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El vértigo del PSOE y Podemos ante una repetición electoral empuja hacia el acuerdo

El discurso más suave de Adriana Lastra y la abstención de Podemos cambiaron el ambiente en el Congreso

La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, hace unas declaraciones en el patio del Congreso.

El vértigo a una repetición electoral, que se ha extendido no solo en Podemos, sino también en el PSOE, juega a favor de la posibilidad de un acuerdo a última antes de la definitiva votación del jueves, a partir de las 14.15. Hay muchas presiones de todo tipo para que haya acuerdo y a ellas se ha sumado el PNV, ERC y Compromís. Aun así, la negociación todavía no ha avanzado, aunque se han retomado los contactos entre Carmen Calvo y Pablo Echenique, y este miércoles habrá una nueva reunión. 

El fantasma de las nuevas elecciones el 10 de noviembre, que ha recorrido el Congreso durante dos días —el propio presidente lo ha citado varias veces en casi todas sus intervenciones—, sumado a los movimientos estratégicos de Podemos, que se empeña en lanzar el mensaje de que ellos están dispuestos a buscar un acuerdo hasta el final, está logrando el efecto de darle la vuelta a la tortilla y presionar para que haya un último intento de llegar a un pacto.

El ambiente en el Congreso fue muy diferente este martes, sobre todo después del discurso de Adriana Lastra, portavoz socialista y persona de absoluta confianza de Sánchez. Tanto en el PSOE como en Podemos hay presiones internas y externas y división de opiniones, como es normal en una situación de tanta tensión. Iglesias decidió la abstención y no todos estaban seguros en Unidas Podemos. Sánchez ha optado por un discurso duro y no todo el mundo lo ve tan claro. Algunos consultados habrían preferido que el presidente utilizara más el tono de Lastra, aunque creen que todo se endureció como respuesta a Iglesias. La renuncia de Sánchez a la última réplica salvó los muebles, dicen, porque el enfrentamiento habría empeorado.

En Podemos se ha instalado la idea de que en La Moncloa, con Iván Redondo a la cabeza, se ha optado por forzar una repetición de elecciones, algo que el entorno del jefe de Gabinete niega rotundamente. También en el PSOE algunos cuadros piensan que en La Moncloa son demasiado optimistas al imaginar que ese escenario de repetición favorecería tanto a los socialistas, porque los bloques se mantendrían o mejoraría el de la derecha si hay una gran abstención de la izquierda.

Evitar la repetición

Estos días son todo especulaciones internas, pero algunos diputados señalan que la enorme mayoría del grupo socialista quiere evitar a toda costa la repetición electoral, aunque haya que hacer concesiones. Eso sí, en el PSOE ya no existe ni sector crítico ni nada parecido, nadie se mueve para presionar y todos los dirigentes asumen que Sánchez tiene las manos libres para negociar como quiera. Pero hay opiniones.

Por eso al escuchar a Lastra y ver la abstención de Podemos varios diputados consultados pensaron que aún había una oportunidad y se alegraron. Pero todo depende de una compleja negociación con Podemos. El presidente dejó claro en el pleno que no tiene intenciones de ir mucho más lejos en su oferta a Iglesias y repitió que es eso o “votar con la extrema derecha”.

Algunos que le conocen creen que lo hace para presionar y negociar mejor. Otros señalan que la desconfianza con Iglesias le hace pensar en la repetición de elecciones como un escenario posible. Todos tenían este martes presiones en todos los sentidos. Pero las que apretaban a favor del acuerdo se hicieron por un día más fuertes. Este miércoles es el día clave.

Después de la reunión de la cúpula sanchista en el Congreso, que terminó a las 18.00, con Sánchez, Carmen Calvo, Adriana Lastra, José Luis Ábalos, María Jesús Montero e Iván Redondo analizando su respuesta, la vicepresidenta llamó a Pablo Echenique, el negociador de Podemos, para retomar los contactos y organizar una cita que podría dejarse para este miércoles, el día clave.

La negociación empezó en el último momento, después de 80 días perdidos, y si se remata lo hará en el último suspiro. Fuentes del Gobierno admiten que después del gesto de Podemos, que fue el centro del debate de las personas más próximas a Sánchez en el Gobierno, les tocaba a ellos tomar la iniciativa. Pero no quieren aclarar si mejorarán mucho poco o nada la oferta que le hicieron a Podemos y que el propio Sánchez consideró “razonable”.

Tanto el PSOE como Unidas Podemos entraron este martes abiertamente en la guerra por el relato, una clara prueba de que las negociaciones no iban bien. Podemos dio a conocer la oferta que le hizo el PSOE: una vicepresidencia social según ellos sin apenas contenido, que sería para Irene Montero, y ministerios nuevos con competencias que, según Podemos, son muy menores o transferidas a las comunidades autónomas. “Hemos calculado que todas las direcciones generales que hay ahora, con las competencias que nos ofrecen solo tendríamos el 4%, es muy poco para una fuerza que tiene la mitad de los votos que el PSOE”, se quejaba un diputado de Unidas Podemos.

Los socialistas contratacaron con una comparecencia de Calvo, la principal negociadora, en la que insistió en que es “muy importante” que el PSOE haya aceptado que Montero tenga una vicepresidencia social, y aseguró que “en los Gobiernos socialistas no hay políticas decorativas nunca” para dar valor a los otros ministerios ofrecidos.

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