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DÍA DE LA MUJER OPINIÓN i

El compromiso de una rectora

"Hay que incorporar la perspectiva de género en todo lo que afecta a políticas universitarias en la nueva ley de universidades", opina la autora

Las rectoras de las universidades de Valencia, Jaume I de Castelló, Rovira i Virgili, del Pais Vasco, Granada, Autónoma de Barcelona y Huelva en Castellón.
Las rectoras de las universidades de Valencia, Jaume I de Castelló, Rovira i Virgili, del Pais Vasco, Granada, Autónoma de Barcelona y Huelva en Castellón.

El mundo académico no discrimina per se entre hombres y mujeres. No es más fácil llegar a catedrático siendo hombre. No existen barreras físicas, ni normas injustas. En cambio, sí existen obstáculos invisibles, prejuicios y condicionantes sociales.

Mi trayectoria personal y académica podría ser uno de tantos ejemplos. Empecé optando a una plaza de contratada cuando era funcionaria en Educación Secundaria. Elegí la universidad porque al acabar mi tesis doctoral vi la posibilidad de crear conocimiento, de descubrir nuevos caminos, de formar desde la inquietud… y esa sensación es adictiva. En aquellos momentos, también vivía la experiencia de ser madre y combinaba la lactancia materna, la crianza, con las publicaciones y las estancias en otras universidades pero no sin un gran sentimiento de culpa. He compaginado la creación de un grupo de investigación, la supervisión de tesis doctorales, y la gestión académica con la familia. En todo este tiempo siempre me sorprendió que las preguntas que me hacían por tener hijos no se las hacían a los hombres.

Puedo decir que, en mi caso, ser rectora de la Universitat Jaume I lo considero y lo vivo como un logro colectivo y recojo parte del trabajo realizado. He tenido la suerte de contar con unos estatutos escritos en femenino gracias a la Fundación Isonomia. El instituto de investigación feminista Purificación Escribano y la Unidad de Igualdad llevan años trabajando a favor de la igualdad. Se ha realizado un gran trabajo desde la investigación, la formación y la sensibilización a lo largo de estos años y hoy, después de 28 años, una mujer lidera por primera vez mi universidad. Dicho esto, mentiría si dijera que no existe el techo de cristal en la Universidad y soy consciente de ello.

Por ello, desde mi cargo siento la obligación de visibilizar retos de futuro en materia de igualdad y universidades. Así el pasado mes de noviembre, se organizó en la Universitat Jaume I la primera cumbre de rectoras de las universidades públicas. De las 55 universidades públicas, sólo ocho tienen al frente a una rectora [el Gobierno ha elegido a una octava para la Menéndez Pelayo, María Luz Morán]. Cada una hizo una valoración de los logros alcanzados en nuestras respectivas universidades y se recogieron, en la llamada Declaración de Castellón, algunas medidas necesarias para seguir avanzando en materia de igualdad. Entre las medidas propuestas destacaría las siguientes: aumentar la visibilidad de las mujeres en los órganos de gobierno; incluir a más mujeres en la distinciones universitarias como los doctores honoris causa –considerado el mayor grado académico–; incorporar medidas de discriminación positiva en los planes propios de investigación para promocionar el liderazgo de las investigadoras; contemplar en la carrera investigadora los periodos de maternidad y/o cuidado de dependientes; elaborar los presupuestos con perspectiva de género así como aumentar el presupuesto destinado a políticas de género; fortalecer las unidades de igualdad e impulsar políticas de tolerancia cero frente a las violencias machistas.

Las conclusiones de la cumbre de rectoras se han trasladado a la Secretaría de Estado de Universidades dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, que ha creado un grupo de trabajo sobre género y políticas universitarias. La finalidad del mismo es incorporar la perspectiva de género en todo lo que afecta a políticas universitarias en la nueva ley de universidades y en cuantas directrices y normas afecten a la Universidad. El grupo ya ha tenido su primera reunión, y ha propuesto, como una de las primeras medidas, que en la evaluación de los sexenios de investigación que realiza la CNEAI se contemplen los periodos de maternidad de las investigadoras. Tengo la esperanza de que esta medida se pueda incluir cuanto antes porque es una reivindicación pendiente. Los parones biológicos que tienen las mujeres debido a la maternidad suponen, en muchos casos, una traba en la carrera profesional e investigadora.

Ahora bien, a pesar de que es necesario seguir introduciendo medidas para favorecer la igualdad en el ámbito universitario, no podemos olvidar que es igualmente necesario acabar con algunos prejuicios que tienen un impacto en la trayectoria profesional de las personas. Uno de ellos es que se piensa que las mujeres son más de letras y los hombres más de ciencias. Para ello, hay que romper la brecha de género que persiste desde hace años en los ámbitos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, conocidos como los ámbitos STEM por sus siglas en inglés. Urge acabar con esta brecha porque supone excluir de la ciencia a una parte importante de la sociedad, a las mujeres. Esta brecha no solo perjudica a las mujeres, sino que afecta a toda la sociedad, porque con ella se renuncia a una parte importante del talento. Un talento que desaprovechamos, como también desaprovechamos el impacto que este talento tendría para mejorar nuestra sociedad.

Tal vez también ha llegado el momento de detectar y nombrar las resistencias ocultas existentes y replantearnos si se reconoce y respeta el cargo que ostentamos de la misma manera que se le respeta a un hombre. En otras palabras, ¿se dirigen a nosotras todavía con cierta autoridad ofensiva? Si es así, además de las medidas necesarias para avanzar en igualdad, necesitamos detectar y responder a estas resistencias ocultas que también existen en la Universidad. De no hacerlo, resulta difícil aseverar que la igualdad sea una realidad en el entorno académico. Exponer y evidenciar estas resistencias ocultas es parte del compromiso que, desde mi cargo, he adquirido para avanzar hacia una universidad justa, igualitaria y respetuosa.

Eva Alcón es rectora Universidad Jaume I

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