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El Gobierno confía en que España sea demasiado grande para dejarla caer

El Gobierno, seguro de que Europa está girando y salvará al país porque caería el euro

La única salida es cambiar el fondo de rescate para que ayude a los bancos

Los resultados deben llegar en la cumbre del 29 de junio, dice el Ejecutivo

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Demasiado grande para caer. El mismo argumento utilizado para salvar a los colosos financieros en medio mundo, el que forzará a meter 23.500 millones de euros de dinero público en Bankia, sirve para España. Frente al abismo de la prima de riesgo, que este viernes marcó un nuevo récord para bajar ligeramente por la tarde, este parece ya el principal mecanismo de defensa del Ejecutivo. Europa, insisten todos los miembros del equipo económico de Mariano Rajoy, no dejará caer a España porque con ella se hundiría el euro.

El mensaje que transmite La Moncloa es claro. Rajoy y su Gobierno están moviendo todos los hilos posibles —el jueves el presidente habló con Angela Merkel— para lograr que algo se mueva en Europa. Y el Ejecutivo, a pesar de que no tiene aún ningún elemento objetivo que ofrecer, traslada un optimismo casi ciego: todo está girando y los resultados deberían llegar en la cumbre del 29 de junio, aseguran.

Cristóbal Montoro, que este viernes ejerció por primera vez de portavoz del Gobierno tras el Consejo de Ministros —Soraya Sáenz de Santamaría está en EE UU para participar en un encuentro del club Bildeberg, un conocido grupo de influencia—, utilizó un tono especialmente grave para tratar de trasladar a los ciudadanos esa confianza en que Europa salvará a España: “Hemos vivido situaciones más difíciles, y salimos. No estamos solos, tenemos detrás a Europa, un proyecto que ha de responder cuando un país se comporta lealmente como España”.

Montoro, antes de la conferencia de prensa tras el Consejo de Ministros. ampliar foto
Montoro, antes de la conferencia de prensa tras el Consejo de Ministros.

Después, en las preguntas, Montoro fue aún más claro con la idea de que a nadie le conviene que caiga España. Primero llegó la broma típica suya: “¿Que por qué estamos tan seguros de que España no va a ser intervenida? ¿Usted me ve seguro? Está bien que me vean seguro”. Y después, el mensaje de fondo: “España es un país grande, internacionalizado, con alta renta per cápita. El problema es la deuda externa, pero los tenedores son los máximos interesados en que a España le salga bien, porque quieren cobrar su deuda íntegra. Está claro que Europa se está moviendo y lo está haciendo muy rápido”.

Entre esos movimientos en Europa, el Gobierno se aferra al mensaje de Angela Merkel, que apoya a España y dice que se puede hablar de reformas “sin tabúes”. Este viernes llegó otra buena noticia: el sí irlandés en el referéndum sobre el pacto fiscal despeja otra incógnita. Rajoy habló enseguida con el primer ministro, Enda Kenny, para felicitarle. Pero el problema sigue estando en la desorbitada prima española y en la necesidad de dinero para sanear los bancos. Y ahí, el Ejecutivo no tiene respuestas de momento. Solo fe.

La estrategia del Gobierno pasa, pues, por seguir con la ofensiva diplomática discreta. La solución está cada vez más clara: cambiar el fondo de rescate para que pueda inyectar dinero en los bancos sin pasar por los Estados y así salvar a los españoles cuando se conozca la descomunal cifra de capital que necesitan y que España no tiene. Es lo que Montoro llamó “unidad bancaria europea”. Pero es un proceso lento, y nadie tiene claro si llegará a tiempo.

Mientras, Montoro despeja balones —llegó a decir que nadie del Gobierno ha planteado subir el IVA o que Europa no lo pide, lo que desmiente la evidencia— y el Gobierno evita cualquier atisbo de autocrítica. El Ejecutivo no admite que ninguna de sus acciones haya podido contribuir a disparar la prima de riesgo. Toda la responsabilidad es exterior.

Y, sin embargo, no para de recibir palos. Le llegan críticas durísimas de Europa. El BCE dijo que se había gestionado la crisis de Bankia “de la peor manera posible”. Y Alfredo Pérez Rubalcaba, hasta ahora con una discreta posición, se sumó a ese ataque: “Estoy de acuerdo con el BCE, con Bankia no se podía haber hecho peor”, señaló en Sitges, en unas jornadas del Círculo de Economía a las que hoy acude Rajoy.

Y este viernes se sumó un inesperado enemigo: Rodrigo Rato, destituido por Rajoy al frente de Bankia. El que fuera vicepresidente económico se defiende y critica, en un documento distribuido el miércoles en el Consejo de Administración de Caja Madrid que aún preside, el plan de rescate de José Ignacio Goirigolzarri auspiciado por el Ejecutivo.

El Gobierno se niega a responder a las críticas. Montoro incluso puso en duda que fueran tales, y pidió a los periodistas que hagan otros titulares. De Rato, que se ha convertido en el principal problema político para Rajoy —el presidente no quiere citarlo en el Congreso, este viernes se vio por qué: está molesto y es una bomba—, nadie quiere ni hablar. Es tabú. “Ya sabe que yo respeto la libertad de expresión”, se limitó a comentar Montoro sobre el que fuera su jefe. La olla a presión de La Moncloa sigue hirviendo, pero Rajoy aguanta y apela a su estrategia favorita: ganar tiempo. Y por la tarde, en la despedida de La Roja, la selección de fútbol, les pidió que ganen la Eurocopa para “dar una alegría” y “un subidón” a los sentimientos de los españoles.