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Sánchez busca espacios de diálogo con los moderados del PDeCAT

El cambio de los actores principales en la crisis provoca por primera vez la sensación de que hay margen para un diálogo que rebaje la tensión en Cataluña

Todos los protagonistas de esta historia saben que el problema de fondo no ha cambiado. “No nos engañemos, pase lo que pase hay dos millones de personas que se quieren ir de España, eso no se arregla en una generación”, sentencia uno de ellos. Sin embargo, un cambio imprevisto de los actores principales —Pedro Sánchez por un lado y un grupo de moderados que están tratando de hacerse con el control del PDeCAT por el otro— ha provocado una unánime sensación de que ahora hay algo de margen de maniobra. Sánchez busca ese espacio con los independentistas más flexibles, pero los presos son el gran escollo.

El president Quim Torra, y el líder del PSC, Miquel Iceta, antes de la reunión que mantuvieron el viernes pasado.
El president Quim Torra, y el líder del PSC, Miquel Iceta, antes de la reunión que mantuvieron el viernes pasado.

Los independentistas más moderados reclaman al Gobierno gestos que les ayuden a imponerse en su debate interno. Y el Ejecutivo, con la ministra Meritxell Batet como gran referente para rebajar la tensión, responde que hay un gran margen para abrir una nueva etapa si se concentran en desarrollar leyes sociales tumbadas por el Constitucional o inversiones bloqueadas.

Pero donde no hay espacio es en la autodeterminación y en los líderes independentistas encarcelados, el gran escollo para la normalización que busca Sánchez. Los interlocutores catalanes han trasladado su enorme inquietud por los presos y los fugados. El president Quim Torra está preocupado porque Carles Puigdemont pueda ser extraditado y acabe en la cárcel. Todos están muy pendientes de qué fiscal general vaya a elegir Sánchez pero el mensaje ha sido muy claro: no hay margen antes del juicio para hacer nada. “Es tarde para eso”, es la frase que lanzan desde el Gobierno.

Con mucha cautela, en Madrid y Barcelona se está fraguando una gran operación política que empezó a gestarse en las conversaciones para promover el sí a la moción de censura contra Mariano Rajoy. Los dos grupos han encontrado un material sobre el que se puede avanzar: las 16 leyes sin contenido polémico (desahucios, pobreza energética, igualdad de género, canon digital) tumbadas por el Constitucional por cuestiones competenciales, la parte del Estatut que fue derogada y podría ser recuperada a través de leyes orgánicas, los recursos en marcha que podrían ser retirados, y los 45 puntos que Puigdemont planteó a Mariano Rajoy y que nunca se discutieron porque el 46, el referéndum de autodeterminación, bloqueaba todos los demás. Pero más allá del contenido concreto de estas reformas, la clave está en el mensaje: “Sánchez ha dejado claro que quiere volver a hacer política”, sentencian sus interlocutores catalanes.

Esa gran maniobra tiene una fecha clave: el fin de semana del 22 de julio, cuando está convocado el congreso del PDeCAT (la antigua Convergència) en el que se prepara una dura batalla entre los que siguen apostando por la ruptura y quienes quieren buscar una salida. Los que están en posiciones más suaves, enfrentados a Carles Puigdemont y liderados por Marta Pascal, necesitan antes de esa fecha gestos de acercamiento que les ayuden a ganar ese congreso que elegirá a un sucesor de Artur Mas en la presidencia. Y así lo han hecho saber.

La Moncloa responde, a falta de contenido de fondo, multiplicando los gestos. Hasta el punto de que incluso Màxim Huerta, según confirma el propio ministro de Cultura, ha trasladado al PDeCAT sus disculpas por algunos tuits del pasado especialmente duros con los independentistas. La voluntad política de rebajar la tensión es evidente.Todo son buenas palabras estos días, salvo cuando se habla de los presos. “Ya vimos al fiscal general de Rajoy pidiendo la libertad de Quim Forn y al juez Llarena rechazándola. Por ahí no hay recorrido. Es demasiado tarde, hay que esperar a la sentencia, en teoría antes de final de año”, explican del lado socialista. La única posibilidad pasaría por un cambio radical de opinión de Llarena, algo improbable. Dirigentes independentistas del PDeCAT y de ERC también admiten con desesperación que no esperan movimientos antes del juicio de los políticos independentistas previsto para otoño.“Si hubiera algo en el futuro tendría que hacerse en verano o en Viernes Santo, como la legalización del PCE en 1977” ironiza uno de los protagonistas de la operación. Lo que no está encima de la mesa de momento es un cambio de posición de la fiscalía. 

Sin contacto personal

Las imágenes captadas en la cárcel de los políticos catalanes complican aún más el escenario. “El impacto emocional que tiene sobre la sociedad catalana el vídeo de Junqueras barriendo la cárcel de Estremera es incalculable”, se inquieta un dirigente independentista. “Esto no tiene nombre”, resumió un desolado Joan Tardá, portavoz de ERC en el Congreso.

Uno de los grandes problemas de esta operación es la ausencia hasta ahora de contacto personal. La política necesita confianza, y los protagonistas ni siquiera se conocen. Sánchez nunca había hablado con Torra hasta el viernes pasado, solo se cruzaron algunos mensajes. Miquel Iceta, líder del PSC, nunca se había reunido con él hasta ese mismo día, cuando le recibió en el Palau de la Generalitat. Batet tampoco le conoce.Antes de lanzarse, Sánchez necesita estar seguro de que Torra no tomará ninguna decisión que obligue al presidente a aplicar de nuevo el 155, lo que anularía definitivamente la operación de acercamiento. Torra parece más dialogante de lo previsto, y la conversación con Sánchez fue positiva, según fuentes socialistas e independentistas. Pero muchos temen a su entorno, formado por incondicionales de Puigdemont como Elsa Artadi, que va ocupando cada vez más espacio y choca de forma evidente con Pascal. 

La batalla en los últimos meses ha sido tan dura que todos parecen desear una tregua mientras las banderas catalanas o españolas que miles de ciudadanos sacaron a sus ventanas tanto en Barcelona como en Madrid envejecen y amarillean en los balcones después de tantos meses al sol. Sánchez, señalan miembros del Gobierno, sabe que este es el momento ideal para hacer esa primera reunión con Torra. Además, vive en pleno idilio con las encuestas con un Gobierno aplaudido por casi todos. Rajoy destacó su lealtad hace tres semanas, ahora no es creíble llamarle traidor. El PP está fuera de juego hasta que renueve su liderazgo. La ventana puede empezar a cerrarse a finales de julio, con los congresos del PP y PDeCAT. En otoño llegarán los juicios que de nuevo calentarán el ambiente. Por eso todos coinciden: Sánchez, que está imprimiendo un ritmo fuerte a su nuevo Gobierno, tiene que acelerar en Cataluña.

La restitución tampoco llega a los altos cragos del Govern

CAMILO S. BAQUERO

La bandera de la restitución del Govern que enarboló Carles Puigdemont se demostró inviable en el caso de los consejeros y tampoco ha llegado, de momento, a los altos cargos. De la cuarentena de nombramientos publicados en los últimos días, solo seis revalidan sus posiciones. La aplicación del artículo 155 provocó la suspensión de algunos de esos altos cargos, pero evitó desmontar la estructura de la gestión, de manera que los secretarios generales y los directores generales siguieron llevando el día a día, bajo la tutela del Gobierno central.
El portal de transparencia de la Generalitat publicó el pasado día 8 una lista de los 131 altos cargos y 72 eventuales de la Generalitat. Sin embargo, la fotografía, por ahora, es incorrecta porque aún recoge cargos que se sabe que se retirarán. El caso más notable es el de los secretarios generales, que son los números dos de cada departamento. De un total de 13, solo cuatro han sido ratificados en sus puestos. Los restantes irán aterrizando en sus nuevas posiciones, aunque la mayoría proviene de otros puestos de la Administración. Es el caso de Brauli Duart, ahora secretario general de Interior y que había sido presidente de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales. Esa dinámica de movilidad interna dentro del Govern se ha producido también con, al menos, otros 38 altos cargos.

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