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Temporeros en Lleida | “No nos da miedo ni morir ni la covid-19, nos asusta la miseria”

Muchos leridanos acuden a segundas residencias mientras cientos de temporeros malviven en las calles a la espera de trabajo

Trabajadores temporeros, en el centro de Lleida el sábado.
Trabajadores temporeros, en el centro de Lleida el sábado.JUAN BARBOSA (EL PAÍS)
Alfonso L. Congostrina

Tres furgonetas de los Mossos d’Esquadra rodean una de las entradas a la ciudad de Lleida. A un lado de la glorieta, la gasolinera de la carretera de los Alamús; al otro, el club Eva. En medio, a más de 30 grados a la sombra, una línea policial de los antidisturbios de la policía autonómica. Una barrera de agentes que desde la tarde de este sábado se ha convertido en una frontera que incomunica y aísla a los 210.000 vecinos de los 38 municipios de la comarca leridana del Segrià —incluida la capital de provincia— a los que la Generalitat ha ordenado confinar.

“¿Dónde va usted? Muéstreme el DNI”, repetían secos y contundentes los agentes a todo vehículo que se acercaba al control. A las 16.00, toda la comarca quedó prácticamente sellada por 25 controles de los Mossos d’Esquadra. La ciudadanía ya sabía a lo que se enfrentaba y fueron centenares de leridanos los que al oír la orden de la Generalitat llenaron los coches y, antes de que el reloj marcara las 16.00, se marcharon rumbo a Salou y Cambrils (Tarragona) a disfrutar de la playa y las segundas residencias.

En la ciudad han quedado los que no tienen otro remedio, junto a cientos de temporeros que llevan meses malviviendo en las calles. Los mismos a los que culpan de haber ido a trabajar contagiados y de no respetar las distancias sociales. Unas normas complicadas cuando duermes sobre un cartón y amontonado con el resto de compañeros en el mismo lugar donde, por la mañana, aparecen furgonetas de agricultores que seleccionan a dedo a los elegidos para trabajar ese día a cambio de sueldos que oscilan entre cinco y siete euros la hora.

Ali, temporero en Lleida.
Ali, temporero en Lleida. JUAN BARBOSA (EL PAÍS)

Ali tiene 33 años y es de Senegal. Vino hace un mes y medio a Lleida procedente de Alicante. “Yo vendía camisetas de fútbol en el top manta. Del Barça, del Real Madrid… Siempre les decía que a 30 euros pero las llegué a vender por 15. Con el coronavirus el turismo desapareció y escuché que en Lleida podría trabajar recogiendo melocotones. Llevo aquí semanas y nadie me ha contratado”, lamenta. Alí asegura no temer al coronavirus, pero admite que está complicando mucho la existencia de los más necesitados: “El jueves estuve andando todo el día buscando trabajo. Cuando entré en el albergue municipal sonó una alarma. Tengo verdadero terror a ese ruido. Me dijeron que las cámaras habían detectado que tenía fiebre. Solo era calor. Tuve que ir andando al hospital a hacerme un test. Nadie me llevó”. Hoy Ali duerme sobre unos cartones en una especie de porche junto a la sede de los Castellers de Lleida. Jura que no está enfermo.

“Lo del coronavirus no es más que otra excusa contra nosotros. Aquí en Cataluña es donde peor nos tratan. En Jaén o en Huelva cuando trabajamos nos dan un lugar donde dormir. En Lleida muchas veces hasta tenemos que pagar cinco euros para que nos lleven y nos traigan de los campos. Claro que hay compañeros enfermos pero nosotros somos pobres, no nos da miedo ni morir ni la enfermedad, nos da miedo la miseria”, advierte Ser, de 38 años, también de Senegal. Nadie le ha contratado en los dos meses que lleva durmiendo junto a la plaza de la Ereta.

Los vecinos del centro histórico de Lleida se han constituido en la plataforma Som Veins. Oscar Lanza, uno de sus portavoces, advierte: “Desde marzo lo estamos denunciando. No se puede mantener las distancias de seguridad cuando vives en la calle amontonado y las Administraciones no hacen nada”. Lanza denuncia que dos de los lugares donde se han detectado contagios no respetan el confinamiento. “Uno es un narcopiso situado en la plaza Josep Solans. El otro es el albergue Jericó”, lamenta. Un responsable del albergue Jericó asegura que los cinco positivos están en el hospital y el resto guarda la cuarentena en el albergue.

A las 16.00, los Mossos acababan de cerrar el perímetro de la comarca del Segrià. Cientos de leridanos ya hace horas que están en las segundas residencias de la playa. En el centro de la ciudad centenares de temporeros esperan la llegada de furgonetas que les contraten a cinco euros la hora.

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