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España gasta en sus erasmus la mitad que en 2011

La contribución de la Unión Europea no deja de crecer, compensando el déficit de inversión nacional

Fernando Bentué (a la derecha) restaurando en la Universidad de Panteion.
Fernando Bentué (a la derecha) restaurando en la Universidad de Panteion.

Bruselas fomenta el programa de movilidad Erasmus+  porque considera que es la mejor manera de cohesionar Europa. Pero no solo: el 80% de los nuevos graduados que disfrutaron de esta beca encuentra su primer trabajo en tres meses, según un estudio de la Comisión. Por eso, desde 2011, el presupuesto no deja de incrementarse y para España se desembolsan 117 millones de euros anuales que proporcionan movilidad estudiantil —a universitarios, alumnos de FP y de secundaria— y de profesores. En cambio, España, que solo invierte dinero en los universitarios, ha reducido esta partida hasta dejarla en 29 millones de euros, menos de la mitad que en 2011 (61,3 millones), cuando Ángel Gabilondo era ministro de Educación y se alcanzó el máximo.

Los Presupuestos pactados por los socialistas y Podemos antes de las elecciones, que no fueron aprobados, contemplaban un aumento en la cuantía de cinco millones de euros, insuficiente para paliar la sangría de millones perdidos. La generosidad comunitaria compensa esta pobre partida nacional. 

En el curso 2014-2015, en plena crisis económica y con el popular José Ignacio Wert al frente del ministerio, el tijeretazo dejó este presupuesto en el mínimo, 16,3 millones invertidos, una cuarta parte de los de 2011. Desde esa fecha ha subido,pero lleva tres años estancada en los 29 millones. Los becarios del curso anterior corrieron el riesgo de quedarse sin la ayuda cuando muchos ya estaban en su país de destino. El ministro dejó caer la idea y el revuelo en Bruselas fue monumental: si los becarios bajaban, sería culpa de España porque el presupuesto comunitario, en cambio, se iba a incrementar un 4,3%. 

Fernando Bentué, de Zaragoza, se ha graduado en Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural en la Complutense, pero el curso pasado lo hizo en Atenas. Recibía 200 euros al mes —la cuantía depende del destino— y la habitación le costaba 300. "No te cubre, es una ayuda. Luego tienes que comer y vivir", cuenta por teléfono. Algunas comunidades complementan económicamente la beca, pero no es el caso de Madrid.

Ser beneficiario de una beca de movilidad Erasmus no solo posibilita la mejora en un segundo idioma o la ampliación de los horizontes de ciudadanía, sino que se gana en empleabilidad: el 80% de los nuevos graduados que disfrutaron de esta beca encuentra su primer trabajo en tres meses. Esa es una de las conclusiones del informe sobre el impacto del programa en los universitarios comunitarios elaborado por la Comisión Euuropea. El 20% de los universitarios españoles participa de este programa."El Erasmus tiene un impacto muy importante en aspectos clave en el desarrollo. En la empleabilidad tiene datos muy llamativos, se fortalece el concepto de Europa y la capacidad de trabajar con personas de otros países", ha afirmado José Manuel Pingarrón, secretario general de Universidades, en rueda de prensa este martes en Madrid. Afirma que la movilidad es "muy importante en la acción estratégica del ministerio".

El estudio concluye también que el 70% de los erasmus universitarios regresa a casa con más certezas sobre cuál será su destino laboral. Además, el 90% mejora su "capacidad para trabajar y colaborar con personas de culturas diferentes" y "considera que tiene una identidad europea".

Alberto Gavilán, director de Recursos Humanos de Adecco Staffing, lo tiene claro: “Se les valora no solo por lo obvio, el idioma, sino por su capacidad de enfrentarse a problemas. Han estado fuera de su entorno y se han visto obligados a establecer relaciones y en otra lengua”. Interesan, explica Gavilán, especialmente en grandes empresas con trabajadores de distintas nacionalidades o con negocios fuera.

Bentué, que había estudiado Griego Clásico en bachillerato, terminó hablando el griego actual y cogiendo apuntes en tres idiomas. Muchos profesores no hablaban el inglés que esperaba y tuvo que espabilar. "Visto con perspectiva, fue una experiencia de superación". A su vez hizo unas prácticas como voluntario en el Instituto Americano de Estudios Arqueológicos. A la vuelta este curso ha trabajado de profesor de inglés en una academia y tiene idea de matricularse el próximo en un máster en relacionales internacionales "inspirado por lo vivido en el Erasmus". Además, se ha apuntado a la red de antiguos becarios (Erasmus Students Network) para ayudar a la recepción de los alumnos que llegan a la Complutense. "Quiero devolver el favor que recibí. Generan comunidad".

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