Salud
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Proteger a los que protegen

Las mujeres, los niños y los adolescentes en zonas de conflicto son extremadamente vulnerables, al igual que las y los trabajadores de la salud que se esfuerzan por atenderlos. A medida que las bombas continúen cayendo sobre Ucrania y otros lugares, es más necesario que nunca invertir en su seguridad

Unos refugiados ucranianos de la planta siderúrgica Azovstal en Mariupol son vistos en un autobús cuando llegan a un centro de registro y ayuda humanitaria para desplazados internos, en medio de la actual invasión rusa de Ucrania, en Zaporiyia, Ucrania, el 8 de mayo de 2022.
Unos refugiados ucranianos de la planta siderúrgica Azovstal en Mariupol son vistos en un autobús cuando llegan a un centro de registro y ayuda humanitaria para desplazados internos, en medio de la actual invasión rusa de Ucrania, en Zaporiyia, Ucrania, el 8 de mayo de 2022.GLEB GARANICH (REUTERS)

A medida que las bombas caen como lluvia sobre las comunidades indefensas de Ucrania, hemos recordado una vez más la extrema vulnerabilidad de mujeres, niñas, niños y adolescentes; así como los riesgos que enfrentan los trabajadores de salud al intentar atender sus necesidades en tiempos de conflicto y crisis.

Reconocemos que los derechos básicos de la salud –desde los servicios de partería hasta la vacunación rutinaria– son un sustento esencial, sobre todo en condiciones de conflicto. Sin embargo, son demasiadas las mujeres, niñas y niños a los que se les niegan estas atenciones. La horripilante realidad de Ucrania es la más reciente de un creciente número de crisis humanitarias desencadenadas por conflictos; en 2020 se registró una cifra récord de 56 conflictos activos, y el año anterior, África subsahariana experimentó el mayor número de golpes de Estado de los últimos 20 años. Por tanto, si bien Ucrania ha acaparado la atención del mundo, existen otros conflictos mucho más antiguos que están en aumento y que también merecen la atención y la incidencia política de la comunidad mundial.

Trabajadores humanitarios y de la salud que brindan atención en la primera línea se enfrentan a inmensos retos y riesgos que van en aumento. Estas circunstancias dificultan aún más el acceso de las mujeres, la infancia y los adolescentes más vulnerables a la atención que necesitan.

Cuando trabajadores humanitarios y de la salud se convierten en blancos del conflicto, los principios de la ley internacional humanitaria y los derechos humanos también se ven atacados. Muchos de estos profesionales se convierten en víctimas, ya sea por daño colateral o porque son agredidos deliberadamente. En 2020, 484 trabajadores humanitarios fueron víctimas de conflictos, de los cuales 117 perdieron la vida; lo que convierte al 2020 en el peor año registrado en este tipo de ataques.

Debido al asesinato de ocho trabajadores que combatían la polio en Afganistán en febrero de 2022, la campaña nacional contra la enfermedad tuvo que ser suspendida en dos provincias

Solamente en Ucrania, hasta el 19 de abril de 2022, se habían registrado 147 agresiones al personal de salud, instalaciones, suministros y transporte. En Yemen, según un análisis de Save the Children de 2021, casi la mitad de los entrevistados aseguraron haber estado presentes en infraestructuras sanitarias durante un ataque y el 93% de los profesionales del sector indicaron que los servicios en sus centros habían tenido que ser interrumpidos debido a los mismos.

Cuando los trabajadores de la salud están en riesgo, la vida de mujeres, niños y adolescentes también está en peligro. Más de 10 millones de muertes de menores de cinco años, entre 1995 y 2015, pueden ser atribuidas directa o indirectamente a conflictos. Las mujeres en edad reproductiva que viven cerca de guerras de alta intensidad tienen tres veces más probabilidades de morir en comparación con las que viven en condiciones estables.

De igual manera, como resultado del asesinato de ocho trabajadores dedicados a combatir la polio en Afganistán en febrero de 2022, la campaña nacional contra la enfermedad tuvo que ser suspendida en dos provincias. Cabe recordar que Afganistán es uno de los pocos países en los cuales la polio aún es endémica pese a los esfuerzos globales para erradicarla. El conflicto ha causado que rebrote en otros países libres de polio. Por ejemplo, Siria e Irak han visto brotes de polio por primera vez, décadas después de la emergencia de la guerra civil.

Siria es otra cruda señal del retroceso en el progreso que se produce cuando los trabajadores sanitarios no son capaces de brindar sus servicios. En 2010, se había logrado una cobertura del 80% de la vacunación combinada contra la difteria, la tos ferina y el tétanos (DPT). Sin embargo, después de años del devastador conflicto armado, la tasa de cobertura en 2018 cayó al 47%. Del mismo modo, en 2012 Ucrania tenía una cobertura de vacunación contra la DPT del 76%, pero en 2016 cayó bruscamente al 19% tras la guerra de 2014 y se teme un resultado similar, o peor, durante la actual.

Un indicador de las inequidades que enfrentan la niñez y sus familias es la prevalencia de niños y niñas con cero dosis en situaciones de conflicto. Estos no han recibido ni siquiera una dosis de la vacuna DPT. Estos pequeños y sus allegados viven en comunidades excluidas de la protección social y pueden carecer de acceso a algunos o a todos los servicios esenciales en el espectro de la salud sexual, reproductiva, materna, neonatal, infantil y adolescente.

Una respuesta multisectorial y equitativa

Para proteger a los que nos protegen, es urgente que se coordinen las inversiones para promover un acceso seguro a los servicios, incluida la entrega de vacunas, otros servicios y productos esenciales a través de esfuerzos públicos y privados, de varios niveles y multisectoriales. Por ejemplo, cuando se involucran de manera significativa, las ONG locales y la sociedad civil pueden mejorar ampliamente el alcance y la flexibilidad operativa de las intervenciones sanitarias.

Cuando el Gobierno es parte de un conflicto interno, a menudo se violan los principios humanitarios de neutralidad, independencia e imparcialidad; en estos casos, la ONU y otros actores no partidistas deben liderar una respuesta multisectorial y localmente sensible fundamentada en tales principios.

Para que los trabajadores de salud puedan suministrar vacunas y otros servicios esenciales en entornos inestables, necesitan protección permanente

Para que los sanitarios puedan suministrar vacunas y otros servicios esenciales en estos entornos, necesitan una protección permanente, tal y como insta el Consejo de Seguridad de la ONU (Resolución 2286) y lo ordena el derecho internacional humanitario y de los derechos humanos. La comunidad internacional debe exigir a los Estados y a los grupos armados que respeten estas normas en los territorios que controlan.

Adicionalmente, los trabajadores de la salud deben ser reclutados, entrenados y dotados con recursos locales siempre que sea posible. Esto ayudará a fomentar la confianza entre ellos y las comunidades a las que sirven, dada su comprensión única de los contextos locales.

El progreso global hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con la salud depende del reconocimiento de estas disparidades y la orientación a aquellos entornos que más necesitan apoyo para garantizar la continuidad y el acceso a los servicios. Dos años de pandemia ya nos han hecho retroceder mucho, así que no hay tiempo que perder.

A medida que las bombas continúen cayendo sobre Ucrania y otros lugares, es más necesario que nunca invertir en seguridad y protección de los y las trabajadores de la salud, para asegurar la continuidad de los servicios y suministros bajo fuego.

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