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Los cuatro presidentes del Rey emérito

Los jefes de Gobierno que trabajaron estos 40 años con Juan Carlos I apenas se dirigen la palabra pero todos respetan al monarca

Es un club muy exclusivo y muy extraño. Solo lo forman los cuatro expresidentes vivos de esta etapa democrática de España, pero es casi imposible retratarlos juntos o simplemente cerca unos de otros. No se llevan bien. Este jueves, tras los discursos institucionales y el acto central del 40º cumpleaños de la Constitución, todas las autoridades se agolparon en el salón de los Pasos Perdidos del Congreso: cada expresidente en una esquina diferente con algunos de los suyos. El Rey emérito, Juan Carlos I, en el centro de la sala, sentado en un taburete, como vigilándolos. Todos le expresaron sus respetos, pero ni siquiera se reunieron a su alrededor para inmortalizar ese momento para la historia.

José María Aznar, bastante solitario y delgado, presumía ante los más allegados de haber colocado a quien fuera subdirector de su gabinete, Javier Fernández-Lasquetty, en el equipo de trabajo del nuevo líder del PP, Pablo Casado. “Bueno, en realidad todos los que están ahí son aznaristas”, precisaba.

Sin acercarse nada a su antecesor, Mariano Rajoy reaparecía en público. Soportó con paciencia, humor y buen ánimo la cola más larga de partidarios que buscaban un saludo particular, que dio a todos, pero no cayó en los señuelos para hablar de política, sorteando todas las preguntas sobre la actualidad. Sí contó con deleite que se siente muy bien, que llevaba 37 años en política, 22 de ellos en el Gobierno o como líder de la oposición, es decir con la máxima presión, y que ahora disfruta de su familia y de correr todos los días, casi sin luz, por la Casa de Campo. El retorno al trabajo no se le ha indigestado porque agradece tener otros 23 compañeros registradores de la propiedad en la oficina en la que se ha integrado en Madrid que se lo hacen muy fácil. A lo único a lo que se resiste es al consejo de sus exasesores para que se corte los rizos de una melena rebelde. En estos tiempos ha descubierto que Cuenca es la única provincia de España sin un periódico de papel y eso le contraría.

José Luis Rodríguez Zapatero tuvo que soportar al llegar al Congreso que parte del público congregado a las puertas le lanzara insultos de “ladrón” y “mentiroso”. Los ataques que recibió más tarde el actual jefe de Gobierno, el también socialista Pedro Sánchez. Zapatero dice que no le importa, que el personal que acude a este tipo de eventos es de una singular ideología política y que él, ahora, apenas sigue esos avatares, y si lo hace es de lejos.

Muchas miradas se detuvieron en comportamientos extraños de Felipe González, sobre todo dentro del hemiciclo durante los discursos. Hubo un momento muy emotivo, cuando la presidenta de la cámara, Ana Pastor, aludió a las víctimas del terrorismo y citó al expresidente del Tribunal Constitucional, Francisco Tomás y Valiente. Asonó un gran aplauso, con la única excepción de González. El expresidente estaba tan profundamente afectado por la mención a su amigo que no pudo responder. Prefirió quedarse quieto. El Rey emérito le dio incluso un toquecito en la pierna con su bastón. Y luego otra alusión y aplauso a don Juan Carlos le pilló en un intercambio de bromas con Juan Carlos I. González no quiso quedarse a los corrillos y a la salida aclaró malos entendidos: “Don Juan Carlos fue constitucionalista antes de que se aprobase la Constitución”.

El discurso institucional de Ana Pastor fue largo (20 minutos), lleno de citas a los reyes, los padres de la Constitución y los expresidentes del Gobierno y líderes políticos históricos de todos los partidos. Hubo un pasaje en el que elogió “el mestizaje” frente a los que pregonan “la pureza de la raza”. Cosechó aplausos. La presidenta se ha volcado en la organización de numerosos actos de homenaje a la Ley Fundamental. Este jueves estaba especialmente emocionada “por las felicitaciones de los miembros de partidos que no eran precisamente del PP”, su formación. A Adolfo Suárez Illana, hijo del expresidente Suárez, le faltó incluso poner algo más de boato en la presentación de los presidentes y los redactores vivos de la Constitución. Y rechazó un saludo “como amigo” del Rey emérito por otro más formal. Don Juan Carlos le exhortó: “No dejes que se olvide nunca el legado de tu padre”.

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