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Macron y Sánchez sellan su alianza migratoria en la UE

La buena sintonía entre ambos presidentes se plasma en un documento de ocho puntos con declaraciones de buenas intenciones

Los presidentes de España y Francia, Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, reafirmaron ayer en Madrid su alianza para facilitar una mayor integración de la Unión Europea y su sintonía para encarar el actual desafío migratorio. Esa buena conexión generacional, política y de intereses se plasmó en un documento de ocho puntos con declaraciones de buenas intenciones. Sánchez se ofreció a convocar una cita de ministros europeos sobre inmigración.

La Declaración de Madrid sobre asuntos migratorios subraya que España y Francia comparten la misma visión y consideran que la cooperación mutua y de toda la UE con los vecinos del sur "es un requisito sine qua non para construir un modelo migratorio basado en la solidaridad y el respeto a los derechos humanos". Luego, en ocho apartados, el texto recuerda las tesis ya consensuadas con el resto de países de Europa y en su parte final anuncia la intención de España de promover con organizaciones internacionales especializadas "una reunión regional de los ministerios encargados de asuntos migratorios" de los países europeos con los del Sahel y África occidental, con el propósito de analizar los nuevos flujos y explorar posibles iniciativas comunes.

Cuando apenas llevaba tres semanas en el cargo, el 24 de junio, Pedro Sánchez (46 años) quiso estrenarse en su primera gira internacional con una visita más que simbólica a Emmanuel Macron (40 años) en el Palacio del Elíseo. Tras un paseo por aquellos jardines y un almuerzo de trabajo, ambos ofrecieron ante la prensa una imagen muy buscada con el propósito de difundir el mensaje de que estaban condenados a entenderse.

Macron anticipó en aquel encuentro a Sánchez la idea que había abordado antes con la canciller alemana, Angela Merkel, sobre la necesidad de crear "centros cerrados" dentro de territorio europeo donde mantener a los inmigrantes hasta determinar cómo y cuántos se podrían repartir entre los países miembros de la UE sin provocar más crisis políticas internas. Sánchez aceptó aquella propuesta, a pesar de que en su Gobierno admitían que no le gustaba demasiado, para demostrar su voluntad de acuerdo y su predisposición a mantener estrechas relaciones con los países que forman el núcleo duro de la UE.

Luego aquella propuesta de centros cerrados fue matizada, se abogó por trasladar esas plataformas de selección de migrantes fuera de Europa y finalmente, tras un Consejo Europeo nada fácil, la UE constató la necesidad de priorizar la búsqueda de pactos con los países de origen y tránsito. Es la posición histórica que esgrime España desde que sufrió en 2006 la gran crisis de los cayucos en Canarias (llegaron 39.000 inmigrantes) y alcanzó acuerdos para conceder ayudas millonarias a Senegal y Mauritania.

Desvío de flujos

Un informe interno del Ministerio del Interior, revelado por EL PAÍS, cuantificó las ayudas a esos dos países en 135 millones de euros. Las llegadas empezaron a frenarse y en 2013 solo alcanzaron las costas españolas desde Mauritania 72 personas, 13 en 2014, 40 en 2015 y cero en 2016 y 2017. La última idea lanzada desde la Comisión plantea dar a los Estados dispuestos a acoger a personas desembarcadas en cualquier punto de la UE un total de 6.000 euros por migrante.

Macron y Sánchez abordaron ese plan en su cita de Madrid, que coincidió con un repunte de los saltos de migrantes a la valla en Ceuta y de pateras en las costas de Andalucía. En el Gobierno de Sánchez no quieren achacar este aumento de los flujos temporales de emigración a algún hipotético problema diplomático con Marruecos.

Es lo que Borrell define como un problema de la ley de la gravedad, es decir, que al cerrar Italia el tránsito de inmigrantes por el Mediterráneo central, esos flujos se han desviado hacia el occidente y Marruecos.

El caso del barco Aquarius no es más que una solución puntual para Sánchez. En el Gobierno español abogan por planteamientos más ambiciosos y a largo plazo, con la vista puesta en los próximos 20 o 30 años, y medidas como intentar frenar la explosión de la natalidad de algunos países del Sahel y, en general, de África. Macron recogió ese guante cuando Sánchez se lo anticipó hace un mes en París, lo hizo suyo luego en el Consejo Europeo y lo ratificó con varios apretones de manos y fotografías juntos ayer en La Moncloa.

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