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El obispo de Astorga sobre un cura abusador: “Tengo que cuidarlo porque es un sacerdote ¿no?”

Juan Antonio Menéndez, presidente de la comisión antipederastia, se compadece de un cura pederasta en una grabación oculta durante una reunión con afectados

Grabación oculta del obispo de Astorga, Juan Antonio Menéndez.

Cuando Javier recibió en 2017 la carta del obispo de Astorga y actual presidente de la comisión antipederastia de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Menéndez, comunicándole que el sacerdote que había abusado de él a finales de los ochenta, José Manuel Ramos Gordón, solo había sido condenado a un año de apartamiento como párroco, sintió que “el infierno” que había vivido para denunciar su caso ante el Papa y buscar justicia en el obispado había sido en balde. Tampoco le sirvió quejarse a Menéndez. Decidió, entonces, contarlo todo a los medios. Una treintena de antiguos seminaristas del seminario leones de La Bañeza (centro donde sucedieron los abusos) salieron a la calle para apoyarle y protestar contra "el encubrimiento" y el silencio que la Iglesia había seguido durante su proceso canónico y contra la pena de Ramos Gordón. En plena ebullición mediática, Menéndez accedió a reunirse con varios de los exseminaristas para responder a sus preguntas y escuchar sus sugerencias. Uno de los asistentes grabó toda la conversación. Entre otras afirmaciones, el prelado de Astorga confiesa en la cita sentirse apenado por el condenado. "[Ramos] Está profundamente arrepentido. La verdad es que da pena. Yo, que estoy en la casa sacerdotal y me encuentro con él, pues es un hombre humillado. Humillado y ciertamente, pues, está muy mal. Yo también tengo que cuidarlo porque es un sacerdote ¿no? En fin", confiesa Menéndez en el audio.

Las noticias que, desde ese año, han rodeado al obispo de Astorga han cincelado dos caras de una misma moneda. Por un lado, Menéndez ha sido el primer obispo español en redactar el protocolo antiabusos más rígido de las 70 diócesis –que obliga a comunicar los casos a la justicia– y ha creado la primera delegación episcopal para atender a las víctimas. Por otro lado, silenció a la opinión pública el apartamiento de Ramos Gordón, permitió que Tábara, el pueblo zamorano donde oficiaba, le hiciera un homenaje mientras cumplía la condena. También consintió que el condenado oficiara dos mismas en la zona y mantuvo durante dos años a otro sacerdote investigado por varias denuncias abusos, Ángel Sánchez Cao, en su parroquia de Ourense.

El obispo justifica en las grabaciones que no pudo “ir más allá” con la condena que le impuso a Ramos Gordón y se asegura que se atiene “a la pena justa que pone el código canónico” para dichos casos. No obstante, un año después, cuando otra víctima denunció de nuevo al sacerdote por abusos a principios de los ochenta en el colegio Juan XXXIII de Puebla de Sanabria (Zamora), Menéndez le apartó 10 años a un monasterio fuera de Astorga. No es la pena más grande. En 2014, la diócesis de Mallorca expulsó del sacerdocio al cura Pere Barceló por abusar de una menor en los años noventa.

“He llegado hasta el extremo: que este señor me pidiera la jubilación. Y lo he jubilado. En adelante no va a desempeñar ningún cargo de responsabilidad en la diócesis”, afirmó a los seminaristas en la reunión. No obstante, fuentes del obispado han confirmado a EL PAÍS que hasta finales de 2018, Ramos Gordón ha estado ejerciendo las funciones de director de la casa sacerdotal de Astorga.

En la sentencia, el obispo admite que Ramos abusó de cuatro menores. El caso también se encubrió. Las víctimas se lo contaron el director del seminario Gregorio Rodríguez (fallecido) y luego al tutor de sexto curso Francisco Javier Redondo, este último confesó en el juicio que únicamente trasladó lo sucedido a Rodríguez. El obispo justifica la acción de Redondo, hoy vicario de Ponferrada. "Él ya no puede hacer más. El rector es la última palabra", dijo en la reunión. Por otro lado, según el derecho canónico, la máxima autoridad para un sacerdote es su obispo y, en última instancia, el Papa. Por lo que, según indican varios vicarios judiciales consultados por EL PAÍS, Redondo tuvo que acudir al obispo de entonces para contar lo sucedido. Menéndez insiste en la cita que la actuación del tutor de sexto "ha sido juzgada por la Congregación" y que él no tiene más que decir.

El caso de Javier no fue juzgado por Roma, sino por el tribunal eclesiástico de Astorga y fue Menéndez el que decidió la pena de Ramos Gordón y exculpó a Redondo era culpable de encubrimiento. Así consta también en la carta informativa firmada por el obispo: "He ordenado que se ejecuten las medidas que yo mismo había establecido el 10 de febrero de 2016 y que fueron ratificadas por la Congregación de la Doctrina de la Fe". Por lo que, fue el obispo y no la Congregación, como asegura, quien estimó que el tutor de sexto actuó bien en su día. "Nos parece deleznable que no se haya castigado a los encubridores. Sabemos que hubo más de uno", comenta un portavoz del grupo de exseminaristas.

Menéndez insinúa en las grabaciones que el obispo de entonces, Antonio Briva, trasladó a los pocos meses a Ramos Gordón a la parroquia de Tábara. No obstante, el cura permaneció un curso más en el centro de La Bañeza. El grupo de exseminaristas afirma que tiene constancia de que Ramos Gordón abusó de una víctima más durante ese año y que está pensando en denunciar su caso.  "Hay, mínimo, una decena de víctimas más que fueron abusadas por Ramos Gordón. Ha sido un auténtico depredador sexual que le ha robado la infancia a muchos niños y les ha marcado la vida para siempre", asegura el portavoz. En dicha reunión, los seminaristas se ofrecieron a colaborar con sus relatos de lo que vivieron y supieron durante sus años de estudios. Se ofrecieron a dar su testimonio para que el obispado las utilizase para investigar los abusos en la diócesis. Pero, según cuentan, Menéndez no se volvió a poner en contacto con ellos.

Tanto en la reunión como en declaraciones públicas, el obispo de Astorga siempre ha afirmado sentirse dolido por el sufrimiento de las víctimas. No obstante, los afectados de la pederastia exigen que condene a los abusadores y que nos lo sitúe al mismo nivel que a las víctimas. “Yo lo llevo con mucha pena y mucho dolor por todos. Por los que han sido abusados, que han sido víctimas, y también por los sacerdotes que en aquel momento han seguido y están metidos, a lo mejor, en ese rollo, que incluso, a veces, no pueden salir de él”, admite en el audio.

Si conoce algún caso de abusos sexuales que no haya visto la luz, escríbanos con su denuncia a abusos@elpais.es

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