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Brasil pide a Noruega y Alemania cambios en el Fondo Amazonia que frena la deforestación

Los dos países europeos son los grandes donantes de este mecanismo que ha dedicado 650 millones de euros a 103 proyectos en una década

Vista aérea de la deforestación causada en la Amazonia peruana por la minería ilegal este mes.
Vista aérea de la deforestación causada en la Amazonia peruana por la minería ilegal este mes. AFP

El nuevo Gobierno de Brasil, poco amigable con la preservación del medio ambiente, quiere cambios en la gestión del Fondo Amazonia, que financia hace una década proyectos para frenar la deforestación en esta región. Los bosques tropicales amazónicos tienen un papel vital en frenar el calentamiento global. El ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, que la semana pasada anunció que había hallado “inconsistencias en algunos proyectos”, se ha reunido este lunes en Brasilia con los embajadores de Noruega y Alemania, países que aportan casi todo el dinero de este fondo gestionado por un banco público brasileño, el Banco Nacional de Desarrollo (BNDES).

Tras el encuentro, el ministro ha comparecido en el palacio presidencial de Planalto para decir que solo se cambiarán las normas de funcionamiento del fondo “con el acuerdo de las partes”. Para el embajador alemán, Georg Witschel, ha sido un primer contacto: “Vamos a ver, a recibir, todas las propuestas por escrito” en los próximos días. El ministro ha admitido que las novedades más polémicas que plantea no han sido abordadas.

Este mecanismo ha financiado 103 proyectos —desde producción sostenible a inspecciones o registro de propiedades rurales- por valor de 650 millones de euros desde 2008. El principal donante —el fondo dispone de 1.200 millones- es a gran distancia Noruega, que condiciona la entrega de su dinero a que Brasil reduzca la deforestación y las emisiones de gases de efecto invernadero. Cuando aumentan, las ayudas noruegas quedan guardadas a la espera de que se aminore el ritmo de desaparición de bosque tropical.

El ministro Salles en São Paulo.
El ministro Salles en São Paulo. REUTERS

Noruega, que es rica desde que encontró petróleo en los setenta, ha aportado el 94% del dinero de este mecanismo de diseño brasileño en el que participan también la Administración y la sociedad civil locales. Los otros donantes son Alemania y la petrolera estatal brasileña Petrobras. El año pasado la deforestación alcanzó los 7.900 kilómetros cuadrados en la Amazonia (la cifra más alta desde 2008).

El ministro Salles, condenado un mes antes de tomar posesión por falsificar mapas ambientales, asegura que las novedades que propone pretenden abordar la deforestación desde “una visión de eficacia y pragmatismo”, según ha explicado al canal Globo poco antes de reunirse con los donantes. El presidente del BNDES ha rehusado asistir a la cita, según el ministro. Existe mar de fondo porque la responsable de gestionar en el banco público el fondo fue destituida en plena polémica.

El intento del Gobierno de Bolsonaro de hacer cambios en la gestión del fondo, creado para frenar la deforestación del mayor pulmón verde del planeta, se suma a varias iniciativas que, según denunciaron conjuntamente ocho ministros que antecedieron a Salles en el cargo, suponen desmantelar la política medioambiental de las últimas tres décadas.

La cita se produce después de que el ministro afirmara públicamente la semana pasada que su ministerio había descubierto problemas en algunos proyectos. La Embajada de Noruega en Brasilia se declaró sorprendida por aquellas declaraciones en vista de que ni la auditora KPMG ni el Tribunal de Cuentas brasileño habían detectado irregularidades reseñables. Las autoridades noruegas recalcaron entonces que consideran que “el Fondo Amazonia es una de las mejores prácticas para financiar la conservación y el uso sostenible de los bosques”.

El ministro brasileño ha confirmado que entre los cambios que planea en la gestión está que las donaciones recibidas puedan ser utilizadas para indemnizar a los propietarios expropiados en las áreas protegidas. Y ha explicado que, además, pretende reforzar la fiscalización y los sistemas de alerta.

Noruega recalca que el que el fondo se base en “una estricta monitorización realizada por instituciones científicas brasileñas, una gestión multipartita y una amplia participación de la sociedad civil” son elementos fundamentales para apoyar los esfuerzos de Brasil para reducir la deforestación. 

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