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Ana María Tribin, economista del Banco Mundial: “Una cuota de género en las juntas directivas ayudaría a las mujeres a igualarse”

La experta, que ha presentado en España el informe ‘La mujer, la empresa y el derecho en 2024′, habla de políticas de igualdad en la empresa, su efectividad y en qué fallan los países a la hora de ponerlas en práctica

Ana María Tribin
La economista del Banco Mundial Ana María Tribin en una fotografía cedida por la Fundación Ramón Areces.
Luis Alberto Peralta

Ana María Tribin (Bogotá, 43 años) asegura que ha hecho de todo. Tras terminar un doctorado en economía en la Universidad de Brown, trabajó en el Banco Central de Colombia, donde se especializó en género e inmigración. También participó como alta consejera presidencial en Colombia durante el Gobierno de Iván Duque (2018-2022), donde pudo poner en práctica las políticas públicas de las investigaciones en las que había trabajado. Esta experiencia la ha llevado a su actual puesto en el Banco Mundial, donde ha ayudado a confeccionar el informe La mujer, la empresa y el derecho en 2024, la décima edición de un estudio anual que miden las oportunidades económicas de las mujeres en 190 economías.

Este estudio, que Tribin presentó la pasada semana en la Fundación Ramón Areces de Madrid, incluye nuevos factores como la seguridad y el cuidado infantil en el análisis de las barreras legales que pueden enfrentar las mujeres para lograr la igualdad laboral y en el mundo empresarial. “Si hay una restricción en la ley, no hay nada que hacer. Por más que se hagan cambios en la cultura, las personas no van a poder tener acceso”, sentencia en conversación con EL PAÍS.

Pregunta: El informe recoge que las mujeres tienen solo dos tercios de los derechos ¿A qué se refiere esto específicamente?

Respuesta: Estamos mirando en diferentes indicadores o áreas si existe la legislación necesaria para que se alcance la igualdad. Solo existen dos tercios de esta legislación globalmente. Solo existen el 40% de los marcos de apoyo que se necesitan. Las brechas de implementación son grandes en todos los países.

P: ¿Cómo varía esto geográficamente?

R: Se puede ver por regiones o por ingreso. Si nos concentramos en el segundo factor, según el ingreso aumenta en los países también sube su puntaje en la parte legal y de implementación. Sin embargo, esto puede variar mucho. Por ejemplo, América Latina tiene buena puntuación legal, pero una gran brecha respecto a implementación. Esto muestra que se encuentran barreras que cuando se quieren poner en práctica las políticas.

P: ¿Por qué ocurre que en algunos países sí existan las leyes, pero estas no se implementen?

R: Es costoso tener los marcos de apoyo. Muchos países no tienen los datos desagregados porque cuesta. Solo 46 países de los 190 del estudio, por ejemplo, tienen estadísticas sobre el uso del tiempo. Si uno sabe cuanto tiempo están gastando las mujeres en cuidado no remunerado, sabe también si se pueden liberar para salir al mercado laboral.

Por otra parte, solo el 35% de los países tienen datos desagregados sobre emprendimiento, empresas y quién es la cabeza de las firmas. Si uno no tiene esos datos, no se puede saber si la ley está logrando algo. Otro [indicador] muy interesante es el de discriminación en el empleo. Muchos países tienen la ley de no discriminación, pero solamente 76 disponen de un mecanismo para poner las quejas.

P: España tiene una calificación particularmente alta en estos campos ¿Qué la diferencia de otros organismos de la OCDE?

R: España tiene un 90% de la legislación necesaria para lograr la igualdad. Le falta que en la legislación sobre violencia doméstica se incluya la violencia económica. Tiene todo sobre violencia física y psicológica, pero esto hace falta. En términos de cuidado infantil, tampoco tiene ninguna regulación sobre la calidad. Cuando miramos en la implementación vemos que no hay ningún reporte de qué tan buenos son los jardines infantiles. A pesar de que tengas todo lo demás, si una madre no sabe cómo de bueno es el cuidado, es posible que decida salir del mercado laboral y no asumir ese coste.

Si uno sabe cuanto tiempo están gastando las mujeres en cuidado no remunerado, sabe también si se pueden liberar para salir al mercado laboral

P: En el estudio se menciona también un factor empresarial. ¿En qué consiste?

R: Aquí se consideran los obstáculos que existen para que las mujeres se desarrollen como empresarias o directivas, o la capacidad para llevar a cabo actividades empresariales. A veces uno no se da cuenta de la cantidad de restricciones que hay para las mujeres en otros países. Por ejemplo, hace poco se hizo una reforma en Belice para que las mujeres puedan sacar pasaporte igual que los hombres. En Surinam las mujeres no pueden abrir cuentas bancarias. Otro factor es la discriminación de acceso a crédito por el género. Hay muchas regiones en las que todavía no existe la prohibición a esta práctica. También se evalúan las cuestiones de género en cuanto a las adquisiciones públicas y la presencia de mujeres en las juntas directivas.

P: ¿Qué tipo de limitaciones tienen las empresarias en España?

R: En España, por ejemplo, todavía no hay la obligación de cuota de género en juntas directivas. Esto ayudaría a las mujeres a igualarse rápidamente. Después de todo este tiempo, únicamente se llega al 40%.

P: A menudo se habla de la exclusión de las mujeres de los sectores como la ingeniería o las ciencias, ¿impacta esta segregación?

R: En todas partes del mundo hay segregación en el trabajo. Los hombres están más en las industrias y las mujeres más en los servicios. Esto crea ciclos en que las mujeres terminan estudiando este tipo de carreras y ganando menos. Hay que empezar a mirar como hacer para que las personas no decidan elegir una carrera por ser hombre o mujer sin importar sus habilidades.

Ana María Tribin, economista senior del Banco Mundial, en una fotografía cedida por la Fundación Ramón Areces.
Ana María Tribin, economista senior del Banco Mundial, en una fotografía cedida por la Fundación Ramón Areces.

P: A esta situación ahora se le suma un nuevo factor que es la inteligencia artificial. ¿Cómo piensa que esta tecnología influirá la situación actual?

R: No lo sabemos. Hay una publicación del economista Daron Acemoğlu que es un poco pesimista en torno a esta tecnología. Advierte que, si no se regula bien, puede terminar haciendo los trabajos más precarios. Menciona también que los trabajos en los que predominan las mujeres son muy difíciles de reemplazar por la inteligencia artificial. Puede que estos empleos terminen siendo los mejor remunerados. Creo que toca buscar que todas estas herramientas estén a nuestro favor, no luchar contra ellas.

P: La crisis demográfica es otro elemento que afectará al mercado laboral ¿Puede la paridad de género ayudar con este problema?

R: Uno de los indicadores son las pensiones. Muchos países tienen diferencias entre la edad de jubilación. Si las mujeres se tienen que jubilar antes, se les saca del mercado laboral antes de alcanzar el rango de edad en que los salarios son mejores. En muchos lugares, las pensiones son inferiores a los salarios y esto ocasiona que las mujeres no puedan recolectar todo el dinero. Eso es un problema para que alcancen una mejor calidad de vida. El cuidado de adultos mayores es otro problema. Si uno saca a las personas del mercado muy temprano y no se les da buenas condiciones, su calidad de vida cae muy rápidamente.

P: ¿Qué cosas se puede aprender de países como Japón o Corea que ya viven la crisis demográfica?

R: Cuando uno mira los trabajos académicos sobre estos países, se encuentra que las mujeres jóvenes no quieren tener casarse o tener hijos por el sacrificio que representa. Cuando una mujer tiene hijos, los tiene que cuidar y eso representa rezagarse en términos profesionales. El mercado castiga a las mujeres por tener hijos y cuidarlos. Por eso en las nuevas generaciones están postergándolo o simplemente decidiendo no tenerlos.

P: ¿Qué problema de la situación laboral de las mujeres no se pueda ignorar más?

R: No se puede ignorar más que las mujeres tienen dos tercios de los derechos que tienen los hombres a nivel global. Cuando miramos los marcos de apoyo que se necesitan para hacer cumplir las leyes, esta cifra es únicamente del 40%. Se tiene que invertir en datos. Necesitamos saber qué está pasando para hacer políticas informadas.

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