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Unidas Podemos intenta liderar carteras sociales en el Gobierno

Sánchez e Iglesias vuelven a verse este martes en el Congreso en el inicio de las negociaciones para la investidura

Llegó la hora. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias volverán a verse este martes en el Congreso después de más de 15 días sin hablar. Su última cita fue hace más de un mes. Entonces parecía factible que Unidas Podemos entrara en el Gobierno siempre que no fueran ministerios de los llamados de Estado. Tras los malos resultados del grupo de Pablo Iglesias en las municipales y autonómicas, que le han debilitado, Pedro Sánchez parece cerrado en banda: no quiere ministros de Podemos. Pero Iglesias está preparado para un pulso largo con un objetivo: lograr dirigir carteras sociales. Su modelo es el pacto de la Comunidad Valenciana.

Pedro Sánchez, en su participación en la carrera contra la violencia de genero en el parque de El Retiro de Madrid. En vídeo, La investidura de Sánchez va recibiendo la respuesta de los partidos.

Las cosas han cambiado mucho desde el pasado 8 de mayo. Iglesias salió de La Moncloa convencido de que la entrada en el Gobierno era posible. Desde el PSOE admitían que esa idea estaba encima de la mesa para “amarrar” los imprescindibles 42 escaños de Unidas Podemos, aunque no era ni mucho menos su opción favorita. “Nos hemos puesto de acuerdo en que vamos a trabajar para ponernos de acuerdo”, dijo Iglesias. Todo parecía ir sobre ruedas.

Pero las cosas se han complicado mucho. La tensión es muy evidente. Sánchez juega ahora a “ampliar el espacio” y trata de presionar a Ciudadanos y PP para que se abstengan y así rebajar aún más el precio de Iglesias. En La Moncloa ahora insisten en que no está encima de la mesa ningún ministerio para Podemos. Creen que es posible la llamada geometría variable, esto es buscar mayorías diferentes para cada ley, para no depender siempre de Iglesias y hacerse con el espacio del centro político. Pero algunos dirigentes socialistas dudan de esta estrategia de presión al aliado principal. Temen que tensar tanto la cuerda pueda romperla y abrir la puerta a una legislatura infernal en la que, si Podemos se baja de alguna votación clave, como pasó con la senda de gasto o la reforma de los alquileres, Sánchez quede en manos de un Albert Rivera que ya ha dejado claro que no piensa ayudarle. Pero La Moncloa mantiene su estrategia y cree que la presión social y mediática e incluso la tensión interna acabará obligando a Iglesias a renunciar a la idea de entrar en el Gobierno. Sánchez llevará personalmente la negociación con Iglesias, Rivera y Pablo Casado. Y el PSOE elegirá hoy una comisión para negociar con los grupos más pequeños en la que estarán José Luis Ábalos, Carmen Calvo y Adriana Lastra.

Ábalos negociará el apoyo del partido de Revilla

JOSÉ MARCOS

En paralelo a las reuniones que Pedro Sánchez mantendrá este martes con los líderes de Unidas Podemos, Ciudadanos y PP, el PSOE también se aplicará en las negociaciones con partidos con mucha menor representación parlamentaria pero cuyo apoyo es vital para el éxito de la investidura. José Luis Ábalos, secretario de Organización de los socialistas y ministro de Fomento en funciones, tiene previsto cerrar un acuerdo con José María Mazón, el diputado con el que el Partido Regionalista de Cantabria (PRC) se estrenará en la Cámara Baja.

Los dos partidos se necesitan mutuamente y por eso la intención es reeditar el pacto autonómico y el apoyo a la investidura de Sánchez. El PRC ganó las elecciones del 26-M con 15 diputados, tres más que en 2015. La mayoría absoluta en el Parlamento cántabro está en 18 escaños. Los seis representantes del PSOE asegurarían la presidencia a Miguel Ángel Revilla.

El voto a favor de Mazón a la investidura del presidente en funciones parece asegurado. Pero no será gratis: el PRC exige como contraprestación la inversión en infraestructuras para la llegada a Santander del tren de alta velocidad, el estudio informativo del tren a Bilbao, el futuro centro logístico de La Pasiega y el pago de 121 millones de euros pendientes por las obras de reconstrucción del Hospital de Valdecilla. El PRC quiere que se plasmen por escrito los plazos y los compromisos económicos.

Además del PRC, el partido en el Gobierno confía en tener el voto favorable de los seis diputados del PNV y del único de Compromís. Mucho más difíciles serán los apoyos de los dos representantes de UPN y los dos de Coalición Canaria, sobre todo si ambas formaciones no gobiernan en sus comunidades.

En Podemos auguran una negociación dura y de desgaste para ellos. Todo puede decidirse en el último minuto. Pero no cejarán en su empeño de entrar en el Gobierno a través de áreas sociales, aseguran fuentes próximas a la dirección. El referente es la Comunidad Valenciana, donde el PSOE y Unidas Podemos están terminando de perfilar una vicepresidencia de carácter social para el representante de la formación morada. Este modelo inspira a Iglesias. En la propuesta que hicieron en las elecciones generales, Podemos abogaba por una vicepresidencia de transición ecológica.

La posibilidad de pactar un Gobierno de equipos mixtos en el que miembros de Unidas Podemos y del PSOE trabajen juntos en ministerios y otros organismos también parece descartada. La negativa en La Moncloa a este modelo es clara, aunque en el partido de Iglesias siempre lo vieron como una oportunidad de integrar a cuadros en la Administración para formarlos durante cuatro años. 

El pulso será muy duro. La amenaza de elecciones juega para los dos. A Unidas Podemos sin duda le iría mucho peor que el 28-A, y al PSOE mejor. Pero Sánchez no tiene ninguna garantía de que en unas nuevas elecciones, con la enorme frustración que supondría para la izquierda, no se recompusiera algo el PP y pudiera sumar la derecha. El partido de Iglesias se juega sus 42 diputados y su proyecto, pero Sánchez arriesga La Moncloa. Por eso nadie cree realmente que ese escenario sea factible, más allá de una amenaza para negociar mejor.

Los dirigentes de Unidas Podemos tratan de convencer a sus aliados socialistas de que esa coalición podría ser un referente para la izquierda europea frente a la Italia de Salvini. Además, se muestran convencidos de que el PSOE mantendrá su liderazgo en el espacio del centro izquierda en España si incluye al partido de Iglesias en el Gobierno y pacta un acuerdo programático que, aunque no consiga cumplir con promesas de campaña como derogar las dos reformas laborales, avance en cambios en la legislación de trabajo y fiscal.

Si la negociación se alarga hasta el último minuto, Iglesias tirará de la experiencia de la negociación de Presupuestos. El secretario general presume de que en esas últimas 48 horas consiguió que el presidente firmara la subida del salario mínimo interprofesional a 900 euros.

Un objetivo claro

En Unidas Podemos lo tienen muy claro. “Hay algo que hemos aprendido en el último año. Las políticas se cambian desde el Gobierno, los acuerdos programáticos son papel mojado”, dijo el sábado Iglesias frente al Consejo Ciudadano Estatal.

Iglesias fía su futuro político a entrar en el Gobierno. En esa cita interna clave quedó claro que es su único plan. Consiguió el respaldo para reorganizar una dirección a su medida y no abrió la puerta a ningún tipo de cambio en la organización. Su liderazgo no está en disputa después de que toda la oposición interna haya abandonado o haya sido expulsada de Podemos.

En el PSOE creen que la entrada de Iglesias en el Gobierno, precisamente lo más delicado y que genera más resistencias internas, es una apuesta personal. Piensan utilizar ese argumento para aumentar la presión. Ambos asumen que el pulso será largo y duro. El precipicio aún está lejos. Pero acabará acercándose. La duda es quién frenará antes o si lo harán a tiempo.

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