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“Los galeristas ya solo aspiramos a sobrevivir”

El nombre de este periodista jienense está ligado a la cultura española desde mediados de los años cincuenta

“La subida del IVA al 21% fue la puntilla”, dice el galerista. Ampliar foto
“La subida del IVA al 21% fue la puntilla”, dice el galerista.

El nombre de Miguel Fernández-Braso (Villanueva del Arzobispo, Jaén, 1940) está ligado a la cultura española desde mediados de la década de los cincuenta, poco tiempo después de trasladarse con su familia a Madrid para, como tantos entonces, buscar una vida mejor. Hijo de una familia de clase media venida a menos, el latín que durante tres años aprendió en el seminario le sirvió para sobrevivir en los primeros tiempos hartándose de dar clases particulares. Pero muy pronto, el joven que a los 20 años no había entrado jamás en una galería de arte, empezó a meter el pie en el mundo cultural a través del periodismo y de los artículos y entrevistas que le publicaban en las páginas del diario Pueblo y Abc.

Sentado en la cafetería de un hotel próximo a la galería que lleva su nombre, recuerda que en aquellos años de censura, las secciones de cultura eran un mundo aparte. “Yo creo que los censores no las leían porque los artistas no reprimían mucho lo que pensaban”. Puede que fuera la proximidad con la creación más rompedora de aquellos años (los artistas de El Paso y afines) la que le animara a montar su primer negocio, en 1971. Fue la librería-galería Rayuela, en la calle Tudor de Madrid, un lugar de peregrinación para los progres de la época. Pocos años después, en 1975, creó Guadalimar, una revista bimestral dedicada a las artes plásticas que se convirtió en la única manera de conocer a artistas como Palazuelo, Saura, Sempere, Martín Chirino o Tàpies.

Hotel Wellington. Madrid

  • Dos cafés con leche.
Total: 11 euros.
La revista duró 27 años y le trajo muchas alegrías y más de un disgusto, como el secuestro del número 10, por la inclusión de un dosier sobre erotismo, arte y política. “Lo peor fue que la retirada de aquel número nos hizo entrar en unas pérdidas que arrastramos hasta que la revista dejó de publicarse. El escándalo fue porque incluíamos las fotografías de Marisol desnuda de cintura para arriba, ya publicadas en Interviú, algo que ven los niños pequeños y no se sorprenden”.

Pero aunque la revista dejara de publicarse, su actividad siguió unida al arte a través de la galería Juan Gris y después, de Fernández-Brasso. Bajo el sello de Guadalimar ha seguido editando libros. El último, Memoria menor, está escrito por él y salda una cuenta pendiente consigo mismo. Son las memorias de su infancia, de sus primeros 10 años de vida, contadas a su hermano José Luis, un niño que murió con solo 14 meses porque entonces la penicilina no llegaba a tiempo a los pueblos como en el que ellos vivían. Es un homenaje al hermano y una descripción sin paños calientes de la España de posguerra en un pequeño pueblo de Andalucía. “Al escribir me he quitado una losa que me oprimía. Otros van al psiquiatra, yo he preferido hurgar en mis recuerdos de manera implacable”.

Pese a todo lo vivido y a las dificultades sorteadas, Fernández-Braso está muy preocupado por la voracidad de esta crisis que está acabando con tantas cosas. “Yo he vivido tres crisis. La de los noventa fue salvaje, pero breve en el tiempo. La de ahora ya dura demasiado y no se ve el final. Como en las demás galerías, en la nuestra apenas se vende. La subida del IVA al 21% el año pasado fue la puntilla. Han dejado a España fuera del mercado internacional. Ya no aspiramos a ganar, sino a sobrevivir”. Una vez más.