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Rajoy solo mira a Grecia y Alemania

El Ejecutivo, desbordado por la prima de riesgo a 540, confía en que baje tras las elecciones

Guindos y Santamaría buscan apoyos en Alemania y Washington

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Ni siquiera veteranos políticos, y por tanto especialistas en poner cara de póker, como Mariano Rajoy, Luis de Guindos o Cristóbal Montoro podían ayer ocultar en sus rostros la tensión del peor momento económico de la historia reciente de España. El Gobierno está haciendo lo posible por transmitir tranquilidad, y da muchos argumentos técnicos para ello, en público y en privado. Pero lo cierto es que la preocupación es difícil de disimular, y ayer se palpaba en el Congreso, no solo en el Gobierno, también en los grupos de la oposición.

Rajoy ganó las elecciones con la idea de que con el PP llegaría la confianza de los mercados en España. “La prima de riesgo en España se llama José Luis Rodríguez Zapatero”, llegó a decir antes de las elecciones Soraya Sáenz de Santamaria, ahora vicepresidenta. Con Rajoy se ha alcanzado una prima que no se veía desde 1993, cuando aún había peseta y el euro estaba muy lejos. Nunca el PP imaginó un escenario tan complejo cinco meses después de llegar a La Moncloa.

El Gobierno no tiene mucho interés por la autocrítica. “Para criticarme ya hay muchos voluntarios, no voy a entrar yo también”, suele decir Rajoy con su conocida retranca. Él y los suyos están convencidos de haber hecho los deberes. No se ven responsables de esa desconfianza en España que muestran los mercados. Tal vez por eso las explicaciones se buscan fuera.

El discurso de Rajoy cada vez se parece más al del último Zapatero. El problema no es España, es el euro y Europa, insisten tanto el presidente como sus ministros. La principal explicación de la prima disparada —ayer llegó a 540 en una mañana durísima para el Ejecutivo— es Grecia. Argumentos casi idénticos a los del expresidente.

Las justificaciones del Gabinete del PP se parecen mucho a las de Zapatero: el problema no es España, es Europa

Y los mercados no atacan solo a España, también a Italia. Los tres argumentos principales son casi idénticos a los que repetía el ex presidente socialista cuando la prima acosaba a su Ejecutivo.

El Gobierno tiene bastante identificados los problemas, todos exteriores —de Bankia prácticamente no se habla—, y está trabajando para resolverlos. Pero admite que no es fácil.

Todo se juega de momento a una carta básica e impredecible: las elecciones griegas. El Ejecutivo, según diversas fuentes, ha llegado a la conclusión de que es muy difícil que algo se mueva en Europa y en el BCE antes de esos comicios de resultado incierto convocados para el 17 de junio. Se prepara así para 18 días de locura, en los que nadie sabe qué puede frenar la prima de riesgo. “Va a ser muy duro, pero tenemos que pasar esta racha y todo mejorará después”, señalaba un ministro.

Si gana la izquierda, como indican los sondeos, la salida del euro de Grecia es una posibilidad. La presión crecería sobre España, Italia y otros. Nadie sabe bien qué pasaría. En cualquier caso, el BCE y Alemania tendrían una papeleta difícil. Es casi impensable que eso no les obligara a reaccionar. Si no es así, y se alían conservadores y socialistas para hacer un Gobierno que acepte las condiciones de la UE, como auguró ayer Guindos, llegaría otro escenario, más estable, pero también impredecible. No está claro ni siquiera cuál sería mejor para España. Lo que sí señala el Gobierno es que es difícil que pase algo hasta que se resuelva esa incógnita.

Ya ningún ministro oculta que el problema son los alemanes

El Ejecutivo, en cualquier caso, no está quieto. La crisis solo se resolverá con apoyo internacional. Y eso es lo que está buscando. Ayer Guindos se fue a Berlín para reunirse con Wolfgang Schaüble, el poderoso ministro de Economía alemán. El hombre del no. Uno de los principales obstáculos para los intentos de España y otros países de convencer al BCE para que intervenga.

Hoy Soraya Sáenz de Santamaría, la vicepresidenta, hasta ahora poco visible en asuntos económicos, viaja a Washington y tiene concertadas dos reuniones importantes: una con el secretario del Tesoro de EE UU, Timothy Geither (equivalente al ministro de Economía), y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde.

Ambos son personajes clave de las decisiones económicas mundiales y están presionando a Alemania, hasta ahora sin éxito, para que acepte un giro en la política europea de austeridad y ayude a los países con problemas como España. La crisis española, que es la crisis del euro, inquieta mucho en EE UU, hasta el punto de que puede poner en riesgo la reelección de Barack Obama.

El Gobierno español asegura que el viaje a EE UU de la vicepresidenta está previsto y organizado hace mucho tiempo y no se enmarca en el momento de crisis de la deuda española. Aunque sea así, es obvio que este es el asunto que monopoliza el trabajo de casi todo el Gobierno de Rajoy, especialmente del área económica, y será sin duda el eje central de esas conversaciones.

En el entorno del presidente español descartan que vaya a apuntarse a un “frente del sur” con Francia, Italia y otros para presionar a Merkel

Guindos ya viajó a EE UU a buscar apoyos hace semanas. España podría contar con el respaldo de la Administración de Obama y del FMI si quisiera promover un giro de política en Europa, aunque Rajoy sigue de momento fiel a su alianza con Angela Merkel y se niega a apoyar, al menos en público, ese giro en la política de austeridad que defienden los socialistas franceses, por ejemplo.

Rajoy se ha acercado a François Hollande, pero en su entorno descartan que el presidente español vaya a apuntarse a un “frente del sur” con Francia, Italia y otros para presionar a Alemania. La estrategia de Rajoy sigue pasando por acercarse a los alemanes para convencerlos. Hasta ahora no ha tenido éxito.

Ya nadie en el Ejecutivo oculta que el problema son los alemanes. Hasta Mario Draghi, señalan en privado, parece ya decidido a ayudar a España. Pero los alemanes, que tienen mucho poder en el BCE, no le dejan. De hecho, ayer al Ejecutivo le llegaban casi a la vez buenas noticias de Bruselas, ya que la Comisión admite retrasar un año el objetivo del déficit y apoya que el fondo de rescate ayude a los bancos directamente sin intervención de los Estados —es lo que necesita Rajoy para que el apoyo no sea una intervención—, y malas de Berlín, que rechazaba de plano esta segunda opción.

Para el Ejecutivo, todos los problemas están fuera, no en España. En Alemania, dicen, no hay claridad porque Merkel está en plena negociación con los socialdemócratas para aprobar el pacto de estabilidad. En Francia, Hollande espera el resultado de las legislativas, también el 17 de junio. Holanda está sin Gobierno. Por eso insisten en que vienen unas semanas muy difíciles.

Pero también dan argumentos para tranquilizar: España puede aguantar, señala Guindos, porque no tiene que salir a pedir mucho dinero este año. El Tesoro está bien financiado, asegura. No hay muchas subastas importantes en las próximas semanas. Rajoy, como buen gallego, se aferra ya a una sola idea: escampará. Claro que el problemón español sigue encima de la mesa: se llama Bankia, y está aún lejos de resolverse.