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Macron y Sánchez defienden “centros cerrados” para inmigrantes en Europa

El eje París, Berlín y Madrid propondrá a la Comisión el reparto rápido y eficaz de migrantes y asilados por varios países europeos para desatascar la situación crítica en Italia

Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, este domingo tras su reunión en París.

La sintonía fue tan completa que parecía que cualquier propuesta sería aceptada sin ningún matiz. Emmanuel Macron, y Pedro Sánchez sentaron este sábado en París las bases de una nueva alianza europeísta que se pondrá a prueba en el debate migratorio que divide Europa. El presidente español, en su primera visita internacional, y el jefe de Estado francés promueven una respuesta común a la crisis que incluye la creación de “centros cerrados” en la UE donde dirimir si los recién llegados pueden acogerse a la condición de refugiado o deben ser expulsados.

La idea de los “centros cerrados”, que según Macron y Sánchez cuenta con el respaldo de la canciller alemana Angela Merkel, es una pieza más en el plan para gestionar la llegada de migrantes, y puede servir para atraer a Italia, cuyo nuevo Gobierno encabeza el frente antiinmigración en la UE, hacia una solución europea. El plan contempla desarrollar la cooperación con los países de procedencia de los migrantes, una mayor protección de las fronteras exteriores de la UE y una mejora de los mecanismos de solidaridad entre los Estados miembros.

Un ministro italiano dice que Francia es "candidata a enemigo número uno"

EFE, Roma

El líder del antisistema Movimiento Cinco Estrellas y ministro de Desarrollo Económico y Trabajo de Italia, Luigi Di Maio, ha advertido este sábado al presidente de Francia, Emmanuel Macron, de que está convirtiendo a su país en "el enemigo número uno de Italia" en la cuestión migratoria. "En Italia, la emergencia migratoria existe y también es alimentada por Francia con constantes devoluciones en la frontera. Macron está haciendo que su país sea candidato a convertirse en el enemigo número uno de Italia en esta emergencia", ha escrito en la red social Facebook. 

Di Maio, quien también es vicepresidente del Gobierno que conforma el Movimiento Cinco Estrellas y la ultraderechista Liga, ha afirmado que el presidente francés "está completamente fuera de contacto con la realidad" si piensa que en Italia no existe ahora mismo un problema de flujos migratorios. "La era en la que Italia se hacía cargo de todo ha acabado oficialmente. Escribimos la palabra final al negocio de la inmigración", ha subrayado.

Además, ha rechazado la propuesta de Francia y Alemania de crear centros de registro de refugiados en los países de llegada para que gestionen las solicitudes de asilo y devuelvan a sus países a aquellos que no gocen de ese derecho. "Los centros de registro de refugiados en los países de desembarco significarían decir a Italia 'Encárgate tú'. No es posible", ha opinado. En lugar de eso, Italia apuesta por levantar estas instalaciones "en los países de origen y de tránsito" de estas personas y que estén "dirigidas por la Unión Europea". 

El periplo del buque Aquarius en el Mediterráneo y el sentimiento, por parte de países como Italia, de que cargan con un número excesivo de migrantes, ha abierto una fractura. La fractura refleja la emergencia de dos bloques: el de los países partidarios de una mayor integración europea, liderados por la Francia de Macron, y el de los pujantes Gobiernos euroescépticos y populistas, que tienen en Roma y en el hombre fuerte del Gobierno italiano, el ministro del Interior, Matteo Salvini, a un nuevo aliado de peso.

La visita de Sánchez a París —el primer viaje al extranjero de un presidente inesperado por la mayoría, si no por todos sus socios— escenificó la reconfiguración de las alianzas en la UE. En el almuerzo de más de dos horas con Macron en el Palacio del Elíseo, y en la rueda de prensa posterior, Sánchez disipó cualquier duda que podía quedar sobre la fe europeísta del Gobierno español, y su adhesión a las políticas de Macron y Merkel para relanzar el proyecto europeo.

“Los desafíos en el tema de la inmigración y la economía son reales, y hay riesgo de fragmentación, de desmantelamiento europeo por el retorno de los nacionalismos. Nuestra voluntad común es responder con una verdadera refundación europea”, dijo Macron. “El presidente Macron ha dicho que necesitamos relanzar el proyecto europeo”, añadió Sánchez. “El Gobierno de España no puede estar más de acuerdo con esta visión, con este objetivo, con esta voluntad política marcada por el presidente Macron”. El líder francés visitará España el 26 de julio.

El frente de Macron y Sánchez con una Merkel amenazada por el flanco conservador y bávaro de su coalición, empezará a actuar en la reunión informal de líderes europeos que este domingo se celebra en Bruselas, y en el Consejo Europeo del 28 y 29 de junio. La alianza no se limita a un tema —Sánchez apoya “de manera firme y entusiasta” el plan francoalemán acordado esta semana para impulsar un presupuesto común del euro—, pero la política de inmigración y asilo ha irrumpido en la agenda, y es el primer desafío.

Lo que Macron llamó “centros cerrados” para los migrantes recién llegados, que La Moncloa prefiere llamar “centros controlados”, deben ser una manera de afrontar de manera “rápida y eficaz” la llegada de sin papeles en episodios como el del Aquarius. En esos centros se estudiaría individualmente su situación, si procede concederles el asilo y, en caso contrario, se les "acompañaría" a sus países de origen, un eufemismo para designar las expulsiones.

Los "centros cerrados" estarían financiados con medios europeos, con respeto y garantías humanitarias tanto de organizaciones internacionales como la Cruz Roja como de las agencias especializadas de la ONU. Acogerían a los inmigrantes que ahora desembarcan o son rescatados en aguas europeas y a los que en primer lugar habría que dar una respuesta de auxilio, al llevarlos inmediatamente al puerto más cercano. De esos puertos serían trasladados a esos centros cerrados financiados por la UE.

El presidente francés se reservó para el final de su larga intervención otros dos mensajes con destinatarios hacia los países con tendencias ahora más nacionalistas y populistas. Primero cuestionó las cifras globales de migración, para relativizar la gravedad de la crisis. Enfatizó que no se está viviendo nada parecido a lo que sucedió en 2015 y que ni siquiera Italia está como estaba el año pasado: "Vean las cifras, esto es una crisis política entre los países de primera llegada, de segunda y de los extremos. Hay que mantener la cabeza fría y no perder la ventaja de la cooperación ni caer en los espíritus de la simplificación". Y puso el ejemplo de lo que hizo España hace 14 años cuando empezaron a llegar cientos de cayucos a Canarias procedentes de Senegal y emprendió el camino de más acuerdos y convenios con ese país.

El segundo mensaje de Macron fue para los países que ponen problemas para colaborar en dar salidas a esta crisis dentro de Europa. No citó a ninguno en concreto. Pero sí remarcó que se podrían dar por un lado incentivos y por otro lado aplicar sanciones según cada comportamiento. "No podemos tener países que se beneficien masivamente de la solidaridad de la UE mientras que también masivamente reivindican su egoísmo nacional cuando se tratan temas de inmigración".

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