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ANÁLISIS i

Cambio climático: la hora del BOE

Durante mucho tiempo, las llamadas a un comportamiento más sostenible se han centrado sobre las personas y las empresas, pero conviene no olvidar el impulso legislativo

Manifestación para exigir a los Gobiernos acciones decididas contra el calentamiento, el día 20 en Nueva York.
Manifestación para exigir a los Gobiernos acciones decididas contra el calentamiento, el día 20 en Nueva York. AP

Las declaraciones de emergencia climática llegan tras intensos años en los que la crisis ambiental se ha ido agravando al tiempo que sus efectos se dejaban notar y su importancia calaba progresivamente en las conciencias.

La ciencia ha ido generando un conocimiento cada vez más rotundo y hoy ya es difícil encontrar a expertos que nieguen la existencia de un cambio climático provocado por la acción humana con consecuencias que empezamos a conocer en forma de fenómenos meteorológicos extremos y cambios profundos en las condiciones de vida de muchos territorios. Todo esto está provocando ya un incremento de las migraciones, costes millonarios y el agravamiento de las desigualdades.

De manera paralela la conciencia ciudadana ha ido creciendo gracias a la labor conjunta de divulgación, educación y sensibilización que han llevado a cabo científicos, educadores, organizaciones ambientales y comunicadores de distintos ámbitos. Conscientes de este cambio de sensibilidad en la sociedad, no son pocas las empresas que han ido incorporando progresivamente criterios de sostenibilidad tanto en sus procesos internos como en sus productos y en los mensajes de venta. En algunos casos, con voluntad real de cambio; en otros, como ejercicios de marketing fácilmente contestables.

El resultado de todo esto es que hoy, con el catalizador que ha supuesto el movimiento de jóvenes que se está movilizando en todo el mundo, hemos llegado a una cumbre especial de Naciones Unidas donde su secretario general, Antonio Guterres, ha reconocido que es momento de pasar de los discursos a las acciones concretas. De hecho, tan solo aquellos Estados que tuvieran algo que anunciar han podido tomar la palabra en la cumbre.

Las causas de este impulso hay que buscarlas tanto en la constatación de la emergencia climática que la ciencia muestra una y otra vez, como en la sensibilidad social que ya existe en torno al desafío ambiental. Es la hora de volver la mirada a la política. La crisis climática necesita de acciones individuales y del compromiso del sector privado, eso es indudable. Sin embargo, son las políticas públicas las que deben promover estos cambios y lo que es más importante, hacerlos posibles. Las políticas fiscales, financieras, de infraestructuras, agrícolas, ganaderas, y tantas otras han de alinearse para hacer frente a la crisis climática haciendo posible y viable el cambio que ya brota en el conjunto de la sociedad.

En la cumbre del clima de Naciones Unidas se han hecho alusiones continuas al liderazgo político, y si este se hiciera realidad, supondría un cambio importante en la batalla por el clima. Durante mucho tiempo, las llamadas a un comportamiento más sostenible se han centrado sobre las personas y las empresas, y ambos extremos son fundamentales, pero conviene no olvidar la potencia transformadora del BOE y su hermano mayor, el Diario Oficial de las Comunidades Europeas.

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