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La campaña se juega ya en todos los frentes con resultado impredecible

Unos 250 escaños ya están claros, según los expertos; los otros 100 deciden

Pedro Sánchez, en un acto de precampaña este sábado en Sevilla.
Pedro Sánchez, en un acto de precampaña este sábado en Sevilla.

La política española la hace gente de letras que cada cuatro años se vuelven ingenieros. Quedan tres semanas para las elecciones y en cuanto los micrófonos desaparecen, los políticos solo hablan de números. Esta vez son de nivel experto. El tercer diputado de Cuenca, el cuarto y quinto de Castellón, los últimos dos de Huelva y Jaén, el tercero de Palencia, el cuarto de Cantabria, el quinto de Valladolid. Hasta 100 escaños de 350 están en el aire por unas décimas. Y no da igual quién lo pierda y quién lo gane. PSOE y PP ya no dependen solo de sí mismos, sino del orden en que caigan en cada provincia los tres de la segunda fila: Ciudadanos, Podemos y Vox. Tampoco se juega en los grandes escenarios de Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla. La partida de verdad se libra en segunda división. Y cambia cada día. Los políticos están desquiciados, con mapas enormes de provincias y escaños que tienen que modificar a diario.

También los expertos están descolocados. "Está muy zizagueante”, explica Belén Barreiro, directora de 40dB. “El baile de votos es sobre todo entre Vox y el PP. Vox parece frenado y el PSOE sigue subiendo. Pero cada día pasan cosas. Están ocurriendo muchos errores que pueden mover votos. La última semana decide todo”, señala.

LOS ESCAÑOS ASEGURADOS POR LOS PARTIDOS

Fuente: Kreab.

Algunas cosas sí están claras. La consultora Kreab ha realizado un estudio con datos históricos y medias de encuestas que concluye que 250 de los 350 escaños ya son prácticamente seguros. Y el PSOE lleva una clara ventaja: se lleva 96 de estos fijos frente a 70 del PP, 30 de Ciudadanos, 22 de Podemos y 10 de Vox. Un 45% de esos puestos casi seguros son mujeres y un 58% de ellos diputados por primera vez, una prueba más de la revolución completa que supondrán estos comicios. Pero el Gobierno se juega en los otros 100.

El parón de Vox también lo detecta Narciso Michavila, presidente de GAD3. “Es muy fácil estimar el PSOE porque tiene voto trasversal por edades y territorios. El gran problema son los pequeños. Parece que Ciudadanos recupera y Vox ha tocado techo. Y el PP podría aguantar gracias a las provincias menos pobladas y más envejecidas. Ciudadanos puede ser una sorpresa porque la división le favorece: con un PP más bajo puede disputar escaños con el PSOE, como en Guadalajara o Coruña”. Michavila mantiene que es prácticamente imposible que la derecha dividida en tres sume mayoría absoluta de escaños, aunque logre más votos que el bloque de centro izquierda, pero los socialistas y Podemos no se fían.

Todo es tan confuso que los partidos ya no juegan solo a conseguir votos propios, sino a que les vaya bien a sus potenciales aliados. El PSOE respira al ver que Podemos está recuperando aire con el regreso de Pablo Iglesias y el escándalo por el espionaje que sufrió en 2016. Si los morados se hundieran hasta la quinta posición podrían entregar varios escaños a un Vox que es el gran fantasma de la campaña. “Hay mucho voto oculto a Vox”, repiten asustados los estrategas del PSOE. Los populares, en privado, quieren que Ciudadanos no se desplome si muchos de sus votos no vuelven al PP, como se temen. Con Vox es diferente, porque todo lo que tiene se lo quita al PP. Y ahí la guerra es brutal. Porque es entre hermanos. Santiago Abascal carga contra Albert Rivera, lo desprecia, pero su batalla más dura es con el PP, que fue su partido. Otros juegan a ayudar a sus socios potenciales. Hasta una maniobra polémica como la de José Luis Ábalos diciendo que él preferiría gobernar con Ciudadanos antes que con los independentistas se interpretó en el PSOE como una ayuda nada casual a Podemos, que tiene así más espacio para defender la utilidad de su voto.

Todo se mide, y a la vez se improvisa a diario. La precampaña está rota y solo el PSOE intenta controlarla. Pero no siempre puede. Su lema, Haz que pase, surgido de un grupo de creativos del que se ha rodeado en La Moncloa Iván Redondo, se había estudiado durante semanas. Pero la portavoz, Isabel Celaá, decidió vincularlo a la película Titanic y provocó todo tipo de burlas. “Ladran, luego cabalgamos”, contestan desde el Gobierno. “Si todo el mundo habla de nuestro lema es que vamos bien”, resume un ministro que admite sus dudas con el eslogan elegido.

Pero todo sigue a favor del PSOE. Incluso un debate inesperado, como el de la eutanasia, tras el drama de María José Carrasco, la enferma de esclerosis que se suicidó ante las cámaras con la ayuda de su marido, Ángel Hernández, complica la campaña del PP, que se opone a esta reforma, y facilita la de los socialistas, que la impulsaron hasta el último momento.

“Vamos tan bien que da miedo. El terror es la desmovilización andaluza. Pero no parece. La gente ha aprendido la lección”, se conjura otro ministro. Mientras, en el PP los agraviados por la renovación de Pablo Casado, que son muchos, velan armas para el día siguiente. Algunos dirigentes asumen que será muy difícil que la derecha sume y esperan que el PSOE gobierne con Ciudadanos. “Si tienen que venir los socialistas que sea con algo estable. La economía española no está para bromas”, sentencia uno.

Los nacionalistas están aterrados ante esa posibilidad. El PNV presiona cada día al PDeCAT, pero sobre todo ERC, que será clave, para que no lancen al PSOE en manos de Ciudadanos, su gran enemigo, que habla de “cuponazo” vasco. Ese era el tema en los corrillos entre nacionalistas en el Congreso esta semana.

Se acerca el voto y la incertidumbre es total. Los votantes decisivos, los de la España vacía, no saben qué apuesta será más eficaz. “Estamos estrenando un nuevo sistema de partidos. Todos vamos a votar a ciegas. No sabemos qué partidos son viables y cuáles no en estas provincias. ¿Podemos dejará de serlo? ¿Vox lo será? Lo que habíamos aprendido en dos elecciones no nos sirven para nada”, explica el politólogo Lluís Orriols.

Hay muchas incógnitas, incluso miedos. Pero hay visiones menos pesimistas. Uno de los expertos en esa España vacía, el turolense Ignacio Urquizu, sociólogo y exdiputado del PSOE, acaba de sacar un libro, ¿Cómo somos? Un retrato robot de la gente corriente (Deusto), en el que llega a una conclusión: “Esa gente común, que en EE UU trajo a [Donald] Trump, en el Reino Unido al Brexit y en Francia genera los chalecos amarillos, en España sigue mayoritariamente en la izquierda. Por eso Vox está como máximo en el 12%. En el corto plazo esa gente corriente en España no va a decantarse por el populismo”, sentencia.

Vox está listo para desmentir todos estos análisis. Pero los demás también juegan, y tratarán de frenarlo. Esta semana la gran discusión interna en el PSOE es si vale la pena permitir que Pedro Sánchez vaya a un debate a cinco con Abascal. Algunos creen que podría ser útil para el electorado de izquierda que se vea el llamado “bloque de Colón”. Otros consideran que es indigno para la democracia poner al presidente y otros líderes al mismo nivel que Abascal, aún extraparlamentario. ¿Qué es mejor, ignorar a Vox o atacarlo? Se empieza a imponer la idea de que el principal enemigo de Vox son ellos mismos, así que algunos apuestan por dejarlos solos con sus errores. Pero nadie tiene garantías de nada en esta campaña enloquecida.

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