Coronavirus

Sevilla también se queda sin Feria de Abril por el coronavirus

El Ayuntamiento busca trasladar la fiesta a septiembre para limitar su impacto económico, que supone el 3% del PIB local

Labores de montaje de la portada de la Feria de Abril de Sevilla, este domingo.
Labores de montaje de la portada de la Feria de Abril de Sevilla, este domingo.PACO PUENTES (nombre del dueño)

En menos de 24 horas la pandemia del coronavirus ha obligado al Ayuntamiento de Sevilla a adoptar dos decisiones históricas de gran trascendencia económica. A la suspensión de la Semana Santa, cuyos pasos solo habían dejado de salir en 1933, este domingo se ha sumado la cancelación de la Feria de Abril la última semana del mes que viene, una fiesta que nunca se había dejado de celebrar desde que comenzara a organizarse en 1847 y que tiene un impacto económico de 830 millones de euros, el 3% del PIB local. El consistorio está estudiando trasladarla de la última semana de abril a la segunda quincena de septiembre y ha tomado esa determinación por entender que las medidas de excepción derivadas del estado de alarma impedían que las contrataciones y los gastos en los que iban a incurrir las Administraciones y los particulares fueran a desarrollarse en un entorno de normalidad sin tener la garantía de que la feria fuera a tener lugar.

Por primera vez en medio siglo Sevilla se ha quedado sin sus Fiestas de Primavera. Como en el caso de la Semana Santa, con un impacto económico de 400 millones de euros, la hostelería, hoteles y apartamentos turísticos son quienes más van a notar la suspensión de la Feria en Abril. El 80% de los ingresos del sector servicios de la ciudad se producen en esta estación del año. Su aplazamiento, si finamente se logra, podría suponer un alivio para la economía de muchas familias y negocios que viven casi exclusivamente de esta fiesta, pero para algunos el cambio de fecha no va a solucionarles nada.

“Puedes tener una feria buena o una mala, pero nunca nos hemos enfrentado al hecho de que no se realice”, afirma Cholo Jiménez, relaciones públicas y empresario sevillano. Jiménez explica que muchas familias y camareros que atienden en las casetas se piden las vacaciones esa semana para trabajar en el catering. “Aunque se aplace a septiembre, muchos no van a poder compaginarlo y en otros casos, la fecha puede coincidir con otras ferias”, explica. Un problema que también se le presenta a los grupos de flamenco que con cuatro actuaciones diarias hacen en abril su particular agosto. “Lo que cobran por actuación de media son entre 600 y 800 euros por día y puede que en septiembre ya tengan alguna boda apalabrada u otros bolos, para mucha gente esto va a ser la ruina”, aventura.

Abril y mayo constituyen la temporada alta en Sevilla. Los hoteles suelen estar casi al 90% de ocupación. Este año la feria —entre el 25 de abril y el 2 de mayo— contaba con dos días festivos, el miércoles y el 1 de mayo, lo que garantizaba una fuerte asistencia. La ocupación hotelera en abril del año pasado fue del 87,33%, tres puntos por encima de la registrada un año antes, unos números muy superiores a los de la media andaluza (65,64%) y nacional (64,88%). Los apartamentos turísticos también crecieron en porcentajes similares, situándose en casi el 80%, según los balances del Centro de Datos Turísticos de Sevilla. En 2019, durante la semana larga que duró la feria, cuatro millones de personas visitaron el Real —el recinto que acoge las casetas—.

La esperanza del aplazamiento

Mientras el Ayuntamiento trata de buscar acomodo a la feria en la segunda semana de septiembre para hacerla coincidir con otra celebración destacada de la ciudad, la feria de San Miguel, el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, ha decidido que el Real no se desmontará para evitar que se pierda la inversión realizada tanto por la Administración como por los socios de las casetas. “En función de la decoración, los camareros, los módulos [el tamaño de las casetas], el gasto medio puede rondar los 600.000 o 700.000 euros”, calcula Jiménez. A estos datos estimativos hay que sumar la cifra inevaluable de la economía sumergida y que no es desdeñable en todos los intercambios que mueve este festejo.

Su posible aplazamiento es un alivio para el sector de la moda y complementos flamencos que trabaja casi exclusivamente para la Feria de Abril. “Para nosotros estas fiestas son el eje central de nuestra economía, los diseñadores hacemos nuestras colecciones para que en el mes de abril se realicen todas las ventas posibles”, explica Jonathan Sánchez Fernández, responsable de la marca Ventura, un taller pequeño en el que además de Sánchez trabajan otras dos personas. “Pese a la suspensión, ninguna de mis clientas me ha cancelado ningún encargo y, siendo positivos, si se celebra en septiembre tenemos más margen para que más personas puedan encargarse un vestido”, señala. Para Blanco Azahar, una firma especializada en tocados florales y complementos, el 45% de sus ingresos se concentra en los meses previos a la feria. “Es el momento más importante del año, para el que trabajamos desde diciembre”, dice su responsable, Laura Romero. “Nos ha dado cierto ánimo que se hable de aplazamiento, aunque nosotros podemos compensar con arreglos para comuniones y bodas, si es que no las prohíben”, sostiene.

Además del negocio generado por los sevillanos en torno a la Feria de Abril, hay otro impulsado por los turistas, muchos de alto nivel adquisitivo, y que se desplazan hasta Sevilla atraídos por la Feria Taurina, que comienza una semana antes que la de Abril. La mayoría vienen de Francia, México o Colombia. No todos se desplazan hasta el Real, pero sí acuden a la Real Maestranza. Los rostros de los toreros confirmados para el cartel de este año ya envolvían los tranvías municipales. De momento, ellos no pisarán el albero a finales del mes que viene. La familia Pages, que gestiona la plaza, ha adelantado que el impacto económico es de 12 millones de euros, informa Antonio Lorca.

La portada de la Feria, un diseño del arquitecto sevillano Javier Navarro de Pablos inspirado en el Hotel Alfonso XIII de la capital andaluza, aún está parapetada por andamios. El Ayuntamiento espera poder iluminarla en septiembre. Si hay alumbrao significará que la ciudad ha superado la crisis del coronavirus y que relanza el impasse turístico, principal motor de su economía.

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