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Italia redobla el pulso con sus socios de la UE en la cuestión migratoria

Matteo Salvini rechaza la entrada de otro barco con 224 inmigrantes a bordo y pide al primer ministro, Giusepp Conte, que no asista a la minicumbre de Bruselas el domingo

Italia tensa la cuerda sin preocuparse ya lo más mínimo de que pueda romperse. Matteo Salvini comanda una ofensiva por vías diplomáticas y marítimas con la intención de hacer cambiar de rumbo a la UE, que vive un pulso de alta tensión política en torno a la migración. Por la noche, Salvini pidió al primer ministro, Giuseppe Conte, que no asista a la minicumbre de gobernantes que se celebra este domingo en Bruselas si ya hay un borrador redactado. Por la mañana, en una agresiva transmisión en sus redes sociales, volvió a oponerse a la llegada a los puertos italianos de otro barco con 224 inmigrantes rescatados.

El barco de la ONG alemana Lifeline, con 224 inmigrantes rescatados a bordo. FOTO: EFE / VÍDEO: ATLAS

La batalla por la política migratoria europea empieza a parecerse a un Italia contra todos. Pero el pulso con Alemania, de momento, resume bien la contienda. La nueva andanada de Salvini perseguía inicialmente dejar patente el descontento de su Gobierno con la orientación de la minicumbre que ha convocado la Comisión para este domingo en Bruselas. Pero su agresiva verborrea desconcierta incluso a sus socios de gobierno, que no logran seguir el ritmo y tratan de recolocarse. Consciente de ese malestar, la institución lanzó este jueves un mensaje de apoyo a Roma para aplacar los ánimos. “Durante mucho tiempo Italia ha asumido una responsabilidad muy superior a otros. Hace bien en pedir un cambio. No es justo”, apuntó el comisario de Migración, Dimitris Avramopoulos. Pero la máquina propagandística ya estaba en marcha.

Poco después, Salvini volvió a anunciar que los puertos italianos impedirían a la ONG alemana Lifeline, cuyo barco porta bandera holandesa, el desembarco de los 224 migrantes que llevaba a bordo. “Las ONG extranjeras, con personal extranjero, con financiación extranjera y con bandera extranjera ya no volverán a tocar suelo italiano”, lanzó desafiante en una de sus transmisiones a través de Facebook. En esta ocasión, Salvini acusa a una organización alemana de no respetar las órdenes de las guardias costeras libia e italiana, que le indicaron que no se moviera, puesto que sería el país africano quien se ocupase del rescate. “Pero estos desgraciados [también los llamó “pseudovoluntarios”], incluso poniendo en peligro la vida de los inmigrantes en estos botes, no han escuchado a nadie y han intervenido cargando a la fuerza una valiosa cantidad de seres humanos, de carne humana a bordo”, bramó.

El instinto electoral de Salvini indica siempre al ministro del Interior cuando toca gritar. El problema es que, como ya advirtió su socio de gobierno, las competencias para cerrar los puertos son del Ministerio de Transportes e Infraestructuras, en manos del grillino Danilo Toninelli. Y su mensaje no terminó de encajar con el de Salvini. “Las naves de las ONG Lifeline y Seefuchs serán confiscadas por el Gobierno italiano y traídas a nuestras costas para verificar la bandera a la que pertenecen”, señaló dando a entender que sí habrá un desembarco en Italia y añadiendo un nuevo capítulo a los desencuentros en la coalición.

El M5S y la Liga discrepan profundamente en los modos y, especialmente, en cómo rentabilizar políticamente esta crisis. Pero están de acuerdo en el fondo de la cuestión. Y el Ejecutivo italiano entiende que el encuentro del domingo se ha organizado para atender las demandas de Alemania, que clama por frenar el tránsito de demandantes de asilo desde los países a los que llegan inicialmente (los del sur) hasta sus fronteras. Aunque la propuesta de la Comisión recoge medidas para ambas partes, las más concretas e inmediatas se centran en impedir esos llamados movimientos secundarios. De hecho, fue la propia canciller alemana, Angela Merkel, la que pidió este encuentro para frenar a su ministro del Interior, Horst Seehofer, que la amenazó con medidas unilaterales en las fronteras. Algo que Merkel no comparte y que pone en riesgo —como en Italia— la supervivencia de la propia coalición.

Nuevo incendio entre Francia e Italia

Italia y Francia estuvieron la semana pasada a punto de provocar un incendio diplomático incontrolado. Sofocado momentáneamente, este jueves volvió a arder. El presidente francés, Emmanuel Macron, calificó el populismo como una “lepra” y se refirió indirectamente a Italia. “Crecen un poco en todos lados en Europa, en países que pensamos que sería imposible verlos reaparecer. ¡Nuestros amigos vecinos sueltan las peores cosas y nos acostumbramos! Realizan las peores provocaciones y nadie se escandaliza”.

Luigi Di Maio, vicepresidente de Italia y líder del M5S, algo falto de protagonismo estos días, recogió el guante. “Son palabras ofensivas y fuera de lugar. La verdadera lepra es la hipocresía de quien devuelve a los migrantes a Ventimiglia [frontera italiana con Francia] y nos da lecciones morales cuando pedimos una distribución equitativa”.

Reunión de los 28

La reunión que mantuvieron este jueves los representantes de los 28 Estados miembros en Bruselas para preparar la cumbre europea (no la informal de esta semana, sino la formal del próximo jueves) ofreció una buena muestra de esa pugna. El representante alemán se quejó porque, a su entender, en los últimos meses la UE se ha centrado más en las soluciones externas (impedir que lleguen migrantes) que en las internas (reformar el sistema de asilo para que no todos los que ponen un pie en Europa acaben llamando al timbre alemán), según fuentes conocedoras del encuentro.

Berlín expresó también ciertas dudas ante la creación de la llamada plataforma regional de desembarcos, un concepto que han puesto sobre la mesa las instituciones en Bruselas —en colaboración con la ONU— para reunir a todos los migrantes rescatados en el mar en un tercer país, fuera de la UE, donde se procesarían sus expedientes.

Italia mantuvo la postura opuesta. Su representante saludó la plataforma e insistió en la necesidad de ejercer una “responsabilidad compartida” en los desembarcos. Este país, entonces gobernado por los socialdemócratas, ya intentó el año pasado sin éxito que Francia y España asumieran algunas de estas operaciones. El Gobierno de Pedro Sánchez se ha estrenado con una actitud diferente, al acoger el Aquarius que Italia dejó abandonado en el mar, aunque está por ver la posición general. De momento, los representantes españoles muestran cierta inquietud con la plataforma e insisten en que la solución reside en cooperar con los Estados de origen de los migrantes.

Para convencer a los italianos de que la idea avanza, Avramopoulos citó varios países norteafricanos con los que dice mantener contactos, aunque sin ceñirse exclusivamente a los centros de migrantes. Egipto, Libia, Argelia, Túnez y Marruecos figuran entre esos Estados, aunque la idea de crear esas instalaciones en Libia, un país sumido en el caos, parece descartada. “Estoy en contra de una base de migrantes tipo Guantánamo. Eso está fuera de lugar”, trató de tranquilizar el comisario.

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