El Gobierno confía en que la reforma servirá para que Merkel sea flexible

El PP pide calma a PSOE y sindicatos: “No es momento de llamar a la rebelión”

La secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, ayer en rueda de prensa.
La secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, ayer en rueda de prensa.MONDELO (EFE)

En público es prácticamente un tabú, pero en privado el Gobierno admite que casi todo lo que hace tiene un objetivo claro: que los mercados, la Unión Europea y sobre todo Angela Merkel, la canciller alemana, concedan un respiro a España. Que sean flexibles a la hora de replantear el objetivo de reducción del déficit para este año. Concluida la primera fase de medidas duras, en especial con la reforma laboral, el Ejecutivo está convencido de que ese lento proceso para convencer a Merkel “va por muy buen camino”, en palabras de una de las personas que siguen de cerca la evolución.

La tensión en el Gobierno entre Luis de Guindos, ministro de Economía, que presionaba para una reforma más dura, y Fátima Báñez (Empleo) y Cristóbal Montoro (Hacienda), que trataban de limitar su impacto, se ha resuelto sobre todo a favor del primero, aunque Báñez también ha logrado colocar algunos frenos, sobre todo el de mantener los derechos adquiridos y el de conservar parte de la negociación colectiva.

Pero lo importante, según coinciden varios miembros del Gobierno, es que la reforma ha quedado suficientemente dura como para que De Guindos pueda venderla en Europa. Ya empezó el pasado jueves, cuando la calificó de “muy agresiva” ante el comisario Olli Rehn. Por eso en el Gobierno y en el PP destacaban mucho ayer los aplausos que recibió la reforma por parte de la Unión Europea y de la propia Merkel, cuyo portavoz respaldó la iniciativa de Rajoy como “un modelo”.

El siguiente paso es un presupuesto muy restrictivo, según el Ejecutivo

Todo empezó en Berlín, el 26 de enero, cuando Rajoy explicó a Merkel sus planes y le garantizó que iba a acelerar las reformas. Y cumplió. Desde ese día ha aprobado las tres más importantes —ley de estabilidad, financiera y laboral— en tres semanas, sin intervalos. La canciller se interesó especialmente por la reforma laboral y explicó que estos cambios son impopulares en un primer momento —se remontó a la del socialdemócrata Gerhard Schröder en 2003, que le acabó costando el puesto y facilitando que la propia Merkel ganara las elecciones en 2005— pero después son eficaces.

Fuentes conocedoras de esa relación de confianza que Rajoy está intentando establecer con Merkel —pese a que las dificultades con los idiomas del presidente y el escaso conocimiento mutuo de ambos políticos— aseguran que la canciller solo quiere resultados, y Rajoy se los está dando.

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Desde que visitó Berlín, Rajoy ha aprobado tres reformas seguidas

Aún así, el Gobierno es consciente, según estas mismas fuentes del Ejecutivo, de que queda mucho trabajo político discreto por hacer para llegar a lograr ese aire político y sobre todo financiero que necesita.

El Ejecutivo no tiene ya más reformas de calado urgentes, aunque ya ha empezado a trabajar en el asunto que más interesa tanto a la Unión Europea como a Alemania después de la reforma laboral: los nuevos Presupuestos. Diversas fuentes del Ejecutivo coinciden en que serán durísimos, precisamente para rematar en Europa esa credibilidad que le permitirá a Rajoy pedir más flexibilidad. Pero no se presentarán hasta una semana después de las elecciones andaluzas, el 25 de marzo.

Mientras en Europa el Gobierno lanza el mensaje de que ha hecho una reforma “agresiva” para lograr esa flexibilidad, en España sus portavoces se empeñan en destacar la parte más positiva, los incentivos a la contratación. Y en iniciar ya un intento por suavizar las posiciones de los sindicatos o directamente desacreditarlas. En el PP están convencidos de que no habrá huelga general, pero quieren minimizar si es posible la movilización porque a Javier Arenas no le interesa nada ir a una campaña en Andalucía en plena revuelta social.

Dolores de Cospedal, la secretaria general del PP, fue tajante ayer: “No es el momento de llamar a la rebelión, es el momento de la reflexión y de apoyar todo aquello que sea bueno para los trabajadores, sobre todo aquellos que no tienen un puesto de trabajo”. Cospedal no admite la crítica de que, al hacer lo contrario de lo que prometieron —subir impuestos y abaratar el despido—, estén traicionando a sus votantes: “El PP está cumpliendo con creces su compromiso con los electores, y eso le lleva a tomar decisiones valientes, que hacen que no se quede bien con todo el mundo”.

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