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ANÁLISIS

Los primos de Erasmo

Posiblemente no haya existido otra medida más eficaz para fomentar el espíritu europeo, la libertad de pensamiento, la tolerancia, el amor a la humanidad y la libertad que defendía Erasmo de Rotterdam, que la puesta en marcha de Erasmus. Un programa dirigido a fomentar la movilidad de los estudiantes dentro de la Unión Europea que ha conseguido en poco tiempo convertirse para una generación de estudiantes en sinónimo de Europa.

Con Erasmus vuelve a tener sentido parafrasear a Churchill en sentido figurado: “Nunca tantos han compartido y aprendido tanto por tan poco”. En esta época de crisis, constantemente golpeados con el hacer más con menos, Erasmus es el modelo de hacer mucho con muy poco. Con escasos recursos aportados por la Unión Europea, junto con no muchos de las universidades y mucho de las familias, los estudiantes universitarios empezaron a conocer e identificarse con Europa. A romper barreras idiomáticas, culturales, a perder el miedo a lo desconocido e interesarse por lo nuevo, por lo diferente y a compartir en un mundo global.

La pérdida de Erasmus supone un perjuicio global para Europa que se agrava de manera especial en España: porque nuestros políticos de finales de los ochenta contribuyeron de manera firme y decidida a implementarlo; porque España es el país que más universitarios aporta y recibe de Erasmus; y porque los españoles estamos entre los ciudadanos que más creemos en Europa. Y porque como ya decía Pio Baroja, “el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando” y Erasmus es la vacuna que lo previene, significa el viaje a la globalización con el respeto y la valoración de la diversidad. Será muy triste e imperdonable que ¿el olvido de un sueño? o ¿la oportunidad perdida? sean la respuesta que muchas de las parejas que tienen Erasmus como padrino tengan que dar a las próximas generaciones.

Carlos Martínez, biólogo, fue secretario de Estado del Ministerio de Ciencia e Innovación.