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Un trasvase en superlativo

China comienza las obras para transferir hasta 45.000 metros cúbicos de agua del Yangtsé al sediento norte, donde satisfará las necesidades de 400 millones de personas.

China acoge a un 22% de la población mundial, pero sólo cuenta con el 7% de las reservas hídricas del planeta. Además, basta con dejarse guiar por el olfato para intuir que las aguas que discurren por el gigante asiático están muy lejos de resultar ideales. Un vistazo confirma esa sucia realidad: los ríos discurren turbios, marrones, y sirven de vehículo para una multitud de objetos flotantes procedentes de hogares e industrias carentes de la más mínima ética medioambiental.

En algunos puntos, el Yangtsé, tradicionalmente una arteria vital para el país, está tan contaminado que sus aguas no sirven para consumo humano ni siquiera después de haber sido tratadas. Los peces, bromean algunos, tienen tal cantidad de metales pesados que pueden ser pescados con imanes. Hay que remontar el río hasta el Tíbet para encontrar agua limpia, y el techo del mundo cada vez recibe menos precipitaciones.

La sequía y las inundaciones son dos efectos extremos de una situación que ya se ha hecho crónica en China. El norte muere de sed y ve cómo el desierto avanza sin piedad, mientras que el sur se ahoga en temporada de lluvias y se cuartea cada vez más a menudo. La agricultura sufre, los precios de los alimentos se disparan, y millones de personas pierden intermitentemente el acceso a agua potable. Según datos oficiales, el Gran Dragón cuenta actualmente con 2,8 billones de metros cúbicos de agua, de los que sólo 840.000 millones pueden ser utilizados. La demanda actual es de unos 560.000 millones de metros cúbicos anuales, que se disparará con el crecimiento de megaciudades que han secado acuíferos subterráneos milenarios, poniendo incluso en peligro la estabilidad de la tierra, que cede ante el peso de las construcciones.

Si la sed continúa creciendo al ritmo actual, en una década China no tendrá qué beber. "Además, la mayor parte de las instalaciones purificadoras son viejas y no están preparadas para hacer frente a la polución actual, con lo que se corre el riesgo de un aumento de enfermedades", admitió en una rueda de prensa el viceministro de Sanidad, Chen Xiaohong.

Para hacer frente a esta crítica situación, ya hace medio siglo que el gobierno de Pekín delineó un plan nacional denominado Trasvase sur-norte. Pero la China de Mao no contaba con los medios para llevarlo a cabo. Ahora, convertida en segunda potencia económica mundial, ha dado comienzo a las obras y el proyecto, que cuenta con tres rutas diferentes para el transporte del agua, estará acabado a mediados de este siglo. Actualmente se está trabajando en las dos primeras fases, que estarán operativas entre 2013 y 2014 y que incluyen la construcción de casi 5.000 kilómetros de canales. A su lado, el Plan Hidrológico Nacional español es un juego de niños, una nadería.

Una vez más, China se viste el superlativo para dar solución a sus graves problemas estructurales. Conectará cuatro de los principales ríos del país, y desviará nada menos que 44.800 metros cúbicos (4,48 billones de litros) de agua al año, sobre todo del río Yangtsé, al norte. Será el mayor trasvase de la historia,y tendrá un precio muy elevado, que va más allá de los 47.000 millones de euros de su factura económica -el doble de lo que ha costado la presa de las Tres Gargantas-. Habrá que reubicar a un total de 400.000 personas, y el impacto ecológicoes tan importante que ni siquiera las organizaciones ecologistas más agresivas, como Rivers International, se atreven a predecir sus consecuencias. Pero, si se cumple la teoría de los dirigentes del país, solo de esta forma es posible dar de beber unos 400 millones de personas.