El Gobierno teme protestas sociales, pero descarta movilizaciones masivas

El Ministerio de Interior prepara dispositivos especiales para evitar actos violentos

Mariano Rajoy ha cerrado otra vez su semana más difícil como presidente y no hay garantía alguna de que no vaya a vivir muchas más. Miembros del Gobierno que le vieron el viernes en el Consejo de Ministros aseguran que estaba especialmente serio y consciente del momento que vive.

Habló con varios de ellos de manera más o menos informal antes y después del Consejo, pero no hizo ninguna introducción o reflexión especial dirigida a todos, una vez que acabó la reunión con el Rey. De esas conversaciones, varios ministros dedujeron que en el ambiente del conjunto del Gobierno está la impresión de que deben apretar los dientes y esperar que se produzca un malestar ciudadano inevitable, especialmente, en sectores más afectados directamente como por ejemplo los funcionarios. La tesis sigue siendo la reiterada por Rajoy el miércoles en el Congreso: no hay más remedio que hacerlo. La completan con la impresión de que, en lo político, están en el inicio de la legislatura y si en los últimos meses se aventura un cambio de tendencia en los datos económicos, todo se dará por bien empleado. Cuentan además con la impresión de que mantienen un amplio respaldo de sus votantes, incluso aunque no oculten el cambio de opinión en algunos asuntos como los impuestos. La idea fuerza es la de la situación de emergencia con medidas excepcionales y así figura en los argumentarios que desarrollan los dirigentes del PP. Les refuerza también la impresión de que la idea de la herencia de Zapatero, para echar sobre la espalda del PSOE el desgaste les sigue funcionando. Tras ese burladero se escudó ayer, por ejemplo, la ministra de Empleo, Fátima Báñez.

Niegan que Rajoy haya tenido su 12 de mayo, en referencia al día en el que Zapatero explicó el giro de su proyecto, porque ahora se mantiene el apoyo electoral y, además, es posible cargar la responsabilidad en el anterior Gobierno. Fuentes del Ejecutivo admiten, no obstante, que mientras se mantiene el apoyo de los suyos el malestar del resto de la sociedad ha crecido notablemente en esta semana. Por eso, temen que se produzca una reacción social a las medidas de recorte. Explican que no hay indicios de que pueda haber movilizaciones masivas, pero sí conatos de protestas incontroladas en la calle y, una vez desatadas las protestas, puede haber consecuencias no deseadas.

Según esta versión, ya quedó de manifiesto en la huelga general que no hay un interés masivo en la sociedad por secundar esas protestas. Además, cuentan con la falta de apoyo de los sindicatos y una cierta división en la izquierda. Según el Gobierno, el PSOE extremadamente débil no controla la calle e, incluso, las protestas se vuelven contra este partido como ocurrió el viernes por la noche en la manifestación ante la sede federal de Ferraz.

La mejor forma de salir de la crisis es alcanzar grandes acuerdos" Alfredo Pérez Rubalcaba

Por ejemplo, la cúpula del PSOE prefiere mantener una posición como la expuesta por Rubalcaba el miércoles en el Congreso y reiterada ayer. El secretario general de los socialistas, Alfredo Pérez Rubalcaba, defendió ayer su forma de hacer oposición, informa Araceli Guede. En un encuentro con Juventudes Socialistas, lanzó un mensaje a los miembros de su partido que han sido críticos con él: no va a actuar como el PP lo hizo cuando gobernaba el PSOE. El líder de los socialistas pidió "responsabilidad" a los suyos y reiteró que "la mejor forma de salir de la crisis es alcanzar grandes acuerdos". Y admitió: "Hay compañeros que discuten sobre cómo hacer oposición". Este mensaje no le impidió a Rubalcaba ser muy crítico con las decisiones del Gobierno. Rubalcaba confirma así por primera vez que empieza a tener movimientos internos muy localizados que le piden mayor dureza, pero por el momento, junto al rechazo a las medidas de recorte, insiste en la oferta de pacto. Mantiene la idea de que sería irresponsable, inmoral e increíble fomentar las protestas y ponerse al frente de la manifestación, aunque se lo pidan sus bases. Lo sería por las hipotecas que le lastran, por la percepción ciudadana de sus responsabilidad y por el miedo a incendiar el país con tantos ojos pendientes de España.

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Esa falta de control de la calle por parte de los sindicatos y el PSOE tiene, siempre según el Gobierno, el efecto positivo de dificultar las protestas masivas, pero el negativo de que no está encauzado y es imprevisible. Cualquier chispa puede incendiar el ambiente y tener un final no previsto.

La preocupación del Gobierno se traduce en planes concretos del Ministerio del Interior para gestionar esas protestas en los próximos meses. El Ejecutivo quiere dar imagen de contundencia, con despliegues disuasorios de las fuerzas de seguridad. Así lo han hecho esta semana en las puertas del Congreso tras el pleno, en las marchas de los mineros en Madrid y en las protestas del viernes por la noche en la capital. El referente es lo que pasó durante la guerra de Irak con protestas ante sedes del PP. De hecho, ayer algunas de ellas amanecieron con pintadas referentes al "Que les jodan", frase de la diputada Andrea Fabra. Y Rajoy adelantó ayer su intervención en el Congreso del PP de Andalucía para sortear las protestas.

Miembros del Gobierno admiten que la imagen que se trasladó a los ciudadanos el miércoles con los aplausos a cada una de las medidas de recorte y, especialmente, con el episodio de Andrea Fabra dista mucho de lo que sería deseable. La diputada admitió ayer que su expresión fue "impropia", pero no dimitirá.

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