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Pedro Sánchez prepara un Gobierno de perfiles más políticos

El Ejecutivo cree que la dureza de la oposición acabará beneficiándole

gobierno pedro sanchez
Desde la izquierda: María Jesús Montero, Fernando Grande-Marlaska, José Luis Ábalos e Isabel Celaá, el pasado martes en el Congreso.

El PSOE vive aún en la euforia de la investidura, pero en La Moncloa están en otra cosa. Pedro Sánchez y su equipo de máxima confianza, en medio de un hermetismo total, rematan en estos días el diseño de un Ejecutivo en el que hay más incógnitas que certezas, pero todas las fuentes consultadas asumen que habrá cambios importantes en todos los niveles y sobre todo que tendrá más peso político que el actual.

Los dirigentes consultados señalan que prácticamente todas las personas con las que ha hablado el presidente le han trasladado un mensaje similar. Por delante se presenta una legislatura muy complicada, en la que Sánchez tendrá que hacer frente a una oposición brutal. Y al mismo tiempo convivir con Unidas Podemos, que ha buscado perfiles muy políticos para sus ministros —con la única excepción del catedrático Manuel Castells—. En esas circunstancias, dirigentes del PSOE creen que sus ministros no podrán responder tanto a la idea del “Gobierno bonito”, como calificaron en algunos sectores a su primer Ejecutivo, sino que deberá estar más preparado para hacer política, tener colmillo para resistir los embates de la oposición y a la vez capacidad de negociación, porque cualquier reforma necesitará del concurso de una decena de partidos, si no más. Estos son los análisis que circulan en el PSOE y en el Gobierno, donde se multiplican los nervios ante la posibilidad de que algunos ministros no sigan la próxima semana.

Certezas no hay ninguna, porque el presidente mantiene en total secreto sus planes con el mínimo equipo de su Gabinete, entre los que destacan el jefe de gabinete, Iván Redondo, y el secretario general de la Presidencia, Félix Bolaños, las dos personas clave del equipo de Sánchez. Lo que no está claro aún es quien puede reforzar ese peso político, ya que personas muy destacadas del núcleo duro de Sánchez, como Adriana Lastra o Santos Cerdán —los dos únicos del corazón del poder que no están en el Ejecutivo, donde sí seguirán Carmen Calvo y José Luis Ábalos, otros pesos pesados— no parece que vayan a incorporarse. Ambos tienen encargos importantes -—el grupo parlamentario ella y el partido él—- aunque nada es seguro hasta que llegue el anuncio. El presidente tiene también la opción de tirar de las autonomías, como hizo en 2018 con María Jesús Montero, entonces consejera de Hacienda de Andalucía y hoy un personaje en claro ascenso al que muchos en el PSOE colocan como la nueva portavoz del Gobierno, otra muestra de que se busca más peso político. Otros presidentes anteriores hicieron ministros a barones autonómicos, algo que siempre tiene el riesgo de descabezar esa comunidad pero a cambio garantiza ese mayor perfil político. El mejor colocado si Sánchez optara por esa línea sería el extremeño Guillermo Fernández Vara, aunque hay otras posibilidades.

Sánchez tuvo que improvisar en pocas horas su último Ejecutivo, después de una moción de censura a la que él mismo le veía pocas posibilidades de éxito solo una semana antes. Esta vez no pasará lo mismo. Lleva mucho tiempo dándole vueltas a su nuevo equipo, y aún se ha tomado unos días más, lo que ha desconcertado incluso a personas del máximo nivel que estaban convencidas de que estaba todo listo para empezar hoy.

Sánchez ha decidido finalmente despejar toda su agenda para concentrarse en cerrar un Ejecutivo muy potente que sorprenda tanto o más que el de 2018, que causó inmediatamente un impacto muy positivo, aunque luego todo empezó a complicarse con dos escándalos que hicieron dimitir a dos ministros —Màxim Huerta y Carmen Montón— en pocas semanas. Este viernes no habrá Consejo de Ministros, algo absolutamente inusual —se han hecho durante meses en funciones— y se esperará a la próxima semana, ya con los nuevos ministros nombrados, para tomar las medidas clave de arranque, sobre todo la subida de pensiones y del salario mínimo. Es posible que se hagan dos consejos esa semana, uno casi de conformación del Ejecutivo y otro en el que ya se tomen las medidas que marcarán el arranque de un nuevo ciclo político. El Gobierno está sorprendido por el tono durísimo de la oposición, que le considera ilegítimo por haber apoyado la investidura de Sánchez en las abstenciones de ERC y EH Bildu. Pero paradójicamente, algunos ministros y dirigentes del PSOE creen que estos excesos pueden beneficiarles, como sucedió entre 2004 y 2008 cuando José Luis Rodríguez Zapatero consolidó su mayoría entre otras cosas gracias a la virulencia de la oposición, lo que llevó a Mariano Rajoy a cambiar por completo de estrategia en 2008.“Se van a quedar sin discurso en seis meses”, pronostican en La Moncloa.

Mucho más les inquieta lograr que funcione el primer Gobierno de coalición desde la Segunda República y sobre todo la convivencia con Pablo Iglesias, un experto en comunicación que desde el primer minuto ha empezado a ocupar espacio con su papel en el debate, sus lágrimas al final, los nombres de sus ministros, que ya se conocen todos, y hasta su jefe de gabinete. También con sus primeras entrevistas frente a un Sánchez que lleva semanas sin atender a la prensa. Todo esto está encima de la mesa del presidente, pero en su entorno están convencidos de que el nuevo Gobierno responderá a todas esas inquietudes y mostrará la capacidad de Sánchez de reinventarse y salir airoso de este último desafío, el de hacer un Gobierno que guste y dure. La respuesta llegará en pocos días.

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