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EP Firmas BLOGS Por ERNESTO EKAIZER

Fuego cruzado: Junqueras versus Puigdemont

Aflora como broche de oro de la campaña un enfrentamiento largamente soterrado

Junqueras y Puigdemont cuchichean al finalizar el pleno del Parlamento de Cataluña, el pasado 10 de octubre.
Junqueras y Puigdemont cuchichean al finalizar el pleno del Parlamento de Cataluña, el pasado 10 de octubre.

Era sabido que Carles Puigdemont y Oriol Junqueras disimulaban unas relaciones conflictivas acumuladas a lo largo de dos años de gestión gubernamental. Igualmente era conocido que el lanzamiento de Junts pel Cataluña por parte de Puigdemont, con la idea inicial de reeditar Junts pel Sí, fue visto como una apertura de precampaña peligrosa por parte de ERC. Como la procesión entre ambos líderes siempre ha ido por dentro, parecía impredecible una explosión. Y mira por dónde, los últimos dos días de campaña han dado la gran noticia: el estallido, contenido, pero estallido al fin.

Puigdemont vio en estas elecciones la oportunidad para una metamorfosis: la de la vieja Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) reconvertida en PDdeCAT. Un partido que acumula facturas a pagar con la justicia por diversas investigaciones de corrupción —a la espera de la sentencia del caso Palau— podía servir de vehículo a condición de sufrir una transformación. El proyecto, pues, consistía en crear un movimiento del president Puigdemont.

La cadena entre Junqueras y Puigdemont se rompería por el eslabón más débil: la situación y participación personal de cada uno en la campaña

La idea de elevarse por encima de la nación, generar una identificación emocional con el presidente destituido y centrar la restauración del president y el antiguo govern como objetivo de las elecciones suponía al unísono convertir a Puigdemont en el centro de la campaña electoral. El pretexto: rescatar la institución presidencial secuestrada por el artículo 155, sobrevivir a la intervención de Madrid.

Este proyecto que Víctor Hugo podría llamar irónicamente el proyecto de Napoléon le Petit, título del panfleto que escribió sobre la toma de poder de Luis Napoleón-Bonaparte, sobrino del emperador, acontecimientos de diciembre de 1851 que Carlos Marx inmortalizó en la obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte, cayeron mal desde el primer momento en ERC. Liberados por el 155 de las cadenas de Junts pel Sí, los dirigentes de ERC enfilaban hacia la conquista del poder para su partido.

Y, ahora, Carles Bonaparte Puigdemont volvía a entrometerse.

Los sondeos acogieron con calidez emocional la metamorfosis y, a expensas de ERC, el movimiento de Puigdemont ganó terreno. Pero al cabo de la primera semana de campaña, la situación de ambos partidos se estancó. Y, sobre todo, Ciudadanos aparece en el primer puesto, un lugar que Junqueras estaba absolutamente seguro de tener asegurado.

La idea de que estas elecciones consistían, como explicó Jordi Turull en el debate de TV3 el lunes, de restauración, es algo que ERC no podía digerir. Restaurar a Bonaparte Puigdemont saca de las casillas a Junqueras. La cadena entre Junqueras y Puigdemont se rompería por el eslabón más débil: la situación y participación personal de cada uno en la campaña.

Puigdemont, liberado de la euroorden en Bruselas y cancelada la orden internacional de arresto, podía moverse a sus anchas en Belgica. Y con una presencia omnipresente estar mañana, tarde y noche agitando a las masas un día a través de un acto de 40.000 personas, otro mediante entrevistas con los medios de comunicación. Junqueras, recluido en la prisión de Estremera, sentía más que nunca la desigualdad de armas.

Fue Carles Mundó, el exconsejero de Justicia, recuperada su libertad provisional el 3 de diciembre, el primero en abrir fuego la noche del pasado domingo, día 17, en el minuto final del debate de partidos en La Sexta.

"Junqueras está en la cárcel por haber dado la cara. Nunca hemos tenido un caso de corrupción", recordó.

A la mañana siguiente, Junqueras concedió una entrevista a RAC1 desde la cárcel de Estremera, y fue más allá en términos personales. "Yo estoy aquí [en prisión] porque no me escondo nunca de lo que hago y porque soy consecuente con mis actos, decisiones, pensamientos y voluntad".

Puigdemont no reaccionó inmediatamente: la venganza, parece haber tenido en cuenta, es un plato que se sirve frío. Pero este martes 19, veinticuatro horas después de la declaración de Junqueras, hizo un desmentido en regla usando, en una entrevista con el programa El Matí de Cataluña Radio las mismas palabras que su rival.

"Yo no me escondo. Estoy en Bruselas y soy consecuente con todo", explicó.

Fuentes del PDdeCAT vieron inevitable la respuesta de Puigdemont. "Él actúa ahora más como periodista que como político. Sigue cada palabra, cada frase, cada movimiento y dedica tiempo a pensar una respuesta. Ni Junqueras ha improvisado con sus alusiones ni Puigdemont ha evadido el debate. Eso sí no ha consultado con nadie", apunta un dirigente a este periódico.

Este intercambio de estocadas es un síntoma. Los sondeos no señalan grandes cambios en ambas fuerzas, como se ha apuntado, con una ventaja de ERC sobre Junts pel Cataluña. Pero la necesidad de volver a atraer a electores que pueden haberse desplazado desde ERC a Puigdemont tiene rostro de hereje. Y esta herejía esta propulsada por la posibilidad de que Inés Arrimadas lleve a Ciudadanos al primer puesto en las elecciones del jueves 21 de diciembre.