La sombra de Maxwell persigue al príncipe Andrés

La hija del magnate de la prensa le introdujo en el círculo de Jeffrey Epstein

El príncipe Andrés acude a un servicio religioso en Hillington (Reino Unido) el pasado junio.
El príncipe Andrés acude a un servicio religioso en Hillington (Reino Unido) el pasado junio.Chris Radburn / REUTERS

El príncipe Andrés de Inglaterra contaba hasta ahora con que el paso del tiempo, una estrategia acertada de comunicación y la seguridad de que los muertos ya no pueden contar nada nuevo podrían salvarle de acabar siendo arrastrado por el escándalo Epstein. La reaparición de su vieja amiga y novia del millonario estadounidense, Ghislaine Maxwell, detenida este jueves en Bradford (New Hamphsire) y puesta a disposición judicial, supone una potencial amenaza para el hijo favorito de Isabel II. “Nos agradaría que el príncipe Andrés viniera a hablar con nosotros y poder contar con su declaración”, ha dicho la fiscal del distrito sur de Nueva York, Audrey Strauss, al anunciar en rueda de prensa las acusaciones contra Maxwell. No ha querido hacer ningún comentario más al respecto, pero con su declaración, medida, ha vuelto a poner la pelota en el tejado del palacio de Buckingham. La fiscalía de Nueva York acusó recientemente a Andrés de “cero cooperación” en el caso, hasta el punto de enviar al Ministerio del Interior del Reino Unido una petición de asistencia legal mutua (MLA, en sus siglas en inglés) para forzar su colaboración. Se trataba de un paso anterior a la petición formal de extradición y, dependiendo de la respuesta del Gobierno de Boris Johnson, supondría que Andrés tuviera que comparecer ante un tribunal británico y responder a las preguntas de los fiscales. El equipo legal del príncipe dio el paso nada habitual, a mediados de junio, de salir a la palestra para asegurar que habían ofrecido ayuda hasta en tres ocasiones a las autoridades estadounidenses y acusarles de saltarse las reglas de confidencialidad “para buscar publicidad”. Era una patada hacia adelante para quitarse de encima la presión, pero la detención de Maxwell vuelve a poner al príncipe en el disparadero.

Andrés conocía a la hija del misterioso y polémico magnate británico de la prensa, Robert Maxwell, que falleció en aguas canarias en 1991 en unas circunstancias que hicieron circular la idea de un posible asesinato, desde los tiempos universitarios en Oxford. Fue ella la que introdujo al príncipe al millonario estadounidense y esa amistad sirvió para que Epstein visitara en varias ocasiones residencias de la familia real británica como el castillo de Windsor o el palacio de Sandringham.

La mujer que ha acusado directamente a Andrés de mantener relaciones sexuales con ella cuando todavía era menor, Virginia Giuffre Roberts, asegura que su primer encuentro tuvo lugar en 2001, en el apartamento londinense de Maxwell. En la ya famosa foto donde aparece el príncipe rodeando con su brazo la cintura de la joven puede verse detrás de ellos a una sonriente Ghislaine. El controvertido miembro de la familia real ha negado en todo momento la relación con Giuffre, hasta el punto de que su entorno llegó a deslizar a los medios, de modo anónimo, que la foto podía ser un montaje. Su argumento: los dedos del príncipe no eran tan regordetes como los que rodeaban el talle de la joven. La excusa cobró poco vuelo, ridiculizada por la prensa británica, y desde entonces Andrés se limitó a asegurar que no recordaba nada de aquel encuentro.

La presión sobre el príncipe comenzó a incrementar después de su fallido intento por finiquitar el asunto en una entrevista televisiva que se volvió completamente en su contra, por el ejercicio de ambigüedad y soberbia que desplegó Andrés. La periodista Emily Matlis acorraló al invitado en el programa Newsnight, de la BBC, en un diálogo en el que rechazó mostrar arrepentimiento alguno por su relación con Epstein, mostró una frialdad excesiva con las víctimas, ensayó excusas que fueron posteriormente motivo de burla en los medios -no podía haber “sudado profusamente” al bailar con Giuffre en un club londinense, según ella relató, porque adquirió durante su participación en la Guerra de las Malvinas “una condición médica que le impedía sudar”- pero, sobre todo, dejó claro que su amistad no era tanto con Epstein sino con Maxwell. Andrés admitió que se había reencontrado en Londres con su vieja amiga a mediados del 2019, cuando las autoridades estadounidenses ya habían decidido reabrir la investigación sobre Epstein. No hablaron sobre el escándalo, dijo el príncipe “porque no había nada de qué hablar, ya no era noticia... lo habíamos dejado atrás”.

La periodista preguntó al príncipe si Maxwell tenía “respuestas que dar sobre su papel” en torno a las actividades ilegales de Epstein. “Si Ghislaine debe responder por algo, es su problema, me temo. Yo no puedo comentar nada al respecto”, dijo Andrés.

El revuelo causado en la opinión pública por la fallida entrevista llevó a Isabel II, impulsada por el heredero Carlos de Inglaterra, a alejar por completo a su hijo favorito de las actividades oficiales de la casa real. Desde su ostracismo, Andrés confió en que el tiempo desinflara el escándalo. La reaparición de Maxwell, su conocimiento directo de todo lo que ocurrió durante el tiempo en que el millonario y el miembro de la familia Windsor mantuvieron relaciones, y las posibilidades que el sistema estadounidense legal ofrece de negociar una posible rebaja de condena a cambio de colaboración, han vuelto a colocar una sombra sobre el futuro judicial del príncipe.


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