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EP Verdad BLOGS Coordinado por José Manuel Abad

Nubes azules: el raro avistamiento en España de las ‘bombillas de la atmósfera’ de Siberia

Las nubes noctilucentes se forman en capas muy altas y son propias de zonas próximas al Polo Norte, pero el pasado fin de semana se vieron en la Península

En la foto, nubes sobre La Maladeta (Pirineos), el pasado domingo. En el vídeo, el mismo fenómeno en Logroño, Pamplona, Zaragoza, Logroño, Madrid, Soria y Extremadura, el pasado 16 de junio.

Aparecen al amanecer o al ocaso, tienen un aspecto fantasmagórico y su color oscila entre el blanquecino y el azul eléctrico. Es un fenómeno habitual a lo largo del verano en zonas altas del hemisferio norte, como Escandinavia o Siberia. Pero también, aunque muy rara vez, se pueden ver en España.

Las llamadas nubes noctilucentes o nubes mesosféricas polares suponen "un espectáculo casi inédito" en los cielos de la península Ibérica, asegura Rubén del Campo, especialista en nubes y uno de los portavoces de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Del Campo confirma que este misterioso resplandor nocturno pudo verse el pasado fin de semana al amanecer en puntos de la geografía de la mitad norte como Pamplona, Zaragoza, La Rioja, Soria, Santander y los picos AnetoLa Maladeta en los Pirineos, pero también más al sur, en Madrid y Extremadura

El domingo, la meteoróloga de la Aemet en Navarra Maite Huarte envió a Del Campo una foto por WhatsApp que a su vez ella había recibido de un amigo de un amigo. El autor, Adriano Casado, había captado los cielos de Pamplona cubiertos de una extraña y fina masa gaseosa. Del Campo lo tuvo claro nada más verla: "Las identifiqué sin ningún género de duda: eran nubes noctilucentes", afirma. Pero había que comprobar que efectivamente hubieran sido captadas en Pamplona y ese día. Recurrió al delegado de Aemet en Navarra, Peio Oria, quien certificó que era la capital de la comunidad foral y que aquella noche se daban las condiciones para que se produjera este peculiar fenómeno. La clave fue un observador de la Aemet en Noáin, que también las había visto de madrugada. "Las hemos dado por buenas", sentencia el experto, al que esta curiosidad meteorológica le está robando horas de sueño porque aún no ha logrado fotografiarla.

Estas nubes se forman en la mesosfera, a entre 60 y 100 kilómetros de altitud, y se observan cerca de las latitudes polares, de ahí que también sean conocidas como nubes mesosféricas polares. El portavoz de la Aemet recuerda que las nubes —como la mayoría de los fenómenos meteorológicos— se generan en la capa más cercana al suelo, la troposfera, situada entre la superficie de la Tierra y en una franja de entre los 12 y los 15 kilómetros. Le sigue la estratosfera, conocida porque alberga la capa de ozono, y la mesosfera, donde se registran las temperaturas más bajas de la atmósfera. "Se puede llegar a los 130 o 140 grados bajo cero en verano, que es cuando mas fría está", anota el experto.

La primera vez que se describieron estas nubes fue en 1885 y se concluyó que su causa fue la gran erupción del Krakatoa (Indonesia), que dos años antes generó una importante eyección de polvo volcánico a grandes alturas. Después se ha determinado que existen otras fuentes de partículas, como el polvo de meteorito, necesarias para que a su alrededor se condense el vapor de agua que origina las nubes.

A juicio de Del Campo, pueden recordar a los cirros, las nubes altas típicas de color blanquecino, como hebras o plumas, pero tienen una peculiaridad: se observan antes del amanecer o tras el ocaso, "cuando ya se ha oscurecido la parte baja de la atmósfera, pero las capas altas siguen iluminadas por un sol oculto en el horizonte", aclara. Presentan un brillo entre azulado y blanquecino y suelen aparecer a miles de kilómetros al norte de España, en latitudes subpolares —países como los escandinavos, la región de Siberia, o Canadá...—.

Las bombillas de la atmósfera, como también se las conoce porque se encienden a finales de mayo y se apagan en octubre, se le han escapado al coordinador de la revista RAM Meteorología, Francisco Martín, y eso que fue él quien había puesto sobreaviso a Del Campo. Martín publicó que se había batido el récord en un registro de nubes noctilucentes a más baja latitud. Fue el viernes 14 de junio por la mañana, cuando Don Davis las fotografió desde el parque nacional de Joshua Tree, en California, a casi la misma latitud que Los Ángeles, muy al sur para lo que es frecuente. Días antes, ya se había superado la cota más meridional en Albuquerque (Nuevo México). En su artículo, el meteorólogo se preguntaba si, dadas las condiciones atmosféricas y de acuerdo al criterio de expertos internacionales, se podrían llegar a ver en España esta temporada. Así ha sido.

Los especialistas consultados constatan lo raro del fenómeno en España. Del Campo solo puede citar dos casos de avistamientos documentados: en los veranos de 2009 y de 2010. Martín añade otros dos, detectados en el Observatorio de Calar Alto (Almería), y que los ubicó sobre los Pirineos el 14 y 18 de junio de 2012

¿Por qué se han visto ahora de nuevo en España? La respuesta no está clara. "Lo más probable es que hayan sido mas brillantes de lo habitual", apunta Del Campo, que añade que, aunque no es la primera vez que se observan en la Península, sí que es la primera que se registran en tantos lugares distintos. El experto opina que se debe a las bombillas de la atmósfera han sido especialmente visibles esta vez y a la generalización de los móviles con cámaras. 

Dudosa influencia de un meteoro

Como no se han producido grandes erupciones volcánicas estos días, los meteorólogos apuntan a los meteoros. Josep María Trigo Rodríguez, astrónomo y astrofísico del Instituto de Ciencias del Espacio del CSIC, explica que la red de investigación sobre bólidos y meteoritos registró "al menos un bólido bastante luminoso en la noche del 14 al 15 de junio". "A veces con un único evento meteórico, suficientemente masivo como por ejemplo un bólido productor de meteoritos, se podría justificar algo así, pero no parece tan luminoso", indica. "Con la cámara del Observatori Astronòmic del Montsec [en Sant Esteve de la Sarga, Lleida], que registra la atmósfera sobre la mitad norte peninsular, no tenemos ninguna actividad meteórica inusual que justifique la aparición de esas nubes noctilucentes", añade.

"Este año, las noctilucentes están siendo mejores", sentencia Francisco Martín, que subraya que estos fenómenos son "raros y misteriosos" y que aún están en fase de investigación. "Hay muchas dudas sobre su origen y composición", reconoce este antiguo funcionario de la Aemet, que cita tres factores para explicar los avistamientos sureños. "Uno es que se producen sobre todo cuando el sol se dirige hacia un mínimo de actividad y llevamos entre 27 y 29 días sin manchas solares", argumenta. El segundo, que nos encontramos en la "plena estación" de las nubes noctilucentes, y un tercer factor es que investigaciones recientes apuntan a que una mayor presencia de metano en la atmósfera, entre otras causas por las emisiones de la agricultura y de la industria, puede estar multiplicando la creación de este tipo de nubes.

"Aunque son inocuas, porque no producen lluvias ni efectos en la superficie, son señales significativas de que algo está ocurriendo en la mesosfera, bien por efecto solar bien por efecto antropogénico a través del calentamiento del planeta", concluye el experto. Del Campo abunda en la mano del hombre. "El metano es un gas de efecto invernadero entre 20 y 30 veces más potente que el dióxido de carbono y cuando se oxida genera vapor de agua", recuerda este experto, que considera que sin la acción del hombre las noctilucentes no serían visibles en España. "Un estudio que indica que las probabilidades de observarlas antes de la revolución industrial eran de apenas una vez cada 30, 40 o 50 años y ahora ha aumentado a una vez por temporada", apunta.

Ambos expertos hacen hincapié en que de estas nubes "está todo por investigar". La NASA cuenta con la misión Aeronomía del Hielo en la Mesosfera (AIM, en sus siglas inglesas) dedicada a estudiarlas. "Se sabe muy poco acerca de cómo se forman estas nubes, por qué se ven a menor altura o por qué se han ido haciendo más brillantes y más frecuentes. Algunos científicos han sugerido que pueden ser el resultado directo del cambio climático inducido por el hombre", apunta la NASA sobre estas formaciones "únicas y esquivas" .

"Nada que ver" con las auroras polares

Aurora boreal en Myre, en la provincia noruega de Troms, dentro del Círculo Polar Ártico.
Aurora boreal en Myre, en la provincia noruega de Troms, dentro del Círculo Polar Ártico. GETTY

En Twitter algunos usuarios han compartido sus fotos de las nubes noctilucentes y las han identificado, por error, con auroras polares. "No tienen nada que ver", replica Del Campo, porque ni son nubes ni del mismo color ni están en la misma capa de la atmósfera.

"Para empezar, las auroras no son nubes, no son vapor de agua condensado, sino que son fenómenos lumínicos que aparecen en capas más altas de la atmósfera, en la denominada magnetosfera, a 100 y 200 e incluso 1.000 kilómetros de altitud", describe el experto. "Se producen grosso modo por la interacción de las partículas de la magnetosfera con el viento solar", detalla, para añadir que, además, son fulguraciones de otro color, entre verdoso y rosáceo.

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