Festival de Cine Africano de Tarifa

No hay pandemia que tumbe al FCAT

El veterano Festival de Cine Africano de Tarifa celebra desde la localidad andaluza su 18ª edición en formato híbrido mirando hacia Sudán como factoría cultural y celebrando la incipiente presencia de África en el cine español

Fotograma de 'Memorias de ultramar', una de las películas presentadas en la edición de 2021 del Festival de Cine Tarifa-Tánger. En vídeo, trailer promocional del festival.

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Se podría decir que, ahora que la covid-19 está dando un pequeño respiro, la cultura regresa a los escenarios, a las salas de cine y teatro, a los museos y galerías. Gradualmente, sin alharacas y con todas las dificultades por la falta de público y de financiación que ha sufrido el sector de la cultura este último año. Se podría decir, pero en el caso del Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT), no vale esta afirmación porque nunca se fue. Aun en 2020, con todo en contra, no cancelaron el encuentro anual, que se celebra en el mes de abril desde su nacimiento. No. Lo aplazaron a diciembre y fue casi entero virtual, con alguna actividad suelta en Tarifa a la que solo pudieron acceder los vecinos porque el municipio estaba cerrado perimetralmente y con toque de queda. Pero se hizo. Y solo seis meses después de aquello, los organizadores de este festival inmortal vuelven a la carga con la 18ª edición, su mayoría de edad. Como si no hubiera pasado una pandemia mundial de por medio.

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“Yo a veces pienso que ya no quedan muchas maneras de intentar tumbarnos, pero soy una persona hiperpositiva y una soñadora compulsiva, y creo que este festival va a salir y va a recuperarse, aunque sea solo porque verdaderamente somos un proyecto único”, declara Mane Cisneros, directora del festival. Regresa así el FCAT en una edición híbrida que esta vez ya no se limita a las consabidas dos orillas de las que solía presumir, la africana de Tánger y la europea de Tarifa, sino que se extienden todo lo que la virtualidad de internet permite, hasta alcanzar a cualquier cinéfilo del mundo. “Es verdad que se pierde un poco el factor humano, pero lo que me dio optimismo la pasada edición de diciembre fue ver cómo, a pesar de todo, lo híbrido ha permitido reunir en una misma mesa a gente con intereses muy concretos y voces muy potentes. Es verdad que no hay nada como un festival presencial para poder luego tomarte una caña y ahondar en los temas, pero sí creo que los encuentros virtuales permiten que se rompan las fronteras entre África y España”, opina por su parte Federico Olivieri, coordinador de las actividades paralelas enmarcadas en el espacio El árbol de las palabras.

Cuenta con menos patrocinadores y, por tanto, menos presupuesto, también con menos presencia de artistas invitados en Tarifa, todo por cuestiones coronavíricas. Pero con sus clásicos renovados y a punto para la función. Tarifa abrirá hasta tres salas donde se proyectarán 60 películas –32 de ellas también en la plataforma Filmin– durante la semana larga que dura el encuentro, entre el 28 de mayo y el 6 de junio; también volverán las mesas redondas, los talleres para cineastas, las lecturas dramatizadas por el casco antiguo de la ciudad, las presentaciones de libros y, por supuesto, la entrega de premios a las películas ganadoras de la sección oficial.

El FCAT es infinito en sus contenidos, pero si hay que destacar algo este año es el protagonismo de Sudán, país elegido para descubrir su industria creativa, y que cuenta con una mesa redonda y con una selección de películas bajo el título Sudán, el cine olvidado. “Tanto el encuentro como la sección dedicada a este país es un claro apoyo hacia el sector creativo sudanés, que está renaciendo después de dos larguísimas décadas de régimen autoritario de Omar Al Bashir. El cine está recobrando su voz, está alcanzando visibilidad internacional y hemos querido acompañarlos y saber cómo se vive este renacimiento”, manifiesta Cisneros.

El cine sudanés está recobrando su voz, está alcanzando visibilidad internacional
Mane Cisneros, directora del FCAT

La selección es una retrospectiva que abarca películas desde los inicios del cine sudanés con la figura poco conocida, pero tan fundamental como pionera, que es Gadalla Gubara, quien también fue uno de los fundadores del Festival Panafricano de Cine y Televisión de Uagadugú (Fespaco), uno de los más importantes de África. “Incluye películas que representan una especie de renacimiento del cine sudanés en la década pasada como Beats of Antonov de Hajooj Kuka y Talking about trees de Suhaib Gasmelbari. Es un poco la joya de la corona este año porque son trabajos que se han mostrado muy poco”, completa Marion Berger, responsable de programación del festival. Las 12 películas sudanesas permitirán descubrir al espectador “un país moderno que ha sido multicultural, que llegó a tener 70 salas de cine, donde los artistas tenían absoluta libertad para crear”, describe Cisneros sobre los decenios posteriores a la independencia sudanesa.

Otro plato fuerte es la mesa redonda que versará sobre la cada vez mayor presencia de África en producciones españolas. Prueba de ello, la última gala de los Premios Goya, donde dos de las favoritas, Adú y Black Beach, se rodaron en el continente vecino. Por hacer un guiño a este posible viraje de la mirada española al continente africano, así que hemos hecho una selección de películas que han transitado por los Goya, incluida una que no es nueva en las pantallas del festival como Anunciaron tormenta, y también Miradas de ultramar, el fruto de una “investigación arqueológica” de la Filmoteca Española, como califica Cisneros, en antiguos archivos familiares grabados en Súper 8 que revelan la vida cotidiana en Guinea Ecuatorial y el Sáhara cuando eran territorios españoles. “Son home movies [películas caseras] de vacaciones, de momentos de ocio... Puedes ver a una familia probándose disfraces en medio de un campo militar en el Sáhara occidental... Me ha impactado mucho esta película”, reconoce Berger de la cinta, que solo se podrá ver de forma presencial en Tarifa.

En cuanto a Hípermetropía, la sección oficial, las candidatas a premio de este año son en su mayoría del género documental, algo que Berger atribuye al impacto de la pandemia. “El rodaje y la producción de las películas presentadas arrancaron en su mayoría antes de 2020, pero se han terminado más documentales, que es un género menos costoso que las ficciones”. No hay ninguna española entre las diez candidatas, pero destacan las coproducciones de países africanos y europeos, como La nuit de rois, que es de Canadá, Costa de Marfil, Francia y Senegal; Zaho Zai de Austria, Francia y Madagascar; Makongo, de Argentina, Italia y la República Centroafricana o Le dernier refuge de Francia, Mali y Sudáfrica, entre las más multiculturales.

Para multiculturalidad y ejemplo de colaboración Sur-Sur, la película que inaugurará el festival: África Mía, la fabulosa historia de las maravillas de Malí, sobre la vida de unos jóvenes malienses que en 1964 recibieron una invitación para ir a formarse como músicos en Cuba y se quedaron hasta el 73. “Eran como una especie de Buenavista Social Club, pero a la africana; más humilde, muy tierna, cercana, humana… Ellos hicieron bailar a Cuba con una música que era una mezcla afrocubana que luego hizo historia y que creó moda”, explica la directora del FCAT.

El árbol de las palabras es otra de las actividades clásicas en el FCAT y este año no es una excepción. Se trata de un espacio encuentro y de promoción de los cines de África y también para formar a jóvenes cineastas. En esta ocasión se ha dividido en tres ramas, dos de ellas dedicadas a la formación y aprendizaje de cineastas. Pero para todos los públicos están las mesas redondas, esta vez, cinco, que tratarán algunos de las temáticas ya mencionadas, como el cine sudanés y la presencia de África en el cine español. Además, tendrá lugar una charla sobre el papel de los considerados “festivales periféricos” (hechos desde las provincias) en la difusión de cine independiente.

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