La Policía detiene al ‘capitán Timo’

El falso militar opera desde los sesenta y en los últimos cuatro meses se le imputan seis delitos Estuvo en la cárcel a principios de 2000

Manuel Quintía en una imagen de 1999.
Manuel Quintía en una imagen de 1999.

La Policía Nacional ha detenido este jueves al capitán Timo, el falso militar que lleva cometiendo delitos de estafa desde los años sesenta y que, en los últimos cuatro meses, ha acumulado presuntamente beneficios de forma fraudulenta por valor de 30.000 euros. Manuel Quintía Barreiro ya fue condenado varias veces a penas de cárcel de hasta siete años a finales de los años noventa y a principios de 2000 y ahora se le imputan seis delitos de estafa cometidos en los últimos cuatro meses, aunque la Policía no descarta que haya más.

El capitán Timo continúa usando el mismo modus operandi de siempre. Se disfraza de coronel del ejército, comandante de la marina o capitán de fragata para ganarse la confianza de las víctimas y realizar falsos negocios ligados a dependencias o servicios militares. Con credenciales del Ejército falsas, ofrece la concesión de cantinas, lavanderías o peluquerías de cuarteles e incluso la posibilidad de ser conductor de una base militar. Tras conseguir el dinero que las víctimas le dejan como adelanto, desaparece sin dejar rastro.

En su último intento, la víctima sospechó de él, según una nota de la Policía Nacional, que detuvo al sospechoso en una cafetería de Madrid donde había quedado con el estafador para cerrar el negocio. En el momento de su detención, el capitán Timo llevaba un carnet falsificado de las Fuerzas Armadas.

El afectado había explicado a los agentes que, días atrás, había conocido a un hombre de unos 70 años que, tras identificarse como coronel del Ejército, le ofreció la posibilidad de hacerse cargo de la cantina militar de un cuartel madrileño. Para ello, el falso coronel le pidió diversa documentación personal y unos 900 euros para agilizar los trámites de la concesión. La víctima se lo entregó, pero avisó después a la Policía, que acudió a la cita.

El capitán Timo llegó a estafar 1.200 millones de pesetas (más de siete millones de euros) utilizando incluso el Ministerio de Defensa como falso intermediario. En 1991 se ganó la confianza de un empresario de telefonía que le entregó 20 millones de pesetas para que comprara materia que iba a ser vendido a Defensa, pero se fugó con el dinero. Al año siguiente, Quintía se inventó que el Ministerio quería comprar un terreno que su propietario no estaba dispuesto a vender por razones ideológicas. Se trataba, por lo tanto, de encontrar un intermediario que se quedaría con una suculenta comisión. La víctima acabó invirtiendo 1.200 millones de pesetas y nunca vio los beneficios.

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