Ortúzar. “Tengo miedo de que se contagie, pero creo que necesitan volver porque en casa no aprenden casi nada. Depende mucho de cada familia, en algunos casos se tenían que conectar con el celular de sus padres”, agrega.

Como en la mayoría de escuelas de doble jornada, cada clase ha sido subdividida aquí en dos grupos y uno va tres horas por la mañana y otro tres por la tarde. Por ahora, el servicio de comedor continúa suspendido y las familias becadas reciben un bolsón con alimentos para cocinar en casa. En las escuelas de jornada simple, los alumnos concurren dos días una semana y tres la siguiente.

“Mejor tres horas que ninguna. Pero esperemos que la vacunación avance rápido, que vacunen a los docentes y a los adultos mayores y podamos recuperar la normalidad”, dice José Manuel, padre de un niño de segundo de primaria que luce un barbijo con la imagen de Ironman, su superhéroe favorito. A su lado, otro padre duda que eso ocurra antes de 2022 y vaticina que en otoño se producirá un rebrote que obligará a cerrar de nuevo las aulas.

El regreso se hace de forma escalonada. En Buenos Aires hoy ha sido el turno de 370.493 estudiantes de educación infantil, los primeros tres grados de primaria, los dos iniciales de secundaria y modalidad especial. También han vuelto las clases presenciales en las provincias de Santa Fe, Jujuy y Santiago del Estero. La semana que viene será el primer día para el resto de alumnos de la capital argentina y se sumarán también otras provincias. La provincia de Buenos Aires, la más poblada del país, arrancará el 1 de marzo.

Si se cumple el cronograma previsto, a mitad del próximo mes casi todos los 11,5 millones de niños y adolescentes en edad escolar de Argentina estarán de vuelta en las aulas. La presencialidad es obligatoria excepto para quienes pertenecen a un grupo de riesgo o conviven con alguien que esté en la misma situación. Esos alumnos recibirán clases de forma remota.

“Es algo esperado por todos y todas, un regreso cuidado en la complejidad que seguimos transitando. Es una escuela diferente a la de la prepandemia, que tiene que aplicar los protocolos”, ha señalado en declaraciones radiales el ministro de Educación argentino, Nicolás Trotta.

Brecha educativa

La irrupción de la pandemia de la covid-19 en Argentina a principios de marzo de 2020 llevó al Gobierno de Alberto Fernández a suspender las clases presenciales menos de 15 días después del inicio del curso escolar. Como en otros países, la educación pasó a ser virtual, pero pronto quedó en evidencia la brecha educativa en un país con un territorio muy extenso y más del 40% de su población en la pobreza. Menos de la mitad de los hogares cuenta con acceso fijo a Internet de buena calidad y uno de cada dos carece de una computadora disponible para fines educativos. Según datos oficiales, alrededor de un millón de estudiantes matriculados en 2020 mantuvo un contacto nulo o muy bajo con su escuela.

El Gobierno difundió contenidos educativos por la radio y la televisión públicas y editó cuadernos educativos, pero en la segunda mitad del año hubo una presión creciente para que la educación volviese a ser presencial. Aún así, las aulas solo se reabrieron parcialmente en algunas provincias y de forma temporal.

“Los aprendizajes que no pudieron alcanzarse en el 2020 serán abordados en el 2021, entendiendo ambos años lectivos como una unidad pedagógica permitiendo la intensificación de la enseñanza, la reorganización curricular y la acreditación de dicha unidad temporal”, señalaron las autoridades educativas el pasado viernes.

A la salida de las escuelas, era posible ver alumnos con caras felices por la vuelta y otros que se quejaban de las nuevas prohibiciones, el hecho de que algunos amigos hubiesen quedado en otra burbuja y la reducción del tiempo de los recreos. Entre los adultos, en cambio, predominaba el alivio por haber recuperado cierta normalidad. Era el caso de Teresa, diseñadora y madre de dos hijas mellizas de siete años y uno de diez: “No puedo imaginar otro año más con ellos todo el día en casa. Espero que los protocolos funcionen y las clases presenciales no se interrumpan”.

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