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Rajoy hace política con el AVE

Moncloa aprovechará la inauguración de la vía a Girona, con el presidente, Mas y el Príncipe, para buscar gestos y ‘vender’ que a Cataluña le va mejor con España

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En una política mediática donde la televisión es la clave, las imágenes que protagonizarán hoy Mariano Rajoy, Artur Mas y el Príncipe Felipe serán analizadas al milímetro. Y así se están preparando desde el Gobierno. El jefe del Ejecutivo, el presidente de la Generalitat y el heredero de la Corona pasarán hoy casi cuatro horas juntos en un espacio reducido, un vagón de AVE en el que irán a inaugurar la línea Barcelona-Girona-Figueres, que abre la puerta a la conexión con Francia.

La Moncloa, siempre atenta a las fotografías e imágenes que impactan más que los discursos, ha preparado todo para lanzar un claro mensaje político: el de que a Cataluña dentro de España le va mejor que fuera. No en vano es la primera vez que Rajoy y Mas se ven desde la cita en La Moncloa el 20 de septiembre, que fue un fracaso y desató la crisis. Desde entonces, al menos que se sepa, solo han hablado una vez, cuando Rajoy llamó a Mas para felicitarle por la victoria en las elecciones catalanas de noviembre. La relación entre ambos y sus entornos está muy deteriorada, pero en Moncloa quieren ofrecer gestos de acercamiento.

En plena ofensiva independentista, y solo un día después de que CiU y ERC organicen su primera reunión para impulsar el proceso de “transición catalana” hacia la autodeterminación, Mas estará rodeado de los dos grandes símbolos del Estado, el Gobierno y la Corona, inaugurando una infraestructura que discurre en Cataluña pero depende de Fomento, cuya responsable, Ana Pastor, también irá en el tren.

La Moncloa ha preparado el acto, previsto hace meses —es el calendario que ya anunció Rajoy en la última visita a François Hollande que hizo en París— aunque cerrado recientemente, para rematar con gestos el mensaje que ya apuntó el presidente en su última rueda de prensa: el del diálogo. De hecho, dijo que está dispuesto a recibir a Mas de nuevo en La Moncloa en cuanto él quiera. Aún no hay fecha para ese encuentro, pero es posible que se remate hoy mismo.

El Gobierno de Rajoy juega con una doble estrategia. Por un lado, algunos ministros, en especial el de Educación, José Ignacio Wert, pero también el domingo, de forma inesperada, el de Defensa, Pedro Morenés, abren choques dialécticos con la política catalana. Y desde el PP o incluso desde el ministro del Interior, el catalán Jorge Fernández, se alientan los informes apócrifos contra Mas y Jordi Pujol. Sin embargo, el presidente tiene un gran interés en ofrecer la figura de hombre de Estado, dialogante, dispuesto a tender la mano al presidente de la Generalitat. Eso fue lo que planteó el 28 de diciembre. Y esa es la estrategia central de La Moncloa.

Rajoy y los suyos saben que es casi imposible que, después del pacto con ERC, Mas renuncie a la consulta soberanista, comprometida para 2014. Pero la estrategia del Gobierno, y en especial de Rajoy, consiste en mostrar esa imagen dialogante y lanzar la idea de que él está dispuesto a negociar una mejora de la financiación de Cataluña —y de todas las demás—. Eso sí, el presidente también deja claro que no aceptará en ningún caso la consulta.

La estrategia de Rajoy consiste pues, como es habitual, en intentar ganar tiempo con la confianza de que el pacto CiU-ERC, dos formaciones con mucha distancia tanto ideológica como de historia y tradición, acabará rompiéndose.

En esta línea trabaja también el PP catalán. Alicia Sánchez Camacho, que ayer ofreció una rueda de prensa en Barcelona, centró su propuesta en esa reforma de la financiación que es la salida a la que se agarra el PP para ofrecer una alternativa a la consulta.

Sánchez Camacho, que quiere alejarse de las posiciones más duras del PP y ya recriminó en público a Wert que no hubiera contado con ella para su ley, anunció ayer que pedirá por escrito a Rajoy que abra un periodo de seis meses de negociaciones sobre la financiación catalana.

Sánchez Camacho pidió a Mas que lidere esa negociación y se olvide de la consulta. La líder del PP catalán dijo que su partido, que hasta septiembre apoyó todos los recortes de Mas, trabajará para “reconstruir los puentes y el diálogo” entre Gobierno y Generalitat. Para lograrlo se creará una comisión de trabajo entre los grupos del PP en el Parlamento catalán y el Congreso. Sánchez Camacho pedirá que el primer encuentro de este grupo lo presida Soraya Sáenz de Santamaría.

En este asunto, como en otros muchos, el PP se mueve entre dos frentes: por un lado, satisfacer a su electorado más españolista o nacionalista español, al que le gustan las palabras fuertes contra el nacionalismo catalán, y por otro el electorado moderado y la necesidad de ofrecer a los socios europeos la idea de que el problema catalán está en vías de ser reconducido, algo que en este momento parece lejano.

En este contexto, en el que la ofensiva independentista que supone el pacto CiU-ERC no ha hecho más que empezar, el acto de hoy en Girona, donde pronunciarán discursos Rajoy, Mas y el Príncipe, toma una relevancia simbólica muy importante. Don Felipe es Príncipe de Girona, lo que da un mayor simbolismo al acto que él presidirá, como manda el protocolo. Él tiene además mejor valoración que el Rey en Cataluña. Y aunque no está prevista ninguna reunión oficial entre Rajoy y Mas, cuatro horas en un tren dan para mucho.

Los discursos de Rajoy y del Príncipe Felipe sin duda irán en esa línea de la unidad de ese “gran proyecto común que es España”, que es lo que suele decir el presidente. Y sobre todo en el mensaje de que este tipo de infraestructuras genera cohesión territorial. No está claro qué hará Mas. La Moncloa ha visto con preocupación cómo la semana pasada, al inaugurar el Eje Transversal, una autovía financiada con dinero de la Generalitat, aprovechó para decir que “cuando las cosas dependen de fuera, de Madrid, o van más lentas o acostumbran a no ir”.

El secretario general de CiU, Oriol Pujol, ya avanzó lo que puede ser el discurso de Mas y señaló que el AVE a Girona “llega con 20 años de retraso”. Pujol fue más lejos y dijo que Mas podría aprovechar el encuentro con Rajoy para “iniciar el diálogo sobre el proceso del derecho a decidir en Cataluña”, precisamente aquello de lo que no quiere oír hablar el presidente.

En el Gobierno están cada vez más preocupados por la actitud del líder de CiU. Con él y su entorno apenas hay interlocución. Antes de la crisis, que arrancó con la reunión en La Moncloa en septiembre, Soraya Sáenz de Santamaría mantenía un contacto fluido con Francesc Homs, hombre fuerte del Govern. Pero todo se ha tensado mucho y en realidad el Gobierno solo mantiene la interlocución intensa con Josep Antoni Duran, reticente al pacto con ERC, a quien tratan de utilizar para presionar a Mas, y con los grandes empresarios catalanes.

Con el encuentro de hoy, Rajoy intentará crear un nuevo ambiente. Aunque nadie se hace ilusiones en La Moncloa, y el enfrentamiento total que supondría la consulta, que el Gobierno recurriría al Constitucional, se ve casi como inevitable.