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Tabaco
Tribuna
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La epidemia de tabaquismo es una de las amenazas más mortíferas del mundo: un pacto mundial la está combatiendo

El Convenio Marco para el Control del Tabaco de la OMS ha logrado disminuir el consumo de tabaco en un tercio en las dos últimas décadas, pese a que su aplicación continúa siendo desigual entre los países y son muchas las esferas que deben reforzarse

Tabaquismo
Una campaña antitabaquismo en Kubwa, Nigeria, en una fotografía tomada el 8 de diciembre de 2019.WHO / FCTC / George Udguya

En los últimos 20 años, el consumo de tabaco se ha reducido en un tercio en todo el mundo y se estima que, actualmente, hay 118 millones de consumidores menos que en 2005.

¿Por qué? En gran medida por el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco (CMCT de la OMS), uno de los tratados de las Naciones Unidas con mayor número de adhesiones de la historia y del que esta semana se cumple 20 años de su entrada en vigor.

El CMCT de la Organización Mundial de la Salud fue, y sigue siendo, un hito del derecho internacional: el primer tratado negociado en virtud de la Constitución de la OMS que incorporaba múltiples medidas para controlar la demanda y la oferta de tabaco. Actualmente, la convención cuenta con 183 Estados firmantes, que representan al 90% de la población mundial. Más de 5.600 millones de personas están protegidas por la aplicación integral de, como mínimo, una medida de control del tabaco.

Por ejemplo, 138 países obligan hoy a incluir advertencias sanitarias gráficas de gran tamaño en los paquetes de cigarrillos, y decenas de países aplican normas para el empaquetado neutro que prohíben la presencia de distintivos en los paquetes de cigarrillos, lo que hace que sean menos atractivos. Además, 66 países han aplicado una prohibición total de la publicidad, la promoción y el patrocinio del tabaco y más de una cuarta parte de la población mundial está protegida por la prohibición de fumar en espacios interiores y demás leyes sobre entornos sin humo.

Por otro lado, incrementar los impuestos sobre los productos de tabaco para que sean menos asequibles sigue siendo la herramienta más rentable para reducir el consumo. Los impuestos al tabaco también pueden aumentar los ingresos públicos destinados al control del tabaco y a financiar la atención de la salud.

Asimismo, en 2018 entró en vigor un instrumento jurídico adicional: un protocolo para eliminar todas las formas de comercio ilícito de productos de tabaco, un comercio que socava las medidas de control, reduce los ingresos tributarios y fomenta las actividades delictivas.

La producción y el consumo de tabaco también contribuyen al calentamiento global, al liberar cada año 80 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera

A pesar de estos avances, el tabaco sigue siendo la principal causa de fallecimientos prevenibles en el mundo y uno de los vectores más importantes de las enfermedades cardiacas, los accidentes cerebrovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes.

En todo el mundo, sigue habiendo alrededor de 1.300 millones de consumidores de tabaco, a los que alimenta una industria multimillonaria que vende unos productos adictivos y mortales y que se beneficia del sufrimiento de quienes los consumen.

En vista de la caída en las ventas de cigarrillos, la industria está dirigiendo su atención a nuevos productos, como los cigarrillos electrónicos, que se anuncian falsamente como una alternativa más saludable pese a generar sustancias tóxicas, algunas de las cuales se sabe que causan cáncer y otras, que aumentan el riesgo de trastornos cardiacos y pulmonares.

Los fabricantes de tabaco no escatiman esfuerzos para enganchar a millones de jóvenes a sus productos. Solo 56 países alcanzarán el objetivo mundial de reducir el consumo de tabaco en un 30% para 2025.

El tabaco no es solo un problema de salud. Es una amenaza para el desarrollo sostenible en su conjunto. Se estima que el costo económico del tabaquismo, debido a los gastos en atención de la salud y a la pérdida de productividad, ronda el 1,8% del producto interno bruto anual a escala mundial.

Nuestro planeta también figura entre las víctimas del tabaco. Aproximadamente, 4,5 billones de colillas de cigarrillos se desechan cada año al medio ambiente; se trata de la segunda mayor forma de contaminación por plásticos en el planeta. Tierras agrícolas valiosas y agua se desperdician para cultivar tabaco en lugar de alimentos. La producción y su consumo también contribuyen al calentamiento global, al liberar cada año 80 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera.

Por todos estos motivos, el CMCT de la OMS sigue siendo tan pertinente hoy como lo fue cuando entró en vigor hace 20 años, pese a que su aplicación continúa siendo desigual entre los países y son muchas las esferas que deben reforzarse.

Todos los países pueden hacer más, por ejemplo, prohibir el patrocinio y la publicidad del tabaco en los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales y proteger las políticas de salud pública de la interferencia de la industria tabacalera. La plena aplicación de las disposiciones del convenio permitirá a los países proteger la salud de su población, sus economías y el medio ambiente en los próximos decenios.

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