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Defex fue excluida del contrato de suministro de 200 tanques

Defensa apartó a la empresa de la negociación con Riad en 2010

Manifestación en 2017 en Getxo contra la exportación de armas a Arabia Saudí. Ampliar foto
Manifestación en 2017 en Getxo contra la exportación de armas a Arabia Saudí. europa press

El escándalo de la empresa Defex, dedicada a intermediar en operaciones de venta de armamento, estalló en 2014, pero su caída en desgracia venía de lejos. Pese a que su entonces presidente y hoy imputado José Ignacio Encinas maniobró para hacerse un hueco, la compañía fue excluida del que iba a ser el mayor contrato de la historia de la industria militar española: la venta de entre 200 y 270 carros de combate Leopard 2E a Arabia Saudí por más de 3.000 millones de euros. Corría el año 2010 y el Ministerio de Defensa, dirigido enronces por Carme Chacón, tuteló la oferta que presentaron un grupo de empresas españolas a las autoridades saudíes.

Nadie explicó entonces por qué no se encomendó a Defex que pilotase la operación, a pesar de que el Estado era su socio mayoritario, y tampoco se designó a General Dynamics-Santa Barbará Sistemas, que ensamblaría los carros de combate en su planta de Sevilla, sino a la empresa privada de electrónica Indra. Lo cierto es que el Gobierno solo se fiaba del entonces presidente de Indra, Javier Monzón, amigo del rey Juan Carlos, para llevar a buen puerto un contrato de esta envergadura.

España llegó a enviar en el verano de 2011 un carro de combate Leopard a Arabia Saudí, donde fue sometido a una severa evaluación que reveló graves deficiencias que los fabricantes se comprometieron a subsanar.

La operación, sin embargo, nunca llegó a cuajar. La patente de los Leopard pertenecía a las firmas alemanas Kraus-Maffei y Rheinmetall, por lo que el Gobierno de Merkel debía dar luz verde a su exportación a Arabia Saudí. No era plato de gusto que una firma estadounidense, General Dynamics, dueña de SBB, hiciese negocio con la tecnología germana. La idea de que Alemania preferiría beneficiarse de un 30% del contrato —que es el retorno que obtendría si los tanques los vendía España— a quedarse sin nada ante la imposibilidad de exportarlos directamente a Riad se demostró ilusoria.

En mayo de 2014, el primer ministro de Defensa de Rajoy, Pedro Morenés, proclamaba que “la buena noticia” era que la operación de venta de los Leopard seguía “viva”. Para resucitarla, el Ejecutivo había regulado por decreto, en enero de ese año, los contratos “gobierno a gobierno”, una exigencia de Riad por la cual Defensa se comprometía a garantizar el suministro del material vendido por las empresas de armamento.

Todo fue inútil. Sin la licencia alemana, los Leopard no se podían exportar. Tampoco las corbetas de Navantia se vendieron al amparo de la fórmula “gobierno a gobierno”. sino con la creación de una empresa mixta hispano-saudí. Lo que sí vendió el Ministerio de Defensa a Arabia Saudí, en 2015, fueron 400 bombas de guiado láser para su empleo en la guerra de Yemen.

 

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