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“La panza del avión nos deja sin habla”

Una familia de hosteleros de Palma llama al 112 cuando los aviones vuelan muy cerca de sus casas

Marga Mayol ha crecido entre turistas, al lado de la playa de Palma y cerca de la cabecera del aeropuerto de Mallorca. En su móvil dispone de una aplicación para medir los decibelios que emiten los aviones al despegar desde las pistas de Son Sant Joan que cada año tienen más de 170.000 vuelos. En el ordenador, tiene programado un acceso directo a la página WebTrak que ha dispuesto la empresa pública AENA en todos los aeropuertos y que permite identificar a todos los aviones en vuelo: por su matrícula, ruta y altura —más intensidad de la huella sonora— y canalizar, así, de manera concreta posibles quejas y reclamaciones por el nivel de ruido en un episodio concreto.

“El barrio estaba ya aquí antes de que existiese esa mole gigante, inevitable [con 22 millones de pasajeros al año]. Está claro que ha de seguir pero cumpliendo normas de los vuelos, respetando la calidad de vida de los vecinos y las sentencias”, explica Catalina Amengual, la madre de Marga Mayol en el Hotel Balear, propiedad de la familia desde 1967, sito en el núcleo turístico de can Pastilla.

“Al aterrizar, los motores rugen menos, pero algunas veces, a las dos de la madrugada nos hemos despertado alterados por un vuelo bajo. Le vemos la panza muy cerca, crea un escándalo horrible, y nos deja sin habla. Entonces llamo a Emergencias 112 e insisto. Los últimos años ha sido efectivo, se han parado los problemas”, explica Amengual, que recuerda las pugnas legales y protestas, con una histórica manifestación de vecinos y comerciantes de su barrio que bloqueó la terminal del aeropuerto. Hace tres décadas —y ahora— se choca por el uso por las aeronaves de la segunda pista del aeropuerto, una ampliación.

La familia Mayol se ha inquietado este invierno porque por la frecuencia de los vuelos ruidosos en esta pista. Acudieron a asesorarse con el abogado Agustí Cerveró. “La incapacidad real para controlar los ruidos nace de la falta de medios y, sobre todo, de la ausencia de autoridad efectiva de la Ayuntamientos que tienen la competencia de esa incómoda contaminación”, señala Cerveró.

Alrededor del aeropuerto de Palma, en un radio de más de 10 kilómetros, AENA tiene terminales y micrófonos abiertos para la “visualización de los niveles de ruido”.

 

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