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Sánchez evita mencionar a Podemos en los mítines del PSOE

La crisis de su principal aliado, que puede sufrir un severo retroceso el 28-A, ha provocado que le ignore y no le dedique ninguna crítica

elecciones generales
Pedro Sánchez, al inicio del acto del PSOE en Baleares con Francina Armengol, Pere Joan Pons y José Hila. EFE

Unidas Podemos, el socio preferente de Pedro Sánchez en sus diez meses de Gobierno, es el gran ausente en los actos electorales del PSOE. En los siete mítines que el presidente ha tenido en lo que va de campaña no se ha referido en ningún momento al partido de Pablo Iglesias y sus confluencias. La crisis de su principal aliado, que según las encuestas puede sufrir un severo retroceso el 28-A, ha provocado que Sánchez le ignore y no le dedique ninguna crítica. A no ser que Ciudadanos le levante el veto, necesita a Podemos para revalidar el Gobierno.

Hace tiempo que Unidas Podemos desapareció del discurso de Sánchez. Una decisión deliberada que el presidente sigue en todos sus actos de partido. El candidato del PSOE no hizo mención alguna en el arranque en Dos Hermanas. Ni a favor ni en contra. Tampoco en Castellón. Ni en las islas de Tenerife y Gran Canaria. Aunque fuera por error. La misma tónica se repitió en Leganés, Vigo y este miércoles en el mitin de Baleares. Y así seguirá hasta el 28 de abril salvo un cambio radical en la estrategia.

El adelanto de las elecciones generales anuló en las intervenciones del presidente y líder del PSOE a la coalición que no hace tanto, en 2016, aspiraba a la hegemonía en la izquierda. Que algún dirigente del PSOE les nombre es excepcional y hasta resulta exótico. Con esta estrategia, los socialistas aspiran a “concentrar” el voto “útil” al mismo tiempo que dan oxígeno a su socio por el flanco izquierdo. El mismo al que en las generales de 2015 y 2016 se dirigía con un tono crítico que costaba diferenciar del destinado a PP y Ciudadanos.

“Votar a Podemos es perpetuar al PP”, decía Sánchez en sus primeras elecciones a la presidencia del Gobierno. Los argumentarios para consumo interno tildaban el programa de Iglesias como “ambiguo, irresponsable e incoherente y que solo mejora cuando copia las propuestas del PSOE”. Seis meses después, la relación había empeorado ostensiblemente por la falta de apoyo a la investidura de Sánchez. “En lugar de tender puentes con el PSOE, Iglesias los voló” afirmó seis meses más tarde, en las que el PSOE evitó el sorpasso. Para conseguirlo arremetió contra Podemos explotando los vínculos con Venezuela de sus principales responsables o la relación con Syriza, el partido gobernante en Grecia. “Tanto Maduro como Chávez y Tsipras son juguetes rotos de Iglesias”, fue otra de las andanadas que Sánchez dedicó al que, a día de hoy, es su mayor apoyo en el Congreso.

Llámese necesidad o pragmatismo, el presidente ha rehuido hacer sangre de Podemos y sus satélites en su noche más oscura. Más bien al contrario. Cuando no les queda más remedio que pronunciarse, los dirigentes socialistas solo les dedican buenas palabras. “Hemos desarrollado una relación de colaboración con Podemos que es positiva. Nos ha permitido llevar adelante políticas progresistas. Creo que esa colaboración debería seguir dándose”, afirmó José Luis Ábalos días antes del inicio de la campaña. “¿En una forma de gobierno? No lo tengo claro, aspiramos a un Gobierno monocolor, pero esas fórmulas de colaboración que hemos tenido hasta ahora deberían seguir dándose”, añadió el secretario de Organización y ministro de Fomento. “No puedo hablar de futuro, pero sí de pasado. Quitando alguna discrepancia muy concreta, Unidos Podemos ha sido un socio muy leal”, ha destacado también Adriana Lastra, vicesecretaria general del PSOE. Podemos tumbó en enero el decreto de reforma de los alquileres del Gobierno, provocando la primera derrota de una reforma aprobada por el Consejo de Ministros por el procedimiento de decreto ley. Iglesias exigía que los Ayuntamientos pudieran limitar los precios de los arrendamientos.

Superadas esas rencillas, los cuadros más prudentes en La Moncloa y Ferraz dan por seguro que el PSOE ganará al menos 40 diputados respeto a los 84 de 2016, su peor resultado en unas generales tras el final de la dictadura. Los más aventurados contemplan incluso que se moverán alrededor de los 140 escaños. Pero todos los responsables del Gobierno y de la dirección del PSOE consultados confiesan que esa subida de poco les servirá si la formación de Iglesias se hunde hasta cotas desconocidas.

La horquilla que manejan en Unidas Podemos oscila entre un suelo de 30 parlamentarios y un techo de 60. La coalición firmó 71 diputados en 2016. El comité electoral del PSOE espera que al menos obtengan 35 escaños. Una cifra que, sumada a los seis diputados que obtendría el PNV, les acercaría a la mayoría absoluta en el Congreso. Esto es, a mantener el Gobierno. Y para hacerlo, como dice Sánchez, “cada voto cuenta”. Incluido Podemos.

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