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Un salto masivo a la valla de Ceuta agrava la tensión migratoria en el Sur

Un grupo de 850 inmigrantes intentó saltar la valla de Ceuta y 602 personas lograron cruzar

Un grupo de 850 inmigrantes intentaron ayer saltar la valla de Ceuta. Hasta 602 personas lograron cruzar a las siete de la mañana, en lo que supone uno de los saltos más masivos de los últimos tiempos. Y con una “violencia inusitada”, según fuentes policiales: los migrantes rompieron el alambre de espino con una sierra radial, y se enfrentaron a los agentes con cubos de cal y botes de laca a modo de lanzallamas caseros. El enfrentamiento dejó 132 heridos y 22 guardias con contusiones, quemaduras y problemas respiratorios. Ese cambio cualitativo en Ceuta y la llegada de casi 300 migrantes adicionales a Andalucía agravan la tensión migratoria: el Gobierno admite que los dispositivos de acogida se han visto “desbordados” en los últimos días.

Unos 600 inmigrantes subsaharianos lograron hoy acceder a la ciudad española de Ceuta tras un salto masivo a la valla que separa la ciudad de Marruecos.
Unos 600 inmigrantes subsaharianos lograron hoy acceder a la ciudad española de Ceuta tras un salto masivo a la valla que separa la ciudad de Marruecos.

Parecía una noche de calma chicha en la frontera de Ceuta con Marruecos, pero los cinco guardias civiles que la madrugada de este jueves custodiaban los 8,4 kilómetros de valla ya intuían que tanta tranquilidad podía terminar en tormenta. En torno a las seis de la mañana un grupo de más de 850 inmigrantes "llegó en tromba" al paso fronterizo, afirma un agente de la Guardia Civil. Armados con una sierra radial a batería, botes de laca a modo de lanzallamas caseros, palos, cizallas, objetos cortantes y cubos de cal, se lanzaron a la alambrada dispuestos a saltarla y atravesarla con "inusitada violencia", según fuentes oficiales. Un centenar no lograron salir de suelo marroquí; lo consiguieron 602 personas. Los 150 restantes fueron repelidos por agentes españoles y marroquíes; las imágenes muestran que hubo incluso devoluciones en caliente, pese al compromiso del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, respecto a la posibilidad de eliminar esas prácticas.

El enfrentamiento, uno de los más numerosos y descarnados que se recuerdan en la ciudad autónoma, se saldó con 132 inmigrantes heridos —según estimaciones de la Cruz Roja— con cortes producidos por las concertinas de la valla (cuya retirada es otra de las promesas de Sánchez). 11 de ellos precisaron atención hospitalaria, y dos fueron intervenidos por cortes profundos, según la Guarida Civil. 22 agentes recibieron asistencia por contusiones de diversa consideración, además de quemaduras y problemas respiratorios provocados por la cal viva. Cinco guardias fueron trasladados al Hospital Universitario de Ceuta; uno de ellos permanecía en observación con problemas en los ojos al cierre de esta edición.

El salto a la valla de Ceuta y la llegada de 300 migrantes adicionales a las costas andaluzas a bordo de embarcaciones procedentes de Marruecos a lo largo de la jornada de ayer agravan la tensión migratoria en el Sur, cuyos servicios de acogida se han visto "desbordados", según reconoce el Ejecutivo. A pesar de ese flujo, fuentes de la cooperación internacional defendieron ayer el papel de Rabat: "Solo nos acordamos de Marruecos cuando hay un salto masivo, pero no es noticia cuando impiden la llegada de migrantes en el mar".

El pasado 10 de junio, por ejemplo, la Marina Real marroquí socorrió a 472 migrantes. "Si se tiene en cuenta que hace ya unos seis meses que no se producía un asalto masivo, eso quiere decir que algo se habrá hecho bien durante esos seis meses", prosiguen las mismas fuentes. "El hecho de que los migrantes hayan utilizado una violencia nunca vista hasta ahora significa que no lo habrán tenido nada fácil para cruzar la valla. Hay también varios gendarmes marroquíes heridos. Cada día llegan más migrantes subsaharianos a Marruecos y por muy buen portero que sea, cuando te disparan varios balones es imposible detenerlos todos", cierran las mismas fuentes.

De los 8,4 kilómetros de perímetro doblemente vallado en Ceuta, los inmigrantes escogieron el flanco más débil: la zona de la Finca Berrocal. Ese punto se caracteriza por su complicada orografía, que complica tanto la detección de personas como la intervención de las fuerzas de seguridad de ambos países. Los 850 migrantes —todos ellos hombres y de origen subsahariano— se dividieron en grupos ante la escasez de efectivos policiales, según denuncian fuentes sindicales.

"Los que vigilamos el perímetro de la valla —de algo más de seis metros de altura— estamos vendidos. Aquí hacen falta de 80 a 100 agentes, y de 15 a 20 más en frontera", reconoce un guardia civil.

Los inmigrantes emplearon una sierra radial eléctrica, ganchos, palos, piedras, botes de laca como lanzallamas caseros, cal viva y "escudos y protectores corporales artesanales y ofensivos", según un comunicado de la benemérita ceutí. Se trata de un salto de una "violencia inusitada" hasta ahora, según fuentes oficiales de la Guardia Civil. Sin embargo, Reduan Mohamed, activista de la asociación humanitaria Digmun, rechazó las acusaciones de violencia extrema: "Vienen con garfios o cizallas para trepar o cortar la valla, no para herir a nadie. Lo primero que hacen cuando pisan Ceuta es besar el suelo y darnos las gracias; esa acusación no tiene sentido".

La escaramuza dejó escenas impactantes de inmigrantes con sus piernas y brazos enredados en las polémicas concertinas que coronan la valla. Bomberos y guardias civiles intentaban zafarlos de las cuchillas entre gritos de dolor de los atrapados.

El mayor salto en 17 meses

Aunque los intentos por saltar la valla de Ceuta han sido constantes en estos meses, se trata del mayor salto en la ciudad autónoma. El 17 de febrero del año pasado consiguieron cruzar 850 inmigrantes, pero en dos saltos en el lapso de 72 horas. Desde entonces, tan solo han prosperado "pequeños saltos a cuentagotas, donde han entrado tan solo una o dos personas cada vez", explica Mohamed.

Ahora, la ciudad debe responder a la emergencia que supone la atención a los recién llegados en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Hace semanas que el Gobierno no traslada emigrantes a la península, dada la saturación de los centros de Andalucía. Antes del salto había ya unos 700 migrantes en unas instalaciones que tienen capacidad para 512. Por ello, militares de los Regulares habilitaron ayer un recinto hípico aledaño al CETI con tiendas de campaña que dan cobijo a los recién llegados. Eran los mismos que, al alba, esta mañana gritaban "¡boza, boza!" —victoria en idioma fula, una lengua de África Occidental— mientras corrían a la desesperada por las calles de Ceuta. Exultantes y nerviosos, despertaron a muchos vecinos que, con sus móviles, les grabaron en su carrera hacia el CETI. Tras de sí quedaba un impactante reguero de sudaderas, camisetas y zapatos desparramados por el camino. Ahora empieza su nueva vida en Europa.

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