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Socialistas navarros, de nuevo en la encrucijada

Miembros de la Ejecutiva del PSN descartan permitir que gobierne la derecha como ya hizo en 2007 y avisan de que antes forzarán nuevas elecciones

Pedro Sánchez y María Chivite, en el centro de la imagen en un acto electoral en la plaza del Vínculo de Pamplona.
Pedro Sánchez y María Chivite, en el centro de la imagen en un acto electoral en la plaza del Vínculo de Pamplona. EFE

“Los socialistas navarros van a acabar sucumbiendo”. “Si el PSOE les pide que se abstengan para que gobierne Javier Esparza [candidato de Navarra Suma que agrupa a Unión del Pueblo Navarro (UPN), PP y Cs] lo harán”. Este es el mantra que se repite en infinitas tertulias en Navarra, en los taxis, restaurantes, en la radio y en la televisión de la comunidad autónoma, también en el ámbito nacional. Doce años después del agostazo, cuando facilitaron un Gobierno de UPN pese a que habían logrado una mayoría alternativa con Nafarroa Bai, una coalición de nacionalistas e izquierdas, en la que no estaba Herri Batasuna, se sigue dudando de la palabra de los socialistas navarros. En agosto de 2007 Fernando Puras (PSOE) recibió un burofax de la ejecutiva federal en el que no le dejaban alternativa. Tenía que deshacer la mayoría que había conseguido y apoyar al candidato de la derecha.

En 2019 el Partido Socialista de Navarra (PSN) vuelve a estar en el centro de la política nacional y, con esos antecedentes, ha vuelto a aparecer el fantasma de la duda. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, necesita apoyos o abstenciones para su investidura y UPN se los ha ofrecido a cambio de que su partido renuncie a gobernar Navarra.

“¿Otro agostazo? Eso no va a pasar. Pedro Sánchez no nos lo va a pedir”, proclaman fuentes de la ejecutiva de los socialistas navarros que siguen adelante en la búsqueda de una mayoría alternativa. Sabían que esto podía suceder y la única línea roja que se autoimpusieron en la campaña, y que comparten con Ferraz, es no negociar con EH Bildu, ni siquiera una eventual abstención para que la presidencia recaiga en la socialista María Chivite.

El caso es que el experimento político de la derecha en Navarra, la coalición Navarra Suma en la que UPN y PP unieron sus fuerzas con el antiforalista Ciudadanos, ganó en las elecciones del 26-M con 20 escaños. El PSN logró 11, cuatro escaños más que en 2015, y ese resultado le ha dado la llave para liderar una alternativa de 23 escaños con los nueve del PNV (Geroa Bai), los dos de Podemos y uno de Izquierda.

Manual de resistencia

Pero ninguno de los dos bloques llega a los 26 de la mayoría absoluta. Navarra Suma necesita para la investidura de Javier Esparza la abstención del PSN. Y una coalición de izquierdas liderada por el PSN, requiere de la abstención de Navarra Suma o la de EH Bildu —el vehículo de la izquierda abertzale del que el PSOE no quiere depender—. Politólogos, sociólogos y los propios socialistas coinciden en que volver a defraudar a los electores apoyando a la derecha les borraría del mapa. Van a tirar de Manual de Resistencia, el libro de Sánchez con el que salió a flote, contra viento y marea, cumpliendo la palabra y ganándose la confianza de los afiliados socialistas.

Al PSN le ha costado 12 años recuperarse electoralmente del agostazo y para ello han reinventado la organización desde dentro. María Chivite, de 41 años, que lloró a lágrima tendida junto a Fernando Puras con el burofax sobre la mesa, y sufrió los peores resultados del PSN en 2015, lidera ahora una organización unida, desde el comité regional hasta las juventudes.

Chivite pilota la nave en torno a una idea que ha ido fortaleciéndose de la mano de quien en 2014 le dio la portavocía del Senado, el propio Pedro Sánchez: recuperar el crédito y el poder. Sabe que esta es su prueba de fuego, y no van a facilitar la investidura de Esparza “pase lo que pase”. “Antes forzaremos unas elecciones que ver a Esparza presidente” subrayan varios miembros de la Ejecutiva.

En cierta manera se sienten hijos de esa política del “no es no” y plantean su defensa, no como un reto o un desafío a la ejecutiva federal, sino como la conclusión lógica de una campaña electoral en la que han hecho piña con los valores sociales y con un proyecto político cercano a sus electores y afiliados. “No se pueden lograr unos resultados con unas reglas y después de las elecciones cambiarlas”, subrayan en la sede del PSN después de haber crecido cuatro escaños en las autonómicas y lograr un techo de 94.094 en las generales, 13.000 por debajo de Navarra Suma.

El panorama político no es endiablado solo en Navarra. Es general. En Barcelona y en Madrid hay problemas para formar mayorías, como en otras regiones en las que por acción u omisión la ultraderecha de Vox va a acabar siendo decisiva en Gobiernos del PP y Ciudadanos.

Cuestión de Estado

Sin embargo, a Albert Rivera lo que le preocupa es la Comunidad Foral, pese a que la izquierda abertzale se queda fuera de la ecuación. A las 22.00 del jueves, las televisiones no paraban de difundir su imagen tras reunirse con el Rey: “Navarra es una cuestión de Estado”, le espetó a Sánchez, emplazándolo a respetar la lista más votada —solo en Navarra— porque el PSN está a punto de entregar el control a los “batasunos”.

La plataforma de recogida de firmas Change.org tiene en curso la campaña “Navarra no se vende”. Sus organizadores emplazan al PSN a apoyar a Esparza. “Cada vez que UPN está a punto de perder aparece esto de la cuestión de Estado”, dice contrariado Javier C. López, un taxista que espera en una parada de la Txantrea, en Pamplona. Eneko Andueza, el secretario general de los socialistas guipuzcoanos puntualiza que mientras para la derecha “la cuestión de Estado es conseguir sus intereses particulares como sea, para los socialistas significa defender los intereses de los ciudadanos”.

Después de la primera ronda de contactos con Geroa Bai, Podemos e Izquierda, las cuatro formaciones retomarán los contactos tras la constitución de los Ayuntamientos y de que el 19 de junio se forme la Mesa del Parlamento. A partir de esa fecha tendrán hasta el 30 de agosto para la investidura. “Se va a ver como no hay ningún pacto en Pamplona con la izquierda abertzale”, dice el responsable de organización de los socialistas navarros, Ramón Alzórriz.

Doce años para recuperarse del 'agostazo'

P. G.

La familia socialista navarra sabe que el PSN no puede soportar otra decepción. Representaría el hundimiento definitivo de un partido en el punto de mira, sobre todo después de que en 2019 haya crecido con votos procedentes de Podemos. “La gente nos lo dice por la calle. A ver qué hacéis”, coinciden varios de sus dirigentes.

UPN obtuvo sus mejores resultados precisamente en 2007, con 139.122 votos, frente a los 74.157 de los socialistas. También fueron los mejores para el PSN, que ese año se había recuperado, por fin, de las continuas bajadas desde que en 1995 se hicieran públicos los escándalos de corrupción del que era presidente socialista navarro, Gabriel Urralburu.

Desde entonces UPN ha ido cayendo en apoyos elección tras elección hasta cosechar los peores resultados de su historia, que logró Javier Esparza en 2015 (92.705). También fueron los peores del PSN, que se hundió hasta los 45.164. Los nacionalistas, sin embargo, se expandieron. Geroa Bai y EH Bildu sumaron 101.663. Uxue Barkos fue investida presidenta con sus votos y los de Podemos e Izquierda.

La coalición Navarra Suma ha enmascarado ese declive aglutinando los votos del PP y de Ciudadanos hasta lograr 124.000 apoyos en 2019, frente a un PSN que prácticamente se ha recuperado del golpe de 2007 hasta lograr un respaldo similar al de entonces (70.143 votos). Le ha costado 12 años.

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