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La letra pequeña de la nueva reserva de vacunas contra el ébola

La campaña de inmunización contra esta aterradora enfermedad en África comienza solo con 6.890 dosis; esperemos que no se desate un brote viral grave en los próximos meses...

El equipo de vacunación de MSF en Kanzulinzuli, República Democrática del Congo.
El equipo de vacunación de MSF en Kanzulinzuli, República Democrática del Congo.Samuel Sieber / EL PAÍS

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Mientras las vacunas contra el coronavirus comienzan a implementarse en el mundo, aunque casi de forma exclusiva en países ricos por el momento, hay otra buena noticia sobre una inmunización contra otra enfermedad viral aterradora: el ébola. Hace unos días se anunció el lanzamiento de una reserva internacional de inyecciones para esta dolencia que estará gestionada por el Grupo Internacional de Coordinación sobre el suministro de vacunas (ICG, por sus siglas en inglés), bajo los auspicios de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Médicos Sin Fronteras (MSF) formará parte de este grupo.

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En general, se trata de una noticia positiva y podría salvar muchas vidas, pero a veces, como sabemos en el movimiento de acceso a los medicamentos, el diablo está en los detalles. Y algunos de los que contiene el anuncio no son tan buenos y deberían obligarnos a hacer una pausa y pensar antes de lanzar nuestros sombreros al aire.

Comencemos con la parte buena. El ICG se compromete a enviar dosis a los países que lo necesiten dentro de los siete días posteriores a la presentación de la solicitud. Y eso se debe a que la reserva está destinada principalmente a vacunar a las comunidades durante los brotes y no a proporcionarlas durante épocas entre epidemias. Este compromiso significa que deben llegar a tiempo para contener un brote incipiente.

Sin embargo, ya encontramos aquí un pero, porque la única vacuna en la reserva en este momento es la Ervebo (también conocida como rVSV-EBOV), comercializada por la compañía farmacéutica Merck. Sin duda, es muy eficaz, pero tiene un gran inconveniente: requiere una cadena de ultra frío para evitar que se estropee. Por ello, la vacuna debe almacenarse, al igual que la de Pfizer, a temperaturas increíblemente bajas de 70 grados bajo cero, y luego puede estar a entre 2 y 8 grados durante un máximo de dos semanas cuando se va a emplear. Es probable que esto presente graves desafíos logísticos en los lugares donde es necesario usar la vacuna si tenemos en cuenta dónde se han producido los brotes hasta la fecha: en países de África subsahariana.

Existe otra inmunización contra el ébola con licencia: Zabdeno / Mvabea, también conocida como Ad26.ZEBOV / MVA-BN-Filo, comercializada por la compañía farmacéutica Johnson & Johnson, que no está incluida en este acuerdo. Esta se puede almacenar a temperaturas refrigeradas convencionales (2 - 8 °C) pero requiere que se administren dos dosis con 56 días de diferencia y, por lo tanto, no es óptima para la vacunación reactiva durante los brotes, donde la protección rápida completa es absolutamente esencial para contener la propagación.

Se debe dar prioridad a las existencias destinadas a los países africanos, dado que el riesgo de brote es mucho mayor

Llegamos ahora a los aspectos más problemáticos. El tamaño objetivo de la reserva del ICG / OMS es de medio millón de dosis, pero en realidad pasarán varios años antes de que se alcance esta cifra. Comienza solo con 6.890 dosis. Eso es todo. Esperemos que no se desate un brote grave de ébola en los próximos meses...

¿Por qué el suministro de vacunas va tan por detrás de la ambición del acuerdo? Sospecho que Merck todavía está enfrascada en aumentar la producción en sus instalaciones de Alemania. La escasez de suministros en 2019, cuando tenía lugar un brote en Kivu Norte en la República Democrática del Congo (RDC), llevó a la OMS a recomendar en ese momento el uso de dosis fraccionadas. Un segundo factor es que hay otro cliente en la ecuación al que satisfacer: la Reserva Nacional Estratégica de Estados Unidos.

No sabemos cómo se han repartido las dosis disponibles entre las dos reservas, pero sería útil tener más detalles para arrojar luz sobre posibles carestías de suministro del ICG y OMS. No hay dudas de que se debe dar prioridad a las existencias destinadas a los países africanos, dado que el riesgo de brote es mucho mayor en esta región que en cualquier otro lugar del mundo.

Para ser justos, durante los últimos años, la Autoridad de Investigación Biomédica Avanzada de EE. UU. (BARDA) ha donado dosis al Gobierno de la República Democrática del Congo para controlar los brotes. Tenemos la esperanza de que este espíritu de colaboración continúe prevaleciendo si alguna vez no hubiera dosis suficientes en África.

Ahora, vayamos a las finanzas. Gavi, la Alianza Global para la Vacunación e Inmunización, paga las dosis de vacunas almacenadas por el ICG / OMS. Y destinará 178 millones de dólares –147 millones de euros– a su programa de vacunación contra el ébola durante el período 2020-2025. Es un movimiento bienvenido, pero los donantes de Gavi pueden querer reflexionar sobre esa suma dado que el precio acordado alcanza la asombrosa cantidad de 98,6 dólares (81,66 euros) por dosis.

Gavi destinará 147 millones de euros a su programa de vacunación contra el ébola durante el período 2020-2025. Pero el precio acordado alcanza la asombrosa cantidad de 81,66 euros por dosis

Tal vez haya una explicación para ello, pero en MSF no hemos conseguido encontrar una justificación clara para este precio tan alto que carga Merck. Es cierto que el número de dosis producidas anualmente será bastante bajo, de ahí las economías de escala sin duda limitadas. ¿Pero casi 100 dólares por dosis? Se trata de un precio disparatado, particularmente dada la gran cantidad de dinero público que se invirtió en el desarrollo de esta vacuna.

Necesitamos un poco de historia: el desarrollo de Ervebo fue apoyado, en gran medida y desde el principio, por fondos procedentes de fundaciones sin fines de lucro y del sector público. En realidad, la vacuna fue descubierta y desarrollada por equipos de investigación asociados y, por lo tanto financiados, a la Agencia de Salud Pública de Canadá. Entre 2008 y 2016, recibió financiación adicional de más de 119 millones dólares (casi 100 millones de euros) del Gobierno de EE. UU. Finalmente, el ensayo clínico aleatorio fundamental que demuestra la eficacia clínica fue diseñado e implementado principalmente por la OMS y el Gobierno de Guinea en 2015 y 2016.

Es evidente que Merck pagó solo una (pequeña) parte de los costes totales de desarrollo de esta vacuna. Esto hace que sea muy difícil ver cómo la corporación puede justificar cobrar un precio tan deslumbrante por la misma. Los donantes de Gavi deberían examinar más de cerca un acuerdo que tendrán que pagar para aprender lecciones para el futuro y sobre si este acuerdo se puede mejorar o no.

Rastreando la accidentada historia de la vacuna un poco más, vale la pena recordar cómo NewLink, una pequeña empresa con sede en EE. UU., obtuvo la primera licencia de la vacuna del Gobierno canadiense en 2010 por solo 200.000 dólares ―164.000 euros―. La compañía no hizo absolutamente nada para avanzar en el desarrollo de la vacuna y, en cambio, la dejó en el estante hasta que finalmente vendió la licencia a Merck por 50 millones de dólares en 2014, mientras el brote de ébola en África Occidental estaba en auge. Esto es lucrarse en su peor momento. La pérdida de vidas que resultó de esta saga de negligencia es devastadora.

Para un futuro sostenible, los países africanos deben poder comprar una vacuna contra el ébola a un precio razonable

Así que el anuncio de la creación de la reserva es un poco dispar. En el lado positivo, por fin tenemos una buena vacuna contra el ébola en una reserva internacional que se puede desplegar rápidamente en momentos de necesidad. En el lado negativo, es posible que no haya suficientes dosis en 2021 en caso de que ocurra un brote importante en África. Y el acuerdo alcanzado entre Merck y Gavi definitivamente no es un gran ejemplo de equidad de precios y conformación del mercado.

Para un futuro sostenible, los países africanos deben poder comprar una vacuna contra el ébola a un precio razonable y asequible para protegerse frente a una repetición de la terrible pérdida de vidas, más de 11.000, que supuso el brote en África Occidental en 2014-2016. “Nunca más”, dijimos. Si es así, asegurémonos de aprender de este episodio y redoblemos nuestros esfuerzos para garantizar que las personas, no los beneficios, sean lo más importante en el desarrollo de nuevas vacunas.

Julien Potet es analista de políticas, vacunas y enfermedades olvidadas de la Campaña de Acceso de Médicos Sin Fronteras.

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