La crisis del coronavirus

Las UCI de Madrid han pasado de tener 641 camas a 1.500 en 20 días

Diez profesionales sanitarios de las unidades de pacientes críticos de ocho centros públicos explican que la saturación los obliga a ser más estrictos con los ingresos

Imagen cedida del interior del Hospital 12 de Octubre de Madrid, el pasado lunes.
Imagen cedida del interior del Hospital 12 de Octubre de Madrid, el pasado lunes. /

“Si tienes 20 pacientes de coronavirus susceptibles de entrar en UCI y tienes menos plazas libres, ¿qué haces? Pues clínica de guerra. Decidir rápido a quién puedes tratar y a quién no. ¿Suena duro? Sí, y nadie imagina cuánto lo es realmente, pero es la realidad”. Lo cuenta, al teléfono, un intensivista de un hospital público de Madrid. Estas unidades de críticos de varios hospitales ya están seleccionando de manera más estricta qué pacientes ingresan para someterse a un tratamiento largo y penoso, según siete médicos intensivistas y tres enfermeras de UCI de ocho hospitales públicos de la Comunidad de Madrid, que han hablado con EL PAÍS con la condición de no ser identificados. Madrid concentra el grueso de los hospitalizados en UCI (1.150) de toda España y de fallecidos (1.825, más de la mitad de la cifra nacional: 3.434).

Cuando los casos confirmados empezaron a crecer en Madrid a principios de marzo y las UCI comenzaron a recibir pacientes, había 641 camas. La cifra de las 1.000 era entonces como un horizonte a conseguir. El lunes se superó ese millar. La reconversión de quirófanos, unidades de reanimación y salas de recuperación, así como el uso de UCI pediátricas y la inclusión de las camas de la privada y sus correspondientes ampliaciones explicaron ese margen hasta superar las 1.050.

Pero las UCI ya duplican y en algunos casos triplican sus puestos habituales. El martes por la noche, La Paz tenía 62 pacientes en críticos cuando lo común son 20 camas; en el Infanta Sofía han pasado de ocho a más de 24; en Getafe, que suele funcionar con una unidad con 18 camas y seis específicas para quemados, van casi por las 60; y en el Ramón y Cajal, con 14 puestos, el fin de semana superaban la treintena y estos días tienen la UCI pediátrica también convertida para enfermos de Covid-19. “Se está abriendo incluso la unidad de reanimación de la UCI pediátrica”, cuenta una sanitaria de ese centro. Madrid, según una carta abierta del consejero de Sanidad, Enrique Ruiz, a los sanitarios publicada ayer, ha alcanzado las 1.500 camas de UCI.

Una facultativa que pasa jornadas de 8.00 a 18.30 sin sentarse ni ir al baño ni comer si es necesario explica que los intensivistas están acostumbrados a desestimar pacientes porque no cualquier enfermo puede soportar un ingreso prolongado, una sedación o la ventilación mecánica. “Hay que decir muchas veces que no podemos hacer nada por ellos en la UCI, pero a lo que no estamos acostumbrados es a tomar 17 de esas decisiones al día. Antes, a ese paciente le daría una oportunidad, haría la intentona, pero ya no se puede. Esa sensación de haber hecho todo lo posible no la tienes. Es muy difícil y es muy duro, pero así es”.

Relata lo mismo otro intensivista de un gran hospital de la capital: “Siempre hemos tenido que elegir si ingresamos a un paciente en la UCI en función de si puede aguantar el tratamiento y si después tendrá una calidad de vida digna. No tiene que ver con la edad”. En el centro de la crisis del coronavirus, en que las UCI “nos hemos multiplicado por dos y por tres”, asegura, “y hemos sacado dispositivos de soporte de todos lados, ahora somos más estrictos”.

“La situación es muy logística”, apunta una enfermera de UCI tras una guardia nocturna que califica de “demencial”: “Hacen falta respiradores. No es todo el rato, pero si no hay capacidad de repente, no la hay, y se mete a quien deciden los intensivistas y anestesistas en ese momento, obvio, con el espacio que hay y los respiradores que hay. Y estamos manejando muchas emociones todo el tiempo”. En esa logística, relata la facultativa antes citada, explica que la noche del martes “había hueco”, pero que no siempre es así y que cada vez lo será menos: “No puede entrar todo el mundo. Esos que hace tres semanas ingresábamos quizás con criterios más laxos, ya no podemos”.

“Seguimos ampliando camas porque los traslados se están retrasando y la alternativa es, por muy horrible que suene, dejar morir a más gente”, narra otro facultativo. “Estamos metiendo pacientes en lugares que nos permitan montar boxes de batalla, que están infradotados, es decir, que los respiradores no están preparados para pacientes graves”.

Posibilidades de salir

Esas máquinas permiten sustituir la actividad de los pulmones y deben ser específicas para esas unidades, no vale cualquier respirador. Pero ya hay hospitales que se quedan sin ellos. Un sanitario de otro centro explica que en el suyo “se limita”: “Es decir, damos por perdido un caso en UCI porque lleve varios días sin una evolución buena, en otras circunstancias el respirador seguiría donde está, pero en estas no. Se lo ponemos a otra persona que tenga más posibilidades de salir”.

Un enfermero de UCI de otro gran hospital ve, apenado y exhausto, cómo los médicos tienen que hacer una selección de los enfermos. “Cama que se queda libre, cama que se ocupa. Y si hay una persona de 70 y una de 50 eligen a la de 50”. Uno de esos médicos también apunta: “No podemos elegir a quién le damos un respirador porque ya no tenemos ninguno libre. Pero si se quedase alguno libre y hubiera dos personas, una de 70 y otra de 40, y pongamos por caso que ninguna de las dos tiene comorbilidades, tendríamos que elegir al segundo”.

Aunque no ocurre en todos los hospitales, sin la llegada del material prometido y sin refuerzos especializados, la idea generalizada es que pasará, y no de forma intermitente, en todos los centros y para todos los sanitarios que se enfrentan, cada día, a lo que ellos llaman medicina de batalla: actuar rápido y con los medios que tienen. Entonces, pronostica el primer intensivista, “el ánimo será aún peor”. “Ojalá”, dice, volver a ese momento en el que tenían capacidad para tomar decisiones: “En otras circunstancias esos pacientes podrían entrar en UCI y salir, o morir, pero tú decidirías ayudarlo con todo lo posible para vivir. Ahora no podemos”.

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